Criada por un temido jefe mafioso, Isabella siempre creyó que sus padres murieron cuando era niña. Hasta que una verdad enterrada sale a la luz: su verdadero padre está vivo… y lidera la mafia enemiga.
NovelToon tiene autorización de alee :) para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
cap n°11
Un nuevo día… una nueva casa… un nuevo lugar.
Isabella seguía emocionada, recorriendo cada rincón de la enorme mansión. Iba de un lado a otro con los ojos bien abiertos, maravillada por todo lo que veía. Ni siquiera se acordaba de lo mal que lo había pasado días atrás; la tristeza parecía haberse escondido, al menos por un momento.
7:00 AM
—Toc, toc —se escuchó un golpeteo suave en la puerta.
—Adelante —respondió Isabella, aún con voz adormilada pero curiosa.
La puerta se abrió con delicadeza y una señorita de traje formal, rostro sereno y cálido a la vez, entró con pasos firmes. En sus brazos llevaba un vestido precioso, justo de la talla de Isabella, y un par de zapatos nuevos que brillaban como si fueran de cuento.
—Póngase esto y baje a desayunar, señorita —dijo con una sonrisa amable—. El señor León y usted saldrán de compras.
Los ojos de Isabella se iluminaron. Recibió la ropa y corrió feliz a vestirse. Al ver el vestido, quedó completamente asombrada. Era el más hermoso que había visto jamás. No tardó más de unos minutos en estar lista. Ella misma se cepilló el cabello con esmero y, al mirarse en el espejo, no pudo evitar sonreír.
Bajó las escaleras corriendo, ansiosa por mostrar su nuevo look, hasta que, al llegar al comedor, vio al señor León sentado… con expresión seria.
—¿Pasa algo, señor? —preguntó con voz tímida, casi en un susurro.
León levantó la mirada, y al ver a Isabella, su rostro cambió por completo. La dureza desapareció en un instante y fue reemplazada por una sonrisa sincera.
—No, tranquila… no pasa nada —respondió con naturalidad.
Isabella dio un pequeño giro sobre sí misma, mostrando su vestido nuevo con orgullo. León sonrió aún más.
—Wow, te ves muy linda —dijo él, mientras varias camareras la aplaudían y le lanzaban cumplidos entre risitas y asombro.
—¡Qué bella estás!
—¡Parece una princesa!
—¡Hermosa!
Isabella no podía dejar de reír. Era la primera vez que recibía tantos halagos.
—Gracias por la ropa —dijo mientras se sentaba a la mesa.
—No hay de qué. Y come bien, hoy será un día largo —le respondió León, sirviéndose una taza de café.
Isabella comió con ganas. En la mesa había de todo: frutas, pasteles, jugos, huevos, cosas que nunca antes había probado. Todo estaba tan delicioso que no sabía por dónde empezar. León la miraba en silencio, con ternura, como si la estuviera viendo por primera vez.
Una vez que terminaron de desayunar, Isabella salió junto a él. El auto ya los esperaba en la entrada. Se subieron, y León le explicó el plan mientras el chofer ponía el motor en marcha.
—Hoy vamos a comprar ropa para ti, lo que necesites. Y si nos queda tiempo, podemos ver algunas cosas para tu pieza. Tú vas a elegir lo que quieras, ¿sí?
Isabella lo miró con ojos brillantes, aún sin poder creer todo lo que estaba viviendo. Pero en su corazón, la humildad que su madre le había enseñado seguía firme, recordándole que nada de eso debía cambiar quién era.
.
.
.