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EL AMOR NO SIEMPRE LLEGA CON PALABRAS BONITAS

EL AMOR NO SIEMPRE LLEGA CON PALABRAS BONITAS

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor de la infancia / Mafia
Popularitas:836
Nilai: 5
nombre de autor: miamartina

Soy Natalia Salazar. Tengo veintitrés años y jamás imaginé que una amistad de la infancia pudiera convertirse en algo más.

En Puerto Marina nadie pronunciaba el apellido Salazar sin bajar la voz. Mi padre era el hombre más temido de la ciudad, y crecer bajo su sombra significó vivir entre guardaespaldas, reglas y puertas cerradas. Mientras otros hacían amigos en la escuela o salían los fines de semana, yo aprendí a mirar el mundo desde lejos.

Pero no estaba completamente sola.

Tenía a Marcos y a Alex.

Nos conocíamos desde niños y, aunque rara vez podíamos vernos fuera de los eventos organizados por nuestras familias, ellos eran lo más parecido a una vida normal que había tenido.

Hasta aquella noche.

Lo vi entre la multitud y algo cambió.

No fue una mirada, ni una sonrisa, ni una palabra bonita. Fue algo peor: la sensación de que, por primera vez en mi vida, estaba a punto de desear algo que nunca debería haber querido.

NovelToon tiene autorización de miamartina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

lo que decidimos

natalia

Duramos así apenas unos segundos.

Sentí cómo sus brazos rodeaban mi cuerpo.

—¡Ay! —solté involuntariamente.

Alex se separó inmediatamente.

—¿Estás bien?

Su voz sonaba preocupada.

—Me duele la espalda.

Mi voz apenas salió en un susurro.

Se reincorporó y, sin decir nada, me acomodó con cuidado sobre la cama. Me tapó bien y se levantó.

—Ahora vuelvo. Voy a buscar algo para que tomes.

Asentí despacio y cerré los ojos.

alex

No había dormido nada.

Había pasado toda la noche pensando en cómo era posible que Natalia me gustara.

Después de darle un millón de vueltas, finalmente lo acepté.

Me gustaba.

Y eso era precisamente lo que me preocupaba.

A la mañana siguiente bajé temprano. Tenía que salir a ver unos departamentos cerca del trabajo.

Alejandro volvería pronto y esta vez no vendría solo.

Nico y Gonzalo también estarían con él.

Y tener que soportar la incomodidad de lo que sentía por Natalia mientras Alejandro y los chicos estuvieran observándome era algo que no estaba dispuesto a enfrentar.

Mucho menos si Natalia todavía no sabía nada.

Estaba sentado en la mesa cuando ella bajó.

Me avisó que iba a correr y le pedí a Mirko que la acompañara.

Necesitaba salir de ahí.

Necesitaba pensar.

Cuando regresé, la casa estaba completamente apagada.

Por un momento pensé que no había nadie.

Abrí la puerta y la vi.

Estaba sentada en el primer escalón, envuelta en una manta de peluche y sosteniendo un pequeño tazón entre las manos.

Parecía una niña pequeña escondiéndose de su padre mientras intentaba comer dulces a escondidas.

Solté una pequeña risa.

No pude evitarlo.

—¿Qué estabas haciendo?

—Estoy por ver una película.

La miré durante unos segundos.

Por un instante me imaginé levantándola en brazos y llevándola hasta su habitación.

Y deseé que aquella película fuera lo último que hiciéramos esa noche.

Aparté la mirada rápidamente.

Controlate.

Intenté pasar junto a ella para subir las escaleras, pero el espacio era demasiado estrecho.

Sentí el roce de su cuerpo contra el mío.

Y aquello no ayudó precisamente a mantener la calma.

Seguí subiendo sin decir nada.

Ya estaba preparado para bañarme cuando escuché que golpeaban mi puerta.

Abrí.

Era Natalia.

—¿Querés ver la película conmigo?

Quise decir que no.

De verdad quise hacerlo.

Pero mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza.

Cerré la puerta y la seguí hasta su habitación.

Nos sentamos en la cama y comenzamos a comer ramen mientras mirábamos la película.

Por un rato todo estuvo tranquilo.

Hasta que sonó su teléfono.

Se lo alcancé.

Y sin querer vi quién era.

Marcos.

Mi expresión cambió inmediatamente.

Los celos aparecieron antes de que pudiera controlarlos.

Apenas escuché que le preguntaba si quería salir, me acerqué a ella.

—No vas a salir a ningún lado, Natalia.

Lo dije cerca de su oído.

Me levanté y me quedé junto a la puerta.

Me hervía la sangre.

Sabía que a Marcos le gustaba.

Y justamente por eso habíamos dejado de hablar como cuando éramos niños.

No pensaba darle el gusto tan fácilmente.

Lo único que se me ocurrió fue hablar lo suficientemente alto para que pudiera escucharme.

—Natalia, vamos. Te ayudo a terminar.

Como Marcos seguía insistiendo, continué con la mentira.

—¿Con quién hablás tanto? Te estoy esperando. Apurate, que quiero mostrarte algo.

Finalmente cortó.

Volví a sentarme en el borde de la cama.

Los celos empezaron a desaparecer poco a poco.

Y volví a acomodarme junto a ella.

De repente, Natalia se levantó.

—Ahora vengo. Voy al baño.

Asentí.

Pasaron cinco minutos.

No salía.

Pasaron diez.

Empecé a preocuparme.

—¿Natalia?

No respondió.

Volví a llamarla.

Nada.

Me levanté.

La luz del baño estaba encendida, pero no se escuchaba absolutamente nada.

No lo pensé dos veces.

Entré.

Estaba tirada en el suelo.

—¡Natalia!

La levanté inmediatamente y la llevé hasta la cama.

La acomodé, la tapé y me quedé a su lado.

Al principio no podía hablar.

Unos minutos después, cuando logró tranquilizarse, apenas pudo decir unas palabras.

—Gracias.

La abracé.

—Tontita…

Hice una pausa.

—Todavía no lo entendés.

Me miró confundida.

—¿Entender qué?

—Nunca te vas a dar cuenta.

—Y vos tampoco.

Sus palabras hicieron que mi pecho se detuviera por unos segundos.

—¿Qué?

—Nada.

—Repetilo, Natalia.

—Nada. Olvidalo.

Suspiré.

La miré fijamente.

—¿En serio no te das cuenta, Natalia?

Me quedé en silencio.

—Yo te juro que lo intento, pero…

No pude terminar.

Bajé la mirada.

—Alex…

Escuchar mi nombre en su voz hizo que volviera a mirarla.

—Yo entiendo… pero no sé cómo reaccionar…

No la dejé terminar.

La besé.

Con calma.

Intentando contener todo aquello que llevaba demasiado tiempo guardándome.

Cuando me separé, la miré directamente a los ojos.

—¿Ahora sí entendiste?

—Sí.

Apoyé mi frente contra la suya.

Nos quedamos así durante unos segundos, sin decir nada.

Y por primera vez en mucho tiempo, no sentí la necesidad de esconder lo que me estaba pasando.

Me quedé con ella hasta el día siguiente.

Me desperté temprano para preparar todo antes de que llegaran.

Recibí una llamada de Gonzalo.

—Gonza, ¿pasó algo?

—No, no. Era para preguntar por Natalia. No contesta el celular.

—Creo que sigue durmiendo.

—Ah, bueno. Vamos a llegar al atardecer.

—Está bien. Cuando despierte, le aviso.

Colgué y fui hasta la habitación de Natalia.

Golpeé la puerta.

No contestó.

Entré.

Seguía dormida.

Me acerqué y la desperté con cuidado.

La ayudé a levantarse.

Todavía le costaba moverse por el golpe de la noche anterior.

—Gonzalo me dijo que llegan al atardecer.

Asintió.

Me quedé unos segundos en silencio antes de hablar.

—Hoy me voy, Natalia.

Se giró rápidamente hacia mí.

—¿A dónde?

—A un departamento cerca del trabajo.

Su expresión cambió.

—¿Es por lo que pasó?

—No. No es por eso.

—Entonces, ¿por qué?

Suspiré.

—No quiero molestar mientras esté tu familia acá.

Hice una pausa.

—Además… me preocupa que tu papá o tus hermanos se den cuenta.

Natalia me miró durante unos segundos.

—Alex, ¿te puedo hacer una pregunta?

—Decime.

—¿Vos qué querés?

No respondí inmediatamente.

—¿Querés algo de un momento? ¿Algo secreto? ¿O algo serio? ¿Qué es lo que vos querés?

La miré.

—Me encantaría tener algo serio con vos, Natalia, pero…

—¿Pero?

Bajé la mirada.

—¿Y si tu papá se entera y no me acepta?

Hice una pausa.

—Tengo muchos errores, Natalia.

Ella se quedó pensativa.

—Entonces solamente puedo ofrecerte dos soluciones.

La miré.

—¿Cuáles?

—Que todo muera acá…

Se acercó un poco.

—O que pase lo que tenga que pasar e intentemos que nadie se entere.

La observé en silencio.

—Natalia…

—Vos elegís.

La miré durante unos segundos.

—Yo estoy dispuesto a todo.

Hice una pausa.

—El resto depende de lo que vos quieras hacer.

Ella no dudó.

—Entonces vamos por la segunda opción.

Estaba parada frente al ropero.

No pude contenerme. La firmesa con la que hablaba me enamoraba cada vez más

Me acerqué y la abracé por la espalda.

—Entonces… ¿se podría decir que la señorita Natalia ya está en pareja?

Se lo susurré al oído.

Sentí cómo se le erizaba la piel.

—Sí. Pero no puedo decir quién es.

Lo dijo en un tono coqueto.

La giré hacia mí y la sostuve suavemente de la cintura.

—Discúlpeme con su novio, pero no puedo resistirme mucho más tiempo.

La besé.

Esta vez ninguno de los dos tenía dudas.

La levanté apenas de la cintura y la senté sobre la cama, sin dejar de besarla.

Por unos segundos olvidé absolutamente todo.

Hasta que recordé que su familia llegaría en unas horas.

Me separé lentamente.

—Voy a parar ahora antes de que no pueda controlarme.

—Alex.

—¿Sí?

Me miró.

—¿Llegan al atardecer?

—Sí…

—Entonces ahora necesito comer algo.

Hizo una pequeña pausa.

—Pero después… ¿podés hacerte un tiempo para mí?

No pude contener la sonrisa.

Me acerqué y dejé un beso suave junto a su oído, antes de recorrer con pequeños besos su cuello y sus hombros.

—Prometo terminar rápido abajo…

Me separé apenas para mirarla.

—Y después terminamos lo que acabamos de empezar.

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