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Soy Humana, No Una Luna: Reclamada Por El Alfa

Soy Humana, No Una Luna: Reclamada Por El Alfa

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Amor prohibido / Mujer poderosa
Popularitas:7.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

El destino comete errores, y unir al Alfa de la manada con una simple humana es el más grande de todos. Mientras la manada exige una líder fuerte para la guerra y Alexander intenta marcarme como suya, yo me niego a ser el trofeo de un rey lobo. No tengo garras, no tengo instinto y no voy a pedir perdón por ser débil ante sus ojos. Soy humana, no una Luna. Pero para conservar mi libertad, primero tendré que sobrevivir a la pasión destructiva de un Alfa que no piensa dejarme ir.

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Capitulo XVII La victoria tras el peligro

Punto de vista de Malakor / Amelia

Malakor

En un mes exacto sería la Luna de Sangre, el momento perfecto para reclamar para mí a la Luna de Plata. Había mandado a llamar a Arthur, quien aún permanecía oculto en las afueras de la ciudad, para que entre los dos trazáramos el plan para arrancar a la humana del corazón de la Manada del Norte.

Sabía perfectamente que moverme con Arthur era un riesgo calculado. Ese lobo infeliz también la quería para él; su obsesión por la cirujana lo estaba volviendo descuidado. Pero no me preocupaba. En cuanto la humana estuviera bajo mi control y el poder de su sangre bendita fuera mío, me encargaría personalmente de atravesarle el corazón a ese fracasado y dejar su cuerpo a los buitres.

Escuché los pasos pesados de Arthur adentrándose en la cueva. Su silueta alta se recortó contra la luz de la fogata, mostrando la mandíbula apretada y la mirada cargada de resentimiento.

—Espero que me hayas llamado para algo más que para escuchar tus discursos de grandiosidad, Malakor —gruñó Arthur, cruzándose de brazos sin acercarse demasiado a mis hombres.

—Te llamé porque la oportunidad de recuperar a tu doctorcita está servida en bandeja de plata —respondí con una sonrisa grotesca, clavando mi puñal sobre el mapa de territorio que descansaba en la mesa de madera rústica—. Pero el Alfa Alexander la tiene custodiada noche y día. Entrar a ciegas a su territorio sería un suicidio, incluso para nosotros.

—Alexander no dejará que nadie la toque —intervino Arthur, apretando las garras—. ¿Cómo pretendes sacarla de allí sin enfrentarte a toda su guardia real?

Dejé escapar una risa rasposa que resonó en las paredes de piedra de la mina.

—Porque Alexander no sabe que la serpiente que lo va a envenenar ya duerme en su propio nido —murmuré con voz siniestra.

Saqué del bolsillo de mi abrigo de piel un pequeño trozo de pergamino enrollado, sellado con cera negra, que uno de mis rastreadores había recogido esa misma madrugada en la frontera sur.

Lo arrojé sobre el mapa, justo frente a los ojos de Arthur.

Él frunció el ceño y desplegó el papel.

—¿Qué es esto? —preguntó, escudriñando los trazos elegantes de la letra.

—La ruta exacta de las patrullas nocturnas y los horarios en que los ancianos del Consejo mantendrán ocupado al Alfa en la fortaleza —expresé, disfrutando de la sorpresa en el rostro de mi aliado—. Tenemos a alguien dentro de la Manada del Norte. Alguien con acceso a las altas esferas, un traidor que aborrece la idea de tener a una humana como Luna tanto como nosotros.

Arthur leyó la nota en silencio y una sonrisa cruel comenzó a dibujarse en sus labios.

—El infiltrado nos entregará a Amelia el día de la reunión con el Consejo... —dedujo Arthur en un murmullo.

—No —lo corregí de inmediato, dando un paso al frente y quitándole la nota de las manos para quemarla en la fogata—. Dejaremos que la humana se presente ante el Consejo. Dejaremos que el circo político de Alexander se desmorone por sí solo. Cuando la tensión entre el Alfa y sus ancianos llegue al punto de quiebre, nuestro contacto dentro del castillo nos abrirá los pasadizos subterráneos.

La cera negra se consumió en las llamas, dejando solo cenizas.

—En la Luna de Sangre, la Manada del Norte caerá —sentencié, mirando fijamente a Arthur con los ojos encendidos en un amarillo sangriento—. Y la Luna de Plata será el trofeo que adorne mi trono.

Amelia

Mientras las sombras se cernían sobre la frontera, me encontraba frente al Salón del Consejo. Era una mole de piedra fría y techos altos que imponía un respeto aplastante con solo cruzar el umbral. Sentados en una mesa semicircular nos esperaban los seis ancianos de la manada, acompañados por el Alfa Gerard y Sabrina, cuya mirada cargada de veneno me buscó desde el primer segundo.

A mi lado, Alexander caminaba con paso firme. Su mano cálida sostenía la mía con una fuerza protectora que me daba el ancla que necesitaba para no flaquear.

—Integrantes del Consejo —habló Alexander con voz cavernosa, retumbando en la piedra—. Presento ante ustedes a Amelia, mi pareja elegida.

El anciano Caelen fue el primero en romper el silencio, apoyando sus manos rústicas sobre la mesa y mirándome de arriba abajo con evidente desdén.

—Una humana... —murmuró Caelen con amargura—. Dime, muchacha, ¿con qué derecho pretendes ocupar el trono de la Manada del Norte? No tienes garras para defender a nuestro pueblo, no tienes un lobo para sentir el peligro y tu vida es tan frágil que una simple brisa podría romperte. ¿Cómo esperas que esta manada te respete como su Luna?

Sentí la tensión de Alexander a mi lado; sus nudillos se pusieron blancos al apretar los puños, listo para intervenir. Sin embargo, solté su mano suavemente y di un paso al frente, encarando a Caelen directamente a los ojos.

—No vine a esta manada buscando un trono ni un título —declaré con la voz serena, clara y cargada de una dignidad impecable—. Soy médica. Mi vocación y mi vida entera han estado dedicadas a salvar vidas, no a destruirlas.

Si consideran que la fuerza de un líder se mide únicamente por la capacidad de desgarrar gargantas, entonces tienen una visión muy limitada de lo que significa proteger a un pueblo.

Sabrina dejó escapar una risa burlona desde su asiento.

—Palabras bonitas para ocultar tu debilidad —intervino Gerard con tono amenazante—. En este territorio la fuerza lo es todo. Si los renegados atacan, tus conocimientos de medicina no servirán de nada cuando la sangre corra.

—Mis conocimientos de medicina ya le salvaron la vida a cuatro de sus guerreros principales esta semana —repliqué sin pestañear, sosteniéndole la mirada al Alfa Gerard—. Hombres que habrían muerto por la infección de acónito si solo hubieran contado con "fuerza bruta". Una Luna no es solo un soldado más en el campo de batalla; es quien cuida, sana y mantiene unido a su pueblo cuando las armas se apagan. Y si la Diosa me puso en el camino de Alexander, no fue para pelear sus guerras, sino para ser la fuerza que mantenga en pie a su líder.

Un silencio sepulcral cayó sobre la sala. Los ancianos se miraron entre sí, visiblemente sorprendidos por la aplastante seguridad de mi respuesta. No había rastro de miedo ni de sumisión en mis palabras.

Fue entonces cuando la anciana Moira, quien había permanecido en silencio observándome detenidamente desde el centro de la mesa, se puso de pie lentamente apoyándose en su bastón.

Moira caminó hacia mí a paso pausado. A medida que se acercaba, sus ojos grises y profundos se fijaron en mi rostro y luego descendieron ligeramente hacia mi pecho, justo donde la noche anterior había sentido el calor de la marca brillante.

La anciana se detuvo a solo un metro de mí. Entornó los ojos y respiró hondo, como si estuviera percibiendo un aroma o una vibración invisible para los demás. Por una fracción de segundo, sus pupilas se dilataron por la sorpresa y sus labios se entreabrieron, pero disimuló el gesto casi de inmediato, recuperando su compostura ancestral.

Moira no dijo nada sobre lo que acababa de notar. En su lugar, se giró hacia el resto del Consejo con aire solemne.

—La humana ha hablado con la sabiduría y la firmeza que muchos de nuestros guerreros quisieran tener —sentenció Moira con autoridad—. Por ahora, esta sesión ha concluido.

Gerard y Sabrina la miraron con frustración, pero no se atrevieron a replicar. Moira volvió a mirarme, esta vez con una chispa de misterio y profundo respeto en la mirada.

—Amelia... —dijo la anciana en voz baja pero firme—. Mañana al amanecer quiero que te reúnas conmigo a solas en el templo ancestral. Hay asuntos de la Diosa que debemos discutir únicamente tú y yo.

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Maria Mongelos
Amelia es la Luna destinada, la zorra de Sabrina no va poder con ella
Anita Gutiérrez
me encanta el comienzo es diferente
Ido Rojas
guuuuaaaauuu , viene buena !
Michel Yandi
✨🦆
Kary Monte
más te vale
aunque los lobos una vez encuentran a su pareja son fieles inclusive mueren con ellas
Kary Monte
Amelia porque eres mal hablada
Alexander solo te está protegiendo y el te ha reconocido como su pareja su mate su luna su destinada ,eres tu quien lo desprecia en vez de usar tu inteligencia y asimilar todo esto
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Quedamos en el mejor momento 😭😭😭😭 espero que Elena le de una oportunidad al idiota de Marcus y lo tenga de sirviente de por vida 🤣🤣🤣🤣
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Vea pues espero que algún día puedan darse una oportunidad estos dos 🥰
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Me hubiera gustado otro castigo pero bueno Sabrina con lo desgraciada e inútil que es no creo que dure mucho viva 😊
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Me encanta que Camilo cómo Omega tenga su momento y demuestre que los omegas pueden ser de mucha ayuda 🥰🥰🥰
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Que buen momento Amelia 🤣🤣🤣
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Tan parece que en ese consejo deben ser relevados algunos puestos 😊
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Debes ganar su perdón bobo 😡
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Y al parecer son varios 😡😡😡
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
tarde para arrepentimientos ojalá Elena encuentre otra oportunidad con otro que si la acepte tal y como es sin prejuicios de por medio
Liliana Torres
😂😂😂😂quedo como novia de pueblo vestida y alborotada 😂😂😂
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Cómo así que se escapó ese.perro rabioso 😡😡😡 bueno a esperar que les den su merecido a todos 😊
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
😭😭😭😭😭 que se mueran de una vez esos renegando fastidiosos.
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Que bueno pero aún les falta más a esos dos 😡😊
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Dios que emoción la zuripanda va a morir de odio y envidia 🤣🤣🤣
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