Un corazón tan marchito y podrido solo existía en el cuerpo de Teresa Novac. Emperatriz malvada que odia y humilla a su propio hijo. Sin embargo, el alma de una borracha poseé a ese personaje cruel. Dando se cuenta que el corazón de esta emperatriz es oscuro y perverso
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capitulo 18: Susto.
Había una vibrante expectativa en el aire; el baile de la noche anterior había sido un verdadero éxito y la celebración del aniversario del imperio apenas comenzaba. Howard, al lado de Teresa, se levantan de la cama y estirando los brazos como si quisiera abrazar el día. Sabían que tenían un papel crucial en la administración del imperio, y estaban decididos a hacer de esta semana una de las más memorables.
El tiempo avanzó rápidamente, llena de preparativos y reuniones con sus consejeros, donde discutieron sobre las festividades que estaban por venir. Con cada decisión tomada, el ambiente en el palacio se volvía más alegre y vibrante. La programación de eventos se tornó ambiciosa, con bailes, ferias y exhibiciones que prometían unir aún más a la población. Mientras tanto, la relación entre Teresa y Howard se fortalecía; compartir la oficina les permitía colaborar más estrechamente y disfrutar de la compañía del otro en cada paso del camino. Esto fue idea de él y que le permitiría estar con Teresa gran parte de tiempo.
Y la semana fue transcurriendo sin ningún problema. Esta mañana, Teresa se encontró rodeada de un una docena de cartas. Eran notas de admiración por su elegante y glorioso vestido del baile, escritas por damas de la aristocracia que elogiaban su estilo y gracia. Al leer algunas de las cartas, una sonrisa radiante iluminó su rostro. Howard, curioso, se acercó a ella, preguntando con tono juguetón.
— ¿Qué ha causado esa hermosa sonrisa?
— son la dama de la sociedad, con ésto puedo ayudar a Marlene con su trabajo.— respondió Teresa. Su entusiasmo es evidente.
Con un ligero gesto, le dio un beso en la mejilla, casi a punto de tocar sus labios, y salió de la habitación con las cartas en mano.
Al llegar al taller de Marlene, el ambiente a tela y costura la recibió calurosamente. Marlene estaba concentrada en su trabajo, midiendo una pieza de tela y dibujando un nuevo patrón de vestuario. Cuando vio a Teresa, dejó caer sus herramientas y se inclinó en una reverencia, su rostro iluminándose al ver a la emperatriz.
— ¡Su majestad! Es un honor recibirla — exclamó Marlene, con los ojos brillando de emoción.
Teresa sonrió y le entregó las cartas junto con un sobre que contenía su pago.
— gracias por tu increíble trabajo, Marlene. Quiero que sepas que he recibido muchas solicitudes de otras damas de la aristocracia que desean que les diseñes vestidos. Así que tuve la idea de traerte una ayudante. Necesitas alguien más que te ayude con todos estos pedidos.— explicó Teresa, notando la confusión en el rostro de la modista.
— ¿Pero... Es eso correcto? Solo soy su modista, majestad.— dijo Marlene, su voz llena de incertidumbre.
— no te preocupes. Quiero que estés cómoda en tu trabajo. Con más pedidos, podrás mostrar tu talento. No habrá problema. Sé que te gusta tu trabajo. Lo demuestra en cada trabajo.
Marlene, conmovida, no pudo evitar que las lágrimas se asomaran a sus ojos.
— gracias, Su Majestad, de verdad. No sé cómo agradecerle.— mencionó, su voz temblando de gratitud.
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Esta noche, tras un día productivo, Teresa se encontró abrazada a Howard en el sofá de la habitación. La calidez de su cuerpo y la cercanía de sus respiración creaban una atmósfera dulce y apasionada. Se miraron, sonrieron y compartieron suaves besos, sintiendo la armonía de su unión.
— recuerdas tú caballo, que dije que lo llevaría al prado de la frontera. El que te hizo caer.
— ha... Te refieres al chimuelo.
— ¿Ah?
" Ups... Se me olvidó que ese caballo no se llama así."
— lo decidí llamarlo así. Sí, si, lo recuerdo. ¿Ocurrió algo con él?
— él encontró un caminó nuevamente al palacio. Ayer encontraron a un caballo negro azabache por la entrada del bosque. Así que volvió otra vez al establo. ¿Que quieres hacer con él?... ¿Lo llevo a otra parte que se quede?
— pensándolo bien... Quisiera conservarlo, mañana podríamos practicar en nuestro tiempo. Tengo una idea de cómo montarlo... Solo tengo que hacerme amiga de él... Otra vez.
— umm, así como lo hiciste conmigo. ¿No?
Ella ríe y se abalanza sobre él, quitándole la camisa. Y sobre él le dice.
— mejor preocúpate de ahora... Está vez será en otra posición.
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— espera... Teresa.
— no.— Pero justo en ese momento Howard se lanzó sobre ella, y tomó de las muñecas encima de su cabeza.
— está vez es mi turno.— afirmó con su voz llena de confianza.
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Teresa lo veía asombrada, había momentos que él tomaba el mando, pero con su tono fuerte y decidido le fascinó al punto de quedarse quieta y dejarse llevar por sus caricias.
Sin embargo, antes de comenzar, una sirvienta irrumpió en la habitación, rompiendo el momento.
— disculpen, su majestad. El príncipe se ha despertado. Dice que tuvo una pesadilla y que quiere ver a su madre— informó la sirvienta.
Teresa, al oír esto, se levantó rápidamente.
— voy de inmediato.
Mencionó mientras Howard se colocó una bata y la seguía de cerca.
Cuando llegaron a la habitación del niño, el príncipe los recibió con un fuerte abrazo, sollozando.
— mamá, papá, tuve una pesadilla, pero no recuerdo qué era.— balbuceó entre lágrimas.
Teresa se agachó y lo cargó en sus brazos, llevándolo hacia la cama con ternura.
— Shhh, está bien, cariño. Estamos aquí contigo.— dijo mientras lo lleva a la cama y lo arropa con suavidad. Howard se acomodó al otro lado del niño para calmarlo por igual.
Para tranquilizarlo, Teresa comenzó a cantar suavemente los pollitos dicen, una canción de cuna que siempre había funcionado en su vida anterior. Poco a poco, el niño fue tranquilizándose, y en pocos minutos, su respiración se volvió suave y serena. Al escuchar la melodía, Howard, también, cerró los ojos, dejándose llevar por el dulce canto que llenaba la habitación. Cuándo Teresa fue a ver a su esposo, ya estaba roncando con serenidad.
Ambos parecían dos niños que necesitaban el dulce consuelo de una mujer que lo quisiera. Y ella se había dado cuenta que podría hacerlos feliz sin ningún problema.
Así que la emperatriz colocó una manta sobre él y lo dejó descansar con el príncipe. Caminando en los pasillos del palacio. La noche había abrazado el lugar en un manto de estrellas. Teresa se encontraba en el balcón, contemplando el vasto cielo nocturno. Las estrellas titilaban como pequeños diamantes, Teresa inhaló profundamente, sintiendo el aire fresco de la noche que le acariciaba el rostro.
— Gracias.— murmuró, alzando la vista hacia el firmamento.
Su corazón estaba lleno de gratitud por haber renacido en un mundo donde la familia era posible, donde el amor podía florecer. Pero en el rincón más profundo de su ser, una sombra se cernía; el recuerdo de su vida pasada, de su hijo, el pequeño que había perdido a manos de una cruel enfermedad. Tan solo tres años de risas, abrazos y juegos que habían sido arrebatados de su vida. A pesar de no haber tenido las riquezas de una emperatriz, era feliz a su lado. La imagen de su carita sonriendo, de sus ojos brillantes, la perseguía en cada rincón de su mente. La pérdida era un eco que nunca se desvanecería por completo. Sin embargo, hace todo para nunca olvidar la hermosa sonrisa que su trasmitía al sonreír.
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Al día siguiente. Teresa quería tomar práctica en montar su caballo al que en un principio la había rechazado. Dirigiéndose al establo con Howard a su lado.
Constantine, el joven sirviente albino con una energía seria y reservada, los esperaba en ese lugar. El aire estaba impregnado con el fresco aroma de la hierba, y los caballos relinchaban con impaciencia, ansiosos por salir a galopar. Howard y Teresa se vistieron con ropa cómoda pero formal, de tonos oscuros que realzaban su elegancia. Teresa se ajustando su cabello, mientras una mezcla de nerviosismo y emoción burbujeaba en su interior.
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— ¿Estás segura de que puedes manejar a tu caballo?— preguntó Howard.— si cambias de parecer, podemos elegir otro para que vuelvas a tomar práctica en equitación.
— estoy segura. Si volvió fue por algo.
Mientras se preparaban para partir, Constantine le comenta.
— excelencia... Se que es su tiempo libre, pero hoy abra una reunión que se debe discutir con el imperio que desea unirse con nosotros.
— oh, es cierto. Entonces prepara todo dentro de dos horas. Que los ministros se preparen y discutiremos sobre la alianza. Si no regreso en ese tiempo, puedes buscarme— respondió Howard.
— así sera. Con sus permiso, me retiro.— Constantine se despide y se va del establo.
“me encargarme de eso de inmediato. Por ahora he tenido paz. Siempre y cuando que Tania no aparezca con su cara de mosquita muerta ni que Marlene haga una locura. La marquesa a estado encerrada trabajando, así es mejor."
Mientras Constantine se dirigía a sus quehaceres, tomó un atajo a través de un jardín que adornaba el palacio. Las flores estaban en plena floración. Sin embargo, su atención se desvió cuando levantó la vista y vio a una mujer sentada en el borde de un muro, con una caída peligrosa. Su corazón se detuvo. Era Marlene.
— ¡Marquesa!— exclamó, su voz resonando en el aire pero no lo había escuchado.
Se apresuró hacia ella, No podía permitir que ocurriera una tragedia bajo su vigilancia. Una muerte en su turno de trabajo era algo que jamás se perdonaría a sí mismo.
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muchas gracias por leer no olviden dejar su preciado me gusta en el capítulo 💕