Historia romántica
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Capítulo 17
Al día siguiente, mientras Marcos se bañaba, Elena abrió un cajón del escritorio donde guardaban papeles médicos, estudios y documentos del embarazo. Buscaba sin saber exactamente qué.
Hasta que encontró una carpeta vieja, con hojas del hospital del accidente.
La abrió.
Había informes médicos, fechas, nombres de doctores… y una hoja que decía:
Paciente ingresó por accidente automovilístico.
Acompañante: Martín Aguirre.
Estado: grave.
Elena se quedó congelada.
Volvió a leer.
Acompañante: Martín Aguirre.
El corazón empezó a latirle fuerte otra vez.
Siguió revisando papeles y encontró otra hoja más vieja, del mismo hospital, donde decía:
Persona que acompañó durante la internación: Martín Aguirre.
Elena se sentó.
Eso significaba que Martín estaba con ella en el accidente. Que Martín había estado en el hospital. Que Martín no era solo “alguien que conocía”.
En ese momento Marcos salió del baño.
—¿Qué hacés?
Elena levantó la vista lentamente, con los papeles en la mano.
—¿Quién es Martín?
Marcos se quedó quieto.
Ese silencio fue demasiado largo.
—Un conocido —dijo finalmente.
Elena negó con la cabeza.
—No. No es un conocido. Estaba conmigo en el accidente. Estuvo en el hospital. ¿Por qué no me contaste?
Marcos suspiró y se sentó enfrente de ella.
—Porque cuando despertaste no te acordabas de él… y yo tenía miedo de perderte otra vez.
Elena lo miró sin entender.
—¿Perderme otra vez?
Marcos la miró a los ojos.
—Antes del accidente vos ya no estabas conmigo. Estabas con él.
Elena sintió como si el piso se moviera.
—¿Yo estaba… enamorada de él?
Marcos no respondió enseguida. Y esa fue la respuesta.
Elena empezó a llorar sin hacer ruido.
—¿Y el bebé? —preguntó en voz baja—. ¿Es tuyo?
Marcos cerró los ojos unos segundos antes de responder.
—No lo sé —mintió.
Pero en realidad sí lo sabía.
El silencio llenó toda la cocina.
Elena apoyó las manos sobre la panza y empezó a llorar más fuerte.
—Siento que mi vida no es mi vida —dijo—. Siento que alguien me robó dos años… y que en esos dos años pasó algo muy importante.
Marcos la miró, pero no dijo nada.
Porque sabía que tarde o temprano iba a pasar lo que más temía.
Que Elena recordara.
Que Elena volviera a amar a Martín.
Y que él la perdiera por segunda vez.
Elena no salió de la cocina por un largo rato después de esa conversación. Marcos se había ido a trabajar en silencio, sin insistir, sin discutir. Sabía que cualquier palabra de más podía empujarla más lejos. Y por primera vez en mucho tiempo, él no tenía el control de la situación.
Elena se quedó sola.
Sola con los papeles, con su panza, con un nombre que ahora ya no parecía desconocido.
Martín.
Lo repitió en voz baja, como si al decirlo varias veces pudiera hacerlo encajar en algún lugar de su memoria.
—Martín…
Cerró los ojos.
Y esta vez no fue un sueño completo, sino fragmentos.
Una risa.
Un mensaje de madrugada.
Una mano sosteniéndola por la cintura.
Un beso en la puerta de su casa.
La sensación de estar tranquila… profundamente tranquila.
Abrió los ojos de golpe.
—¿Quién sos para mí? —susurró.
Se levantó con dificultad y fue hasta el living. Tomó su celular y buscó en redes sociales. No sabía su apellido, pero algo dentro de ella la guió.
“Tiene que aparecer”, pensó.