En un mundo de depredadores, el hambre es más fuerte que el miedo."
En una sociedad regida por las Jerarquías de Oro, donde el aroma de un Alpha puede doblegar voluntades y los Omegas son meros accesorios de estatus, Fabiana Lagos ha decidido romper las reglas. Criada en la miseria asfixiante de "El Cinturón", Fabiana no busca amor ni redención; busca el poder que solo el dinero puede otorgar. Ella es una Omega recesiva: invisible para el radar de muchos, pero con una voluntad de hierro que compensa su biología "débil".
Su objetivo es Alessandra Volkov, conocida como la "Viuda de Hierro". Una Alpha Pura cuya sola presencia colapsa el sistema nervioso de quienes la rodean y cuyas finanzas mueven los hilos del mundo.
En este duelo de voluntades, la línea entre la ambición y la supervivencia se desdibuja.
¿Podrá Fabiana cobrar su cheque antes de que el sistema nervioso, su corazón se calcine bajo el toque de la Viuda de Hierro?
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Capitulo 1
El sol de la mañana se filtraba por la ventana agrietada de la cocina en el sector de "El Cinturón", pero no traía calidez, solo revelaba con crueldad el polvo que flotaba en el aire. Sobre la mesa de madera astillada, un tazón de avena aguada y un trozo de pan duro eran el festín del día.
Fabiana observaba el vapor que subía de su taza con una expresión de absoluto asco. A sus 23 años, sentía que cada segundo que pasaba en esa casa era un segundo que su alma se marchitaba. Sus manos, finas y elegantes a pesar del trabajo duro, sostenían la cuchara de metal desgastado como si fuera un instrumento de tortura.
—Come, Fabi. Necesitas energías para tus clases de Hotelería —dijo su madre, Elena Lagos, con esa voz dulce y resignada que Fabiana tanto detestaba.
Elena era una Omega Dominante cuyo aroma a lavanda se había ranciado con los años de limpiar pisos en las mansiones de la zona alta. A su lado, su padre, Roberto Lagos, un Beta de hombros caídos y manos callosas por la construcción, leía un periódico de hace tres días.
—La Hotelería es para servir a los ricos, mamá —escupió Fabiana, dejando caer la cuchara con un estrépito metálico—. Y yo no nací para llevarle las maletas a nadie. Nací para que me las lleven a mí.
—No digas tonterías, hermana —intervino Lucía, de 20 años.
Lucía era la joya de la familia: una Omega Pura de una belleza deslumbrante y una ética de trabajo impecable. Estudiaba Derecho con una beca que mantenía a base de no dormir. Su aroma a jazmín fresco era lo único agradable en esa cocina, pero para Fabiana, era el aroma de la ingenuidad.
—La educación es la única forma de salir de aquí con dignidad —continuó Lucía, ajustándose las gafas—. Cuando sea abogada, sacaré a mamá y papá de este sitio.
Fabiana soltó una carcajada seca, carente de humor.
—¿Dignidad? ¿Vas a esperar veinte años a que un bufete te pague una miseria por revisar papeles mientras vives en un apartamento un poco menos sucio que este? No, Lucía. Yo no quiero "salir". Yo quiero poseer. Quiero una caja de ahorros que sea mi propia cajera automática personal, sin límites, sin preguntas.
—¡Fabiana, basta! —rugió Roberto, golpeando la mesa. El pan saltó—.Nosotros como padres te hemos dado todo el amor que el dinero no puede comprar. Somos pobres, pero somos honrados.
—El amor no se come, papá. El amor no me compra el perfume que oculta este olor a humedad que se me pega a la piel —Fabiana se levantó, su silla chirriando contra el suelo—. Odio esta mesa. Odio este pan. Odio ser pobre. Y juro por mi vida que esta es la última vez que desayuno con el sabor de la miseria en la boca.
Salió de la cocina ignorando el llanto silencioso de su madre. En su habitación, un espacio minúsculo que compartía con Lucía, Fabiana sacó una caja oculta bajo una tabla suelta del piso. Dentro estaba su arma: un vestido de seda sintética color rojo sangre, robado pieza a pieza y cosido por ella misma, y una invitación falsificada para la Gala de la Cruz Negra.
Ella no era una Omega Pura como Lucía. Era una Omega Recesiva, casi indetectable, lo que muchos consideraban una debilidad. Pero para Fabiana, era su mayor ventaja: podía acercarse a los depredadores sin que la olieran venir.
La Gala de la Cruz Negra era el epicentro del poder mundial. Los Alphas más influyentes del planeta se reunían allí para decidir el destino de naciones entre copas de cristal de baccarat.
Fabiana caminó por la alfombra roja con la cabeza en alto, su belleza gélida y su mirada de acero haciendo que la seguridad dudara en detenerla. No caminaba como una chica de "El Cinturón"; caminaba como si el edificio fuera suyo.
En el centro del salón, rodeada por un vacío de respeto y puro terror, estaba ella.
Alessandra Volkov.
A sus 45 años, la "Viuda de Hierro" era una visión de poder absoluto. Vestida con un traje sastre negro que abrazaba su figura dominante, su presencia era un agujero negro que consumía toda la luz del lugar. Su aroma, una mezcla violenta de sándalo, ozono y tormenta inminente, hacía que los Omegas presentes se encogieran o cayeran en sumisión instantánea. Se decía que nadie sobrevivía a una noche en su cama; que su feromona era tan pura que calcinaba los sentidos de los más débiles.
Fabiana sintió el impacto del aura de Alessandra. Sus rodillas temblaron, su instinto biológico le gritaba que se arrodillara, que huyera. Pero su odio por la pobreza era más fuerte que su instinto de supervivencia.
Forzó a sus piernas a avanzar. Cruzó el cordón de seguridad antes de que los guardaespaldas pudieran reaccionar y se detuvo a solo dos metros de la mujer más poderosa del mundo.
El silencio cayó sobre el salón como una guillotina.
Alessandra giró la cabeza lentamente. Sus ojos, de un gris tormenta helado, recorrieron el cuerpo de Fabiana con una mezcla de desprecio y curiosidad técnica. La presión en el aire aumentó hasta que a Fabiana le empezó a zumbar los oídos.
—No te has arrodillado —dijo Alessandra. Su voz era un susurro bajo, aterciopelado y letal—. ¿Eres valiente o simplemente estúpida?
—Soy una inversión —respondió Fabiana, sosteniendo la mirada, sintiendo cómo el sudor frío bajaba por su espalda—. Sé lo que dicen de usted. Sé que los Omegas mueren en sus manos.
Alessandra dio un paso adelante. El aroma a tormenta se volvió sofocante. La gente a su alrededor retrocedió, temiendo el estallido.
—¿Y qué te hace pensar que tú serás diferente, pequeña rata de ciudad? —preguntó Alessandra, su mano enguantada subiendo para rozar el cuello de Fabiana con una lentitud tortuosa—. ¿Sabes qué les pasa a las niñas que me miran a los ojos sin permiso?
Fabiana no parpadeó. Sintió el poder de la Alpha vibrando contra su piel, una seducción oscura que prometía dolor y gloria a partes iguales.
—Mueren —dijo Fabiana con una sonrisa desafiante que hizo que Alessandra entornara los ojos—. Pero yo ya estoy muerta viviendo en la pobreza, señora Volkov. Prefiero que me mate usted a que me mate el hambre. He venido a venderle lo único que me queda de valor en este mundo de mierda: mi virginidad. Póngame el precio que quiera, porque mañana, o seré rica, o seré un cadáver. De cualquier forma, habré dejado de ser pobre.
Alessandra guardó silencio. Por un instante, la máscara de frialdad de la Alpha se resquebrajó, dejando ver una chispa de algo parecido al hambre... o al reconocimiento. Acercó sus labios al oído de Fabiana, su aliento caliente quemando el lóbulo de la Omega.
—Tienes una lengua muy afilada para ser tan pequeña. Veremos si tu cuerpo es igual de resistente.
Alessandra se separó y miró a su jefe de seguridad.
—Llévenla a la mansión. Prepárenla. Si sobrevive a la primera noche... quizás le firme el cheque. Si no, desháganse del cuerpo en el sector donde la encontraron.
Fabiana fue escoltada fuera del salón bajo las miradas de horror de la élite. Había logrado lo imposible: captar la atención de la fiera. Pero mientras subía al coche blindado de los Volkov, una duda helada le recorrió la espina dorsal.
Había vendido su alma al diablo para escapar de la miseria, pero el diablo acababa de sonreírle de una forma que le hizo comprender que, en la mansión Volkov, el dinero sería lo menos costoso que tendría que pagar.
Continuará...
Personaje
Fabiana (23),Omega Recesiva,Inteligente, fría y resentida. Su mayor talento es su falta de miedo. No busca amor, busca una cuenta bancaria con demasiados ceros.
Alessandra (45),Alpha Pura,""La Viuda de Hierro"". Controla el flujo de energía , investigación y finanzas global. Se dice que es incapaz de sentir afecto."