Una vez creí en los cuentos de hadas, pero tarde me di cuenta de que solo eran una mentira que nos cuentan de niños para desviarnos de la maldad de este mundo en el cual por desgracia y caí y morí sabiendo que él no me amaba.
NovelToon tiene autorización de Tania Uribe para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 13: Noches que no son mías...
SCARLETT (AYLA)
He estado encerrada durante una maldita semana. Siete días siendo vigilada. Suspiré, mirando el techo por lo que debía ser la centésima vez ese día.
—Es absurdo...—murmuré, girándome de lado con cuidado.
Mis heridas no dolían tanto. Apenas era una leve molestia, un recordatorio de mi hazaña por saltar por la ventana de una casa de dos pisos. Y también me recordaba que seguía atrapada en un cuerpo que no era mío... en una historia que ya no seguía el rumbo original.
Pero lo que realmente me estaba volviendo loca, era él... Nikolay. Él siempre estaba ahí, como un buitre. Acechando, no importaba la hora, el momento. No importaba si decía que no estaba cerca. Lo sabía, podía sentirlo. Como una sombra constante.
«—Observación confirmada: sujeto Nikolay mantiene vigilancia continua.»
Rodé los ojos.
—Gracias, sistema. No me había percatado de ello.
«—Cambio registrado: comportamiento protector incrementado en un sesenta y tres por ciento.»
Fruncí el ceño.
—Eso no es bueno...
«—Corrección: tendencia favorable para el objetivo principal.»
Suspiré.
—Sí... salvarlo...—Mi mirada se perdió en la ventana.—Pero no así...
Porque esto no era parte del plan. Nada de esto era parte de este. Cerré los ojos un momento, recordando. El libro. La historia original.
Nikolay era distante, frío, inalcanzable. Y ahora...
Me vigilaba como si yo fuera algo que podía perder en cualquier momento.
«—Cambios adicionales detectados:»
Abrí un ojo sin ganas.
—Dímelo...
«—Disminución de respuesta ansiosa al estímulo "Sarai."»
Me quedé en silencio.
—¿Qué?
«—Confirmado. El sujeto no presenta alteraciones significativas al oír el nombre.»
Eso no tenía sentido. Me incorporé un poco.
—Pero... en la historia original...
«—El nombre generaba inestabilidad emocional severa.»
Mi mente empezó a trabajar.
—Así que... eso cambió.
«—Así es...»
Bajé la mirada.
—Esto es mi culpa... o gracias a mí.
En realidad no estaba segura. Pero había algo más. Algo que el sistema no me dijo. Algo que yo había notado.
—Pero eso no significa que la haya olvidado...—murmuré. Porque no lo había hecho. Lo veía en su mirada. Eran momentos en los que él creía que yo no lo estaba observando.
Había algo ahí. Algo... persistente. Esperanza.
Como si una parte de él aún estuviera esperando que Sarai volviera. Que regresara a ser como antes. Apreté ligeramente las sábanas.
—Eso no ha cambiado...
Y eso complicaba todo. Porque yo no estaba aquí para reemplazar a nadie. Ni quería hacerlo. Solo... Quería evitar que todo terminara en tragedia.
Cerré los ojos, cansada.
—Esto es mucho más complicado de lo que había pensado...
El silencio se hizo más extendido. Más pesado. Tranquilo. Hasta qué... oí un sonido. Fruncí el ceño. Abrí los ojos lentamente.
Había alguien en la habitación. Mi corazón dio un salto. No me moví. No de inmediato. Solo escuché una respiración, irregular. Tensa.
Giré apenas la cabeza. Y lo vi.
Nikolay...
De pie, cerca de la cama. En silencio. Observándome. Como siempre.
Un escalofrío me recorrió.
—¿Desde cuándo...?—Susurré.
No respondió. Nunca lo hacía en esos momentos. Solo estaba ahí.
Como si eso fuera suficiente. Como si... necesitara comprobar algo. Cerré los ojos nuevamente, fingiendo estar dormida.
No sabía por qué hacia eso. Pero algo en mí decía que era mejor de ese modo.
El tiempo pasó y no supe cuánto precisamente. Pero algo cambió... su respiración. Se volvió más pesada. Más inestable.
Fruncí el ceño ligeramente. Y entonces lo oí. Un quejido. Bajo, ahogado. Era como si tratara de contenerlo. Mi corazón se tensó. Abrí los ojos lentamente. Nikolay estaba tenso.
Sus manos ligeramente cerradas, su cuerpo rígido, como si estuviera luchando contra algo invisible.
—Nikolay...—murmuré. No me respondió. Otro sonido. Más claro esta vez.
Era dolor.
Me incorporé con cuidado.
—Oye...
Nada. Sus labios se movieron apenas. Pero no dijo nada coherente. Era una pesadilla. Lo entendí de inmediato. Algo en mi pecho se apretó. Ese hombre...
Ese hombre que parecía intocable. Ahora sufría en silencio. Sin siquiera darse cuenta. Dudé, solo por un momento, un segundo. Y luego...
Extendí la mano, tomé la suya. Estaba fría. Tensa.
—Está bien...—susurré suavemente—. Ya pasó... estás a salvo.—No estaba segura de si me estaba escuchando o no. No me rendí.
Apreté su mano con suavidad. Era como si de alguna forma pudiera anclarlo. Como si pudiera traerlo a la realidad.
Y entonces... sin pensarlo más comencé a tararear. Una melodía suave, tranquila, antigua. Una nana que no tenía ni idea de dónde la recordaba, pero salió sola.
Mi voz era un susurro. Lleno de silencio y de a poco su cuerpo se relajó. La tensión en sus hombros desapareció. Su respiración se estabilizó.
Sus dedos se cerraron ligeramente alrededor de los míos. Me quedé quieta observándolo.
—Ya está...—murmuré tranquila. Fue entonces que lo entendí. Ese hombre no solo cargaba cicatrices en su rostro, cargaba con algo mucho peor. Recuerdos, dolor, soledad...
Tragué saliva. Sin soltar su mano, no lo iba a dejar solo, menos cuando sé que él puede tener un futuro mejor, uno en el que tiene la oportunidad de vivir una vida plena.
—No estás solo...
No sabía si lo había dicho por mí o por él.
Pero en ese momento no le di importancia, porque por primera vez... Nikolay dejó de estar en guardia y simplemente descansó.