SINOPSIS
Vi al hombre que había sido el protagonista de mis sueños más húmedos durante un año, desde que lo conocí en el avión ese día y nunca más lo volví a ver… hasta ahora. El peor día de mi vida. Llegar tarde a casa del trabajo esa noche me hizo sentir peor que ver a mi exnovio teniendo sexo. Mucho peor. Y también sería peligroso si él no estuviera allí para salvarme. Mi héroe no tiene armadura. Pero no es un héroe, es un villano. Es duro, salvaje y fuerte. La forma en que me mira me emociona. Estaba equivocada por todas las razones correctas, un mal hombre, pero con un buen corazón. Y me caí, demasiado fuerte.
Las cosas empiezan a ir mal y faltan las piezas. ¿Por qué estaba allí ese día, quién era realmente? Me siento confundida. Mi mente y mi corazón están en una batalla de vida o muerte. ¿Me voy con la cabeza gacha? ¿O me quedo y amo con todo mi corazón?
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Capitulo 18: —Parece que alguien está mejorando
CAPITULO 18
IRENE
Traté de procesar toda la información que me había dado, pero todavía me sentía confundida y dolida. ¿Cómo podía ser tan complicado el amor y las amistades? Siempre había creído que era más sencillo, pero la vida me estaba demostrando lo contrario.
Suspiré, apagué el celular y cerré los ojos. No quería seguir pensando en el tema, me estaba dando un dolor de cabeza. En su lugar, decidí pensar en algo que me hiciera feliz. Así que no entiendo porque mi subconsciente trae a mis pensamientos un par de ojos color esmeralda con espesas pestañas rubias, piel tatuada decorando un fuerte cuerpo musculoso, que parecía haber sido hecho por los mismos dioses. Y una voz tan profunda como el océano, con un marcado acento ruso que hacía que mis partes privadas de chica palpitaran. Pero dicho hombre, que mi mente invoca con tanta facilidad, no me había vuelto a escribir.
Sin embargo, eso no impidió que la tristeza se fuera desvaneciendo poco a poco. Ahora solo necesitaba tener paciencia, seguir luchando y confiar en que el destino me llevaría a donde debía estar.
Me doy la vuelta, mirando al techo y suspiro profundamente. Acostada en mi cama, el silencio de mi habitación me acompaña durante toda la noche.
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—¡Buenos días! —saludo al entrar en la clínica la mañana siguiente. Avi gira saludándome.
—Buenos días, doc. Parece que no durmió bien. —trato de forzar una sonrisa, pero no puedo.
—Fue una larga noche. —doy un sorbo a mi café—. ¿Frank?
—Acaba de irse.
—Bien. Con Frank y Richard fuera eso nos deja a nosotros dos nada más. Creo que deberíamos buscar un par de manos extras... —digo a nadie en particular, solo soy yo teniendo una charla conmigo misma.
—Creo que nos vendría bien, doc. Por cierto, el Zoológico de Queens llamo anoche luego de que te fueras, querían saber el doctor Richard podía. Al parecer tienen a una leona enferma y, como el doc ya se ha hecho cargo anteriormente de sus animales, quieren que va hoy.
—Pero.... —iba a decirle que Richard no puede ir, cuando Avi me interrumpe.
—Lo sé. Se que el doctor Richard no puede ir. Por eso Frank les dijo que tú irías en su lugar.
¡Mierda! Justamente hoy que no me apetecía hacer nada más que quedarme en casa, bueno no es como si estuve en casa, pero estar en la seguridad de la clínica es mi cosa favorita.
—¿A qué hora es la cita?
—A las 09:00 a.m.
—Bien, tengo algo de tiempo. Déjame ir a ver a mi nuevo paciente.
—Estoy seguro de que se alegrará de verla. Frank dijo paso la noche quejándose.
—Imagino que si. El pobre perro quedó con el hocico destrozado.
—¿Que piensa hacer con él?
—No lo sé, Avi. Por ahora me ocuparé de que sobreviva. Luego si le aparece algun dueño devolverlo, y si no, le buscaremos un refugio.
—Entiendo. —Avi asiente.
—Avi, necesito que estés al pendiente por si viene alguien solicitando alguno de los puestos, y me avises si aún no he llegado. Agrega lo del ayudante extra. Le avisaré a Richard sobre eso.
—En seguida. —Avi se pone a trabajar en la computadora detrás del escritorio de recepción, seguramente entrando a nuestra página web o al Instagram de la clínica. Mientras lo dejó en lo suyo, voy a ver a ese perrito que le pido mucho a Dios para que logre salir adelante. Le envío un mensaje a Richard diciéndole lo del ayudante, no espero obtener una respuesta así que dejó cae mi celular una ves más en el interior de la cartera.
Al llegar a la habitación donde el perro se encontraba alojado, noté una mejoría significativa en su estado. Ya no tenía el hocico tan hinchado como la noche anterior y parecía estar mucho más tranquilo. Me acerqué a él y le acaricié la cabeza con suavidad, para no alarmarlo.
—Hola, ¿cómo estás, amigo? —le pregunté mientras revisaba su historial médico en el ordenador. De repente, el perro comenzó a mover la cola y giró su cabeza hacia mí, lo que me hizo sonreír.
—Parece que alguien está mejorando —le dije al perrito mientras seguía acariciando su cabeza—. Te estamos cuidando mucho para que pronto puedas estar de vuelta en la calle.
Después de hacer una exhaustiva revisión al perro, determiné que había pasado una buena noche y que su estado mejoraba satisfactoriamente después de la intervención. Me alegré mucho por él y tomé nota de todo en su historial. Antes de salir de la habitación, me aseguré de que no le faltara agua y comida.
Cuando salí, me encontré a Avi ocupado en su tarea y me disponía a salir hacia el zoológico. Era una mañana hermosa y hacía un poco de frío, así que me abrigué bien y me dediqué a disfrutar del corto viaje por el camino.
Había mucho tráfico en la calle, pero al final llegué al zoológico en tiempo. Me presenté en la entrada y me mostraron el camino hacia la parte trasera donde estaba encerrada la leona enferma.
Al entrar al recinto donde estaba el animal, me di cuenta de que no podía estar en mejores manos. La leona era muy grande y parecía muy débil. Lamentablemente, no tenía la habilidad de Richard para encantar a los animales de manera que su tranquilidad no fuera alterada, pero traté de hacer lo mejor posible.
Pasé dos horas con la leona, examinándola y llevando a cabo varios procedimientos médicos. Al parecer, ella sufría de una infección en los oídos que la hizo sentir débil. Me aseguré de darle los medicamentos adecuados y, después de hacer una última revisión, pude dejarla al cuidado de los expertos del zoológico.
Había almorzado en el zoológico antes de ponerme en camino de regreso a la clínica, donde Avi estaba esperándome con un montón de trabajo. Me puse a trabajar con él, revisando las facturas y aclarando algunas dudas con respecto a las notas de las citas.
El resto del día fue muy ocupado y, cuando salí de la clínica esa tarde para irme a casa, estaba agotada. Me duché y cené algo rápidamente antes de acostarme a dormir.
La próxima semana, me encargaría personalmente de nuestro cachorro rescatado, y esperaba con ansias poder ver su recuperación completa. Mientras tanto, Avi se encargaría de seleccionar a los posibles candidatos y luego yo los entrevistaría.
Y una vez más, como cada noche, mis pensamientos iban dirigidos a un ruso que al parecer no estaba tan interesado en mí, como yo en él. Tal vez confundí las cosas.
fotitos por favor