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Todo Por Mis Hijos

Todo Por Mis Hijos

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Elsa Manuel Luis Seudónimo Sissy

Emili de 18 años es hija de una migrante cubana y un Italiano, su padre no la reconoció por eso lleva los apellidos de su madre, Álvarez García con orgullo, deciden migrar a Estados Unidos, el sueño Americano Pero en la travesía en México conoce a Dimitri por mediación del coyote y tienen un encuentro sexual, ella se embaraza de mellizos y pero la niña tiene una enfermedad grave que necesita mucha atención médica y apartir de ese momento, Ella hará lo que sea por sus hijos y su bienestar...

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La ruta del Águila

El coyote que se hace llamar Águila, un castaño grande de ojos marrones de más de 40 años, fuerte y ágil, nos lleva a una casa de descanso en Managua el viaje será de noche, al llegar compartimos habitación con 4 mujeres más, las vamos son las típicas literas son tres, las más jóvenes ocupamos arriba, las mayores abajo. Cada cuarto tiene su baño habrá un horario de cenar de 5 pm a 7 pm y a las 8.30 pm comienza la verdadera travesía.

El cansancio era una losa de hormigón sobre los hombros. La primera noche, hacinados en la parte trasera de una camioneta con los vidrios polarizados, el aire se espesó con el olor a sudor, miedo y esperanza. Emily, pegada a Daily, sentía los temblores de su madre como propios. Frente a ellas, la mujer venezolana, Mariana murmuraba un rosario incesante, mientras sus tres hijas, de miradas ausentes, se recostaban unas contra otras. Los haitianos, un grupo de ocho hombres y una mujer, hablaban en un criollo susurrado, sus ojos brillando en la oscuridad.

El hombre al mando no era “Águila”, sino su lugarteniente, un tipo huesudo al que llamaban Ban. Era práctico, severo, con una mirada que calculaba riesgos y ganancias. “Águila” se aparecía y desaparecía como un espectro. Lo vieron por primera vez en una casa de seguridad en territorio nicaragüense, una construcción de bloques d4esnudos. Era más joven de lo que Emily imaginaba, con una calma inquietante y los ojos de un ave de rapiña, de ahí su nombre. Evaluó al grupo sin decir casi nada, sus pupilas registrando cada rostro, cada mochila.

“Ustedes no son pasajeros de lujo,” dijo al fin, su voz serena pero cortante. “Son carga delicada. Sigan instrucciones, y llegamos. Se desvían, y los dejo donde estén.”

La travesía se convirtió en una sucesión de vehículos cambiantes: camionetas, un autobús destartalado, la caja de un pickup. Caminaron por trochas bajo un sol inclemente, el polvo adhiriéndose a la piel. Los haitianos compartían galletas saladas; las venezolanas, un paquete de caramelos que endulzó por un instante la garganta rasposa de Emily. Daily, siempre alerta, intercambiaba sonrisas cansadas con la mujer haitiana, cuyo nombre aprendieron era Sophia. El lenguaje era una mezcla de gestos y español roto.

La cuarta noche, en un campamento clandestino entre la espesura de Guatemala, la tensión estalló. Uno de los haitianos, Pierre, discutió con Ban sobre el agua, que escaseaba. “Águila” emergió de la sombra. No levantó la voz. Solo se colocó frente a Pierre, y su presencia fue suficiente. El silencio que impuso era más aterrador que un grito. Emily contuvo el aliento. Por primera vez, entendió que la autoridad del coyote no residía en la fuerza bruta, sino en el férreo control de un territorio invisible que solo él conocía.

El penúltimo día enfrentaron el río Suchiate, la frontera líquida con México. Sobre balsas inflables y precarias, empujadas por hombres que no eran “Águila” ni Ban, cruzaron bajo la neblina del amanecer. El agua fría los salpicó, un bautismo forzado en la última etapa. En la orilla mexicana, la exhaustión era victoriosa. Ya no había camionetas. Fue una marcha final, agónica, por veredas y carreteras secundarias, evitando todo.

Tapachula no fue una llegada triunfal. Fue la vista de techos de lámina y calles bulliciosas desde la periferia, alcanzada al séptimo amanecer. “Águila” los condujo a un patio cercado, similar al de Nicaragua, pero con el aroma distinto de México en el aire: tortillas de maíz y diesel.

“Aquí termina mi trabajo,” anunció “Águila”, contando billetes que Ban le entregó, parte del pago final. “Tapachula es solo una estación. Buena suerte.”

Se desvaneció entre la gente, un predador que volvía a su caza. El grupo, ahora unido por la semana de miseria compartida, se miró. No había abrazos ni celebración. Solo el alivio mudo de haber sobrevivido a la primera, y más controlada, etapa del infierno. Emily tomó la mano de Daily, mientras observaba a las hijas de Mariana, a Sophia y a los hombres haitianos. Ya no eran extraños. Eran los sobrevivientes de la ruta del Águila. Y el viaje, lo sabían, apenas comenzaba.

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Rosalina Vega Palazuelos
perro 🐕 infeliz HDSPM
Yulianni Casanova
me encantó más capítulos esta inconclusa
Jos Qui
el papa de Elie era italiano va a ver si no resulta hermana con la esposa de el o hermana del Alexie su cuñado ya también es procedente italiano también
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita
Gómez Martínez juaniss
Hay Olga que hicisteis 🤭😍🥰😱
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