NovelToon NovelToon
Soñe Con El Antes De Nacer

Soñe Con El Antes De Nacer

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Reencarnación / BL / Completas
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Elior siempre se sintió fuera de lugar.
En su vida pasada fue profesora de ciencias, alguien que creía en la lógica… hasta que murió y despertó en un mundo regido por jerarquías, vínculos y destinos imposibles de ignorar.
Ahora es un omega masculino de belleza andrógina, hijo de los duques del Ducado de Lirien, rodeado de protección… y de miradas peligrosas.
Desde antes de renacer, soñaba con un hombre que nunca vio, pero que su cuerpo siempre reconoció.
Cuando el mundo intenta reclamarlo como una oportunidad política, Elior descubre que el vínculo que lo llama no exige posesión, sino espera.
🌙 Omegaverse · Reencarnación · Romance BL · Deseo contenido · Consentimiento

Advertencias:
Presión política sobre omegas · Intentos de reclamo forzado (no consumados) · Tensión emocional intensa
✔️ Sin violación
✔️ Sin romance forzado

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: Lo que no cruzo

(POV del delta)

No seguí caminando de inmediato.

El impulso estuvo ahí, claro. Continuar, desaparecer entre los pasillos, dejar atrás la galería como si no hubiera ocurrido nada fuera de lo común. Pero mi cuerpo no respondió a esa orden automática.

Me detuve apenas crucé la columna.

El mármol estaba frío bajo mi palma cuando apoyé la mano contra la pared. Cerré los ojos un instante, no para calmarme, sino para ordenar. El ducado seguía respirando a mi alrededor con su ritmo habitual: pasos lejanos, una voz amortiguada, el eco suave del agua en el jardín cubierto.

Todo seguía igual.

Excepto yo.

La imagen de su mirada permanecía con una nitidez inquietante. No había sido un encuentro breve ni una casualidad sin peso. Había sido una decisión compartida, sostenida durante el tiempo justo para que ninguno pudiera fingir que no había pasado.

No apartó la mirada.

Ese detalle —mínimo, silencioso— pesaba más que cualquier gesto explícito. Había visto miedo antes. Confusión. Deseo desordenado. Incluso entrega impulsiva. Pero lo que había encontrado en sus ojos no era nada de eso.

Era presencia.

Así que me viste, pensé.

Y no retrocediste.

Respiré hondo, dejando que el aire descendiera hasta el pecho. El instinto estaba ahí, despierto, firme, recorriéndome con una intensidad controlada. No era la urgencia que empuja ni la ansiedad que exige.

Era algo más peligroso.

Reconocimiento.

Durante años había aprendido a ignorar ese matiz. A confundirlo con hambre, con posesión, con ese impulso ancestral que empuja a reclamar antes de perder. Pero con él, todo eso se sentía… fuera de lugar.

No quería tomarlo.

No quería marcarlo.

No quería decidir por él.

Quería que eligiera.

Esa comprensión se asentó en mí con una calma pesada. El vínculo respondió, no con una presión que tirara hacia atrás, sino con una estabilidad profunda, como si ambos hubiéramos ajustado la tensión sin necesidad de palabras.

Caminé despacio por el pasillo lateral, atento a cada reacción interna. El deseo no había desaparecido. Ardía bajo la piel, contenido, constante. Pero no se desbordaba.

Se sostenía.

Recordé otras miradas. Otros encuentros. Momentos en los que había avanzado sin dudar, convencido de que el control era la única forma de no perder. De no ser desplazado. De cumplir con lo que se esperaba de mí.

Con él… eso no funcionaría.

Porque lo que había visto en su forma de sostener la mirada no era pasividad. No era espera vacía. Era alguien aprendiendo a habitar su propio espacio, a no reducirse para encajar.

Y eso exigía algo de mí que no había tenido que ofrecer antes:

Paciencia real.

Me detuve junto a una ventana alta, apoyando el hombro contra la piedra fría. Observé el exterior sin enfocarme en nada concreto. El vínculo seguía ahí, firme, como una cuerda tensa que no tiraba, que no se aflojaba.

No te crucé, pensé, dirigiéndome a él sin palabras.

Porque necesitaba saber si volverías a mirarme.

La respuesta no llegó como un eco inmediato. Llegó como una certeza tranquila, asentándose en mí con la seguridad de algo inevitable.

Lo haría.

No hoy.

No de esta forma.

Pero lo haría.

Esa comprensión me permitió soltar parte de la tensión acumulada. No había rechazo en la distancia que había puesto entre nosotros. No había huida. Había cuidado.

Cuando retomé el camino, lo hice con pasos firmes pero lentos. Cada movimiento era deliberado. Cada respiración, una elección consciente de no avanzar más de lo que él estaba preparado para sostener.

Porque si algo había aprendido en ese cruce breve era esto:

Avanzar sin permiso no era fuerza.

Era destrucción.

Y yo no estaba dispuesto a ser eso para él.

Antes de abandonar por completo el ala este, me detuve una última vez. No volví la vista atrás. No necesitaba hacerlo. Sabía que él seguía allí, procesando lo ocurrido con la misma atención contenida que yo sentía.

La próxima vez, pensé con claridad firme,

no será el azar quien nos coloque frente a frente.

No habría casualidades.

No habría empujones del destino.

Solo dos personas decidiendo, paso a paso, si querían acercarse.

Y cuando ese momento llegara —porque llegaría—, no sería para reclamar lo que el vínculo ofrecía.

Sería para encontrarlo de verdad.

Con esa certeza asentada en el pecho, me alejé.

No para crear distancia.

Sino para asegurar que, cuando volviera a acercarme,

él supiera que cada paso había sido elegido.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play