Mi vida era tan normal y monótona hasta que conocí a un chico un año menor que yo, Alberto, él me hizo sentir segura y bonita.
Un día tuve un accidente y desperté en el cuerpo de una chica sumamente atractiva.
Mi alma estará en ese cuerpo durante 30 días. Tiempo suficiente para jugar con los chicos que se creen inalcanzable, entre ellos, Robin Clay.
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Cap.18
Dia 8
Después de haber platicado con Alberto y verlo un instante el día anterior, tenía ganas de verlo otra vez.
Encendí mi celular y en ese momento entraron 27 mensajes y 14 llamadas de Robin. Me imagino que estaba muy molesto porque lo dejé desnudo y amarrado. Sin leer los mensajes simplemente los borré.
Disfruté mi domingo sola en mi cuarto.
Aunque dudé un poco, le textee a Alberto.
— Hola. Soy Milena.
— ¿Cómo es posible que tengas mi número?
— Se lo pedí a una compañera de clase tuya.
Esa es una mentira blanca. La verdad recordaba su número.
— ¿Qué compañera?
— Una. Me gustaría conversar contigo de Camila.
— No hay nada que hablar.
— ¿Ella te gusta?
— Mmm no tengo interés en nadie más que no sea ella, asi que si pretendes otra cosa te sugiero no pierdas el tiempo.
— No tengo ningún interés por ti, yo tengo mi prometido. Ella me contó una vez que estaba enamorada de un muchacho guapo.
— ¿Conversaban de Robin?
— No creo que sea ese patán. Era de un muchacho que ella terminó amando. Era un año menor que ella y estudiaba medicina.
— Me entró curiosidad. ¿Sabes quién es?
— Si. Ella está enamorada de ti. Camila está enamorada de ti. Y sabes creo que ella está feliz de que tú estés tan al pendiente en estos momentos.
— ¿Ella hablaba contigo de mi? Pero ella nunca me contó que tenía una amiga e inclusive nunca te vi cerca de ella. Pensé que su vida era solitaria.
— Si lo era hasta que te conoció a ti. Bueno, solo una pregunta más. ¿Tú que sientes por ella?
De cierta forma quería saber que si Alberto me quería y aunque no podía decirle abiertamente que era yo y de mis sentimientos, podía decirle que lo amaba de esta manera.
— Yo la amo.
— Me alegra leer eso. Ella seguramente desde estar alegre.
Sentía una alegría que salía de mi pecho. Él me ama.
Tocaron a mi puerta.
— Adelante.
Entró Ronnie.
—¿Y qué haces aquí?
— Tú mamá me dejó subir.
— La voy a regañar. Debería decirme y tú deberías llamar antes de venir. Si no mal recuerdo estás a prueba.
— Es que era una rutina venir cada domingo a tu casa. Tú mamá nos dejaba solo.
— ¿Solos? Y que hacíamos.
— Tú ya sabes— sonrió.
— No lo sé. Dime.
— Pues, los domingo me quedaba a dormir contigo.
No sé si lo que me dice Ronnie es verdad pero se me va a ser imposible tener sexo con el.
— Le voy a preguntar a mi mamá porque yo no recuerdo eso. Y hasta que recuerde mi memoria podrás quedarte.
— Eso ya lo sé. No vengo con intensión de quedarme pero si de que platiquemos.
— Sobre ¿qué?
— Somos novios verdad.
— Mmmm supongo.
— Si o no..
— Supongo que si.
— Es un si. Se que no tienes tus recuerdos por completo y se que todo esto es culpa mía. Siento que has cambiado pero ha de ser por lo mismo, que perdiste algunos recuerdos.
— Seguro eso.
— Siento que tu carácter es distinto.
— y como era antes.
— Eres dulce y confiada. Pasiva y muy llevadera.
— No te preocupes que pronto seré nuevamente la misma Milena.
Ronnie se acercó. Yo estaba sentada en la cama y él se arrodilló, puso sus cabeza en mi muslo derecho.
— Me hacia falta estar así contigo. Acaricia mi cabello.
— ¿Qué?
Él solo queria que acariciara su cabello. Al parecer ellos tenían una relación bonita. Pasé mis dedos en medio de su cabello. Ronnie es un muchacho muy atractivo y muy dulce.
¿Por qué Milena quiso suicidarte?
— Una pregunta. Dicen que encontraron residuos de una farmacia en mi sangre. Sabes porque podía yo suicidarme.
Ronnie levantó su cara y clavó su mirada en la mía.
—¿Quisiste suicidarte solo por un beso que ni voluntario fue? No cometas más locuras.
— Eso me dijo mi mamá. Entonces tú no sabes nada.
Ronnie me abrazó. Puso su frente en mi frente y me besó. Yo lo alejé.
— ¿Ya no te gustan mis besos?
— No es eso, la verdad es que quiero que esperes.
— Está bien.
Estuvimos solo en el cuarto y él me contó muchas cosas que hacíamos. Cenó con la familia y después de la cena se fue.
Recibí un mensaje multimedia.
Era un foto de Milena desfigurada con un mensaje claro "así quedarás maldita"
— ¿Amanda? No importa quién seas. Llevaré este mensaje a la policía y que rastreen tu número. No voy a tolerar que nadie venga a decirme estupideces.
Tomé captura de ese mensaje y lo guardé.
Pobre Milena, a pesar de ser una chica preciosa y alguien que aparentemente es dulce, tiene algún que otro enemigo. Es lo contrario de mi persona que ni las moscas me quieren.
Me acosté en mi cama, cerré mis ojos y venía aquellos besos con Alberto. ¿Por qué no los disfruté? Ahora que estoy en este enredo es donde valoro esos momentos.
Tomé el celular en mis manos. Una llamada de un número privado entró. ¿Quién será?
— Hola.
— Hola Milenita— era la voz de Robin.
— ¿Quién habla? — Pretendía no saber quién era.
— Ah no sabes— se tiró una carcajada— soy el hombre que dejaste amarrado y desnudo. ¿Por qué me dejaste así? No me gustó tu broma de mal gusto.
— Ah Robin— me tiré una carcajada— perdón. Es que soy bipolar a veces y muy juguetona cuando me sale mi personalidad traviesa.
— Deja de jugar. No me gustó.
— Ni modo sino te gustó. Tienes buen cuerpo de eso no hay duda pero te faltan centímetros para que pueda estar contigo.
Quería burlarme de él. Esos centímetros de su miembro eran perfectos pero todo hombre se siente inferior cuando le dicen que la tiene pequeña.
— Estás diciendo que no quisiste nada solo porque crees que la tengo pequeña. Creo que es lo suficientemente grande como para hacerte feliz.
— Si quieres verla desde mi punto de vista, te puedo enviar la foto que tomé.
— ¿Hiciste qué?
— Mañana hablamos Milenita. Vamos a ver quien juega con quién.
Colgué la llamada.