Cindy, una chica alegre. Quien nunca duda en ayudar a nadie. Llega una carta dirigida a sus padres. Sin saber el porqué de ella. Los reúne y lee la carta. descubriendo que se trata de una propuesta de matrimonio. Decide omitir una cosa y esa es. La Posdata. Ya que ahí
Había una palabra. La cual decía así. La Comeré. Decida a no correr ese riesgo. Esconde la carta y Escapa. Creando así. Una enorme confusión. Tanto con quien la pretenden. Como con quienes ira conociendo en su camino.
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Capítulo XXI
¿¡Que...!? Decía Cindy con la tarjeta de presentación en la mano. No podía creer lo que leía. ¿Acaso era verdad? Trato de mantenerse tranquila y pensar que quizás el nombre que estaba ahí impreso. No era ese.
—no, ¿no creo que sea él?
—¿Quién?
—No...
—oye.
—no creo que lo sea.
—Oye, ¡oye...!
—¡Aaah! ¿Qué pasa?
—te estoy Hablando. Estás diciendo, que no, que no es él. ¿Pero quién es ese él del que hablas?
—ah, lo siento, bueno, lee por favor. —le entrega la tarjeta de presentación.
—¿quieres que la lea?
—sí. Por favor.
—está bien, veamos... Dice, Max Alejandro Sanders Martínez, presidente de la empresa Electrónica S.A. Y tiene su número de teléfono personal y unas cosas más. ¿Qué con eso?
—es él!!
—¿Él?
—sí. ¡Es de él quien te hable qué dijo que volvería a pedirme matrimonio!! ¡Aah!
—ya veo... —rompiendo en dos la tarjeta.
—¡Ah! ¿Qué haces?
—ah, lo siento, solo se me resbaló la mano.
—¿qué te pasa? ¿Por qué hiciste eso?
—ya te dije que se me resbaló la mano. Lo siento.
—¿Ah, sí? ¿Por qué parece que no es así?
—bueno, piensa lo que quieras.
—aaaah, ¿ahora que voy a hacer? ¿Cómo podré llamar para saber si es él en verdad?
—no tienes por quéé hacer eso. Seguramente sí es una equivocación y él tenía la tarjeta de ese tipo.
—no lo creo, ¿cómo me va a dar una tarjeta de presentación que no es suya?
—no lo sé, quizás solo la saco de su bolsillo de su pantalón y no se dio cuenta.
—para tu información la saco del bolsillo de su camisa.
—¿llevaba una camisa? No me di cuenta. Como sea. ¿Por qué te preocupas por eso? Al final no hay ningún problema si no lo llamas.
—¡claro que sí! Sí es él. Tengo que saber la Razón de por qué no vino por mí en todo este tiempo. 17 años ¿sabes? 17 años esperando a que apareciera y no lo hizo y... ¡No me reconoció!
—¿estás molesta?
—¡Sí! ¡Estoy molesta con él por no reconocerme!!
—¿solo por eso?
—¿Cómo que solo por eso?
—¿! Cómo que solo por eso!? ¿Acaso no lo entiendes?.
—ah... La verdad no.
—uugh... ¡Me voy!
—¿Eh?
—vuelvo en un rato.
—Oye pero...
—vuelvo en un rato dije. —salió de la habitación.
—creo que hice una estupidez.
Victoria se quedó ahí parada frente a la ventana, pensando en lo que hizo y viendo a Cindy ir hacia otro lado. Recogió los dos trozos de la tarjeta y las pego con un trozo de chicle. Que había comprado mientras se intentaba calmar. Vio el número de teléfono. E intentó llamar. Esperando unos segundos hasta que la llamada por fin fue contestada
—¿Diga?
—¿Hablo con Max Martínez? —intento fingir su voz.
—sí. Con el habla. ¿Qué desea?
—ah, es que recibí su información por un contacto mio. Me dijo que usted era alguien muy bueno con lo que tiene que ver la electronica. Y quería saber si podía ayudarme ayudarme con algo relacionado con ello.
—ah... Sí. Trabajo en ello, pero yo no estoy involucrado en eso directamente. No hago trabajo de campo para ser más específico. Solo de oficina. Lo siento.
—ah...lo entiendo.
—sí... Pero si necesita ayuda en algo para la venta de productos electrónicos en su negocio. O algún conocido lo necesita. Sería un gusto el serle de ayuda.
—oh, ¿en serio?
—claro que sí.
—ya veo... Lo tomaré en cuenta.
—está bien señorita.
—ah, ahora que lo pienso, ¿puedo hablar personalmente con usted?
—¿personalmente conmigo? ah, lo siento, en este momento no me encuentro en la ciudad, estoy fuera de vacaciones. Pero regreso en unos dos días. Más o menos. Entonces podremos reunirnos.
—oh, ¿y puedo saber dónde se encuentra? Quizás este cerca de donde usted está.
—bueno, estoy en unos de los pueblos al sur. Es el pueblo de Río Grande.
—ah, ¿y me imagino que al lado hay otro pueblo llamado Río chico?
—sí. Así es.
—ah, ya veo. Bueno, si quiere podemos reunirnos en una hora.
—¿una hora?
—sí. Yo estoy cerca de donde usted está. Estaré ahí en una hora y podemos hablar más a detalle de lo que le pregunté.
—oh, ya entiendo. Está bien, pero no podré estar mucho tiempo. Tengo un asunto importante que atender y no puedo hacer como si no fuera nada.
—ah, entiendo, con una charla de media hora me doy por bien servida.
—gracias por entender. Muy bien. ¿Donde desea reunirse?
—usted dígame y yo llegare ahí puntualmente.
—muy bien, le enviare la ubicación de un lugar. Es muy bueno y es bastante popular entre los negociantes y empresarios.
—oh, ya veo. Bien, estaré ahí pronto. Gracias por su atención.
—de nada, gracias por su preferencia.
—claro...—saco la lengua y cortó la llamada. —¿por qué tengo que hacer esto? Tengo que procurar que ella no lo encuentre otra vez. Eso sería muy malo y peligroso. Para mí. Bien, visitamonos de una forma en la que el no me reconozca y mucho menos ella. —se sonroja.
Victoria empezó a probarse varias prendas y algunos peinados al mismo tiempo que practicaba con su voz. Quería que todo saliera perfecto. Mientras ella seguia en ello. Cindy caminaba por las cercanías del hotel. Ya conocía una poco mejor el lugar. así que no le preocupaba tanto andar ella sola. Se sentó en uno de los asientos de una de las paradas de autobús qué había en el lugar. Se acomodo y empezó a pensar en que debía hacer para contactarse con él. La tarjeta había sido hecha pedazos. No exactamente. Pero partida en dos y que los números apenas se podían distinguir. Era un problema.
Siguio an El mismo lugar, bufando y gritando al cielo el por que le estaba pasando eso. Sabía que no podía culparlo, pero no quería pensar que ella tenía la culpa. Y la verdad. Tampoco lo era. Ella solo quería que su amiga viera el nombre del hombre al que ama y la gran alegría que sintió en ese momento. Pero no esperaba que ella hiciera eso con la tarjeta. Pero como sabe. Ni puede dejarse vencer por los obstáculos. Y una solución. Pronto encontrar.
Se levantó motivada, con una sensación de que podría hablar con él esa misma noche. Sonrió y empezó a correr hacia el hotel. Para prepararse para la inolvidable ocasión.
Mientras Cindy corría alegre. Victoria llegó al lugar. Ahí la esperaba él. Se sentó frente a él y dijo.
—un gusto conocerla. Espero que esta platica sea beneficiosa para ambos.
—oh, claro que lo será. Sin duda que lo será... —dijo victoria con una sonrisa algo misteriosa.