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Siempre Te Espere

Siempre Te Espere

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor de la infancia / Pareja destinada
Popularitas:589
Nilai: 5
nombre de autor: sarais

novela juvenil de romance que demuestra que tanto se puede esperar a una persona por amor , también lo que es capaz de hacer una persona por proteger a ser que ama desde la niñez en sus vidas habrá mucho tropiezos y tendrá que salir de ese mundo oscuro para llegar a la persona que siempre la espero

NovelToon tiene autorización de sarais para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El que debe despertar

Eros abrió los ojos antes de que amaneciera por completo.

La habitación estaba en silencio, pero su mente no. Se quedó unos segundos mirando el techo, respirando lento, intentando ordenar lo que llevaba semanas girando en su cabeza.

El muchacho seguía en coma.

La última vez que habló con el médico, le dijeron lo mismo: actividad estable, signos leves de respuesta, pero nada concluyente.

Nada útil.

Eros se incorporó en la cama y apoyó los antebrazos sobre las rodillas.

—Tienes que despertar —murmuró para sí mismo.

No lo decía por culpa.

Lo decía porque ese joven era la única pieza viva que podía confirmar lo que él sabía sin pruebas. Lo que había escuchado aquella noche antes de perder el control. Las insinuaciones. Las burlas. El nombre de Amber dicho como si fuera una apuesta ganada desde antes.

Si despertaba, podría hablar.

Y si hablaba, Eros tendría la evidencia completa.

La suficiente para ir hasta el final.

Se levantó, caminó hasta la ventana y observó la ciudad. Madrid volvía a tener sentido ahora que Amber estaba de regreso. Ahora que su hijo estaba en la misma ciudad.

Hijo.

La palabra le apretó el pecho.

—No voy a perder más tiempo —susurró.

Pero necesitaba pruebas.

Necesitaba que el pasado abriera los ojos.

____________

En la casa de Franco, el ambiente era completamente distinto.

Amber estaba en la sala con Eric en brazos cuando Franco entró con el teléfono en la mano y el rostro endurecido.

—¿Fuiste tú? —preguntó sin preámbulo.

Ella levantó la mirada.

—¿De qué hablas?

—Tu familia estaba esperándonos. No fue coincidencia.

Amber sostuvo su mirada con calma.

—Son mi familia.

—No cambies el tema. ¿Les avisaste?

No.

Franco la observó como si quisiera encontrar una grieta en su respuesta.

Eric jugaba con el botón de la blusa de su madre. Sus ojos verdes brillaban bajo la luz de la mañana.

Franco los miró.

Y volvió a tensarse.

—Esto ya empezó —murmuró.

—¿Qué cosa?

—Los comentarios.

Amber guardó silencio.

¿Sabes lo que me dijeron ayer? —continuó, alterado—. Que el niño tiene un color de ojos precioso. Que a quién habrá salido.

Eric balbuceó algo y sonrió.

Franco no.

—Es hora de que empieces a mentir mejor , has hago Amber por qué sabes de lo que soy capaz no quiero que los comentarios lleguen a comparar con el idiota de Eros—dijo de pronto.

Amber lo miró, firme.

—No voy a mentir.

—Vas a tener que hacerlo.

Se acercó un paso.

Necesito una historia coherente.

Ella sostuvo su mirada.

—No necesito inventar nada.

—Entonces como vas a explicar los.ojos verdes si los tuyos son azules y los míos marrones se supone que es mi hijo grito—exigió—. Explícame

Amber no titubeó.

—Mi familia tienes ojos azules franco pero nonquire decir que no hayan verdes dijo para tratar de que franco se calmará

Franco frunció el ceño.

—¿Y?

—Y toda su familia los tiene azules pero vuelvo y te repito.si.hau con ojos verdes tu eres el que no lo quieres ver

Franco guardó silencio.

—Mi mamá tiene los ojos marrones claros —continuó Amber con calma—. Azul con marrón claro puede dar verde. No es imposible. No es raro dijo eso y muy dentro de ella esperaba que ya no preguntara más por qué no sabía que más decir solo no quería pelear más por los ojos de eric.

Franco la miró fijamente.

—Eso no explica que se parezca tanto.

Ahí estaba el verdadero problema.

Amber acarició el cabello castaño de Eric.

—Los bebés cambian.

—No tanto.

La tensión volvió a crecer.

—Invéntate algo más sólido —insistió Franco—. Di que algún bisabuelo era extranjero. Que hubo alguien de ojos verdes en tu familia. Lo que sea.

—No voy a inventar nada.

—Entonces prepárate para las consecuencias.

El silencio cayó pesado.

Eric tocó el rostro de su madre y Amber lo abrazó con más fuerza.

—No puedes controlar todo —dijo ella en voz baja.

Franco apretó la mandíbula.

—Puedo intentarlo.

______________

En la casa de Diego, el ambiente era serio.

Nehemías estaba de pie junto a la mesa. Aslán sentado frente a él. Diego escuchaba en silencio.

—No me gusta cómo está esto —dijo Aslán.

—A mí tampoco —respondió Nehemías.

Diego levantó la vista.

—Hablen claro.

Nehemías respiró hondo.

—Presiento que Franco está maltratando a Amber.

El silencio fue inmediato.

—¿Por qué lo dices? —preguntó Diego.

La vi —respondió Nehemías—. Está diferente. Más callada. Más rígida. No es solo tensión. Es algo más.

Aslán asintió lentamente.

—Y Franco está demasiado nervioso.

Diego apoyó las manos sobre la mesa.

—Si ese hombre está cruzando la línea…

No terminó la frase.

Nehemías lo miró con seriedad.

—Eros está esperando que ese muchacho despierte para tener pruebas. Pero si descubre que Amber está sufriendo ahora mismo…

Aslán completó la idea.

—No va a esperar pruebas.

Diego cerró los ojos un segundo.

Sabía lo que significaba perder el control.

Sabía lo que pasaba cuando un hombre ya no tenía nada que proteger excepto lo que ama.

—Entonces tenemos que adelantarnos —dijo finalmente.

—¿Cómo? —preguntó Aslán.

Diego abrió los ojos.

—Observando. Reuniendo información. Y preparándonos.

Nehemías asintió.

—Porque si el muchacho despierta y habla…

—Todo cambia —concluyó Diego.

Y si no despertaba…

La verdad seguiría latiendo en silencio.

Pero cada día que pasaba, era más difícil ocultarla.

Porque los ojos verdes de Eric no sabían mentir.

Y la paciencia de Eros se estaba agotando.

__________

La tarde estaba tensa incluso antes de que tocaran la puerta.

Amber lo sintió.

Franco estaba más irritable de lo normal desde la mañana. Caminaba por la casa como si esperara que algo explotara en cualquier momento.

Cuando el timbre sonó, ambos levantaron la vista.

Franco frunció el ceño.

—¿Esperas a alguien?

—No.

El timbre volvió a sonar.

Amber fue a abrir.

Al otro lado estaba Melody.

Su hermana menor.

Su refugio de infancia.

Por un segundo, Amber olvidó todo y la abrazó con fuerza.

—Te extrañé —susurró Melody.

—Yo también.

Pero Melody no tardó en notar algo.

La rigidez en el cuerpo de Amber.

La manera en que miraba por encima de su hombro.

Franco apareció detrás.

—Qué sorpresa —dijo con una sonrisa que no llegaba a los ojos.

Melody lo miró de arriba abajo.

—Pasaba cerca —mintió sin esfuerzo—. Vine a ver a mi hermana.

Y a comprobar algo, aunque no lo dijera.

Eric gateó desde la sala hasta el pasillo, riendo al ver a Melody.

—¡Mi niño hermoso! —exclamó ella, inclinándose para cargarlo.

Franco dio un paso adelante casi instintivamente.

—Ten cuidado.

Melody lo ignoró y levantó a Eric en brazos.

Lo observó de cerca.

Cada vez más alto.

Más hermoso

Más verde.

Y cada vez más parecido a alguien que no debía mencionar.

Franco lo notó.

—No lo mires así —dijo con tono cortante.

Melody levantó una ceja.

¿Así cómo?

—Como si estuvieras analizando.

Amber sintió la tensión subir como electricidad.

—Franco… —intentó suavizar.

Pero él ya estaba alterado.

—No me gusta que vengan a esta casa a hacer comentarios disfrazados de visitas familiares.

Melody giró lentamente hacia él.

—Nadie está haciendo comentarios.

Franco dio un paso más.

—Pues asegúrate de que siga así.

Amber dio un pequeño movimiento, colocándose ligeramente entre ambos.

—Es mi hermana.

—Y esta es mi casa —respondió él.

La frase cayó con peso.

Melody lo miró sin miedo.

—No sabía que visitar a mi hermana necesitaba permiso.

Franco dio otro paso hacia Amber y, sin medir la fuerza, la tomó del brazo con firmeza.

—No pongas palabras en mi boca.

Amber hizo una mueca apenas perceptible.

Pero Melody la vio.

Y eso fue suficiente.

—¡Suéltala! —exclamó, avanzando hacia él.

Franco no esperaba la reacción.

Melody lo empujó del brazo que sostenía a Amber.

—No tienes derecho a tocarla así.

La tensión explotó en segundos.

Eric empezó a llorar.

Amber reaccionó de inmediato.

—¡Melody, no!

Se interpuso entre ellos.

—Tranquila. No pasa nada.

Melody la miró incrédula.

—¿No pasa nada? Te estaba apretando como si fueras—

—Fue un malentendido —interrumpió Amber con firmeza, aunque su brazo aún dolía—. Franco solo se alteró.

Franco guardó silencio, pero su respiración era pesada.

—¿Alteró? —repitió Melody—. Amber, ¿por qué dejas que te hable así?

Amber sostuvo su mirada.

Había súplica en sus ojos.

No por ella.

Por Eric.

—No es lo que parece —dijo en voz baja—. Estamos ajustándonos.

Melody negó con la cabeza.

—No tienes que ajustarte a que te falten el respeto.

El silencio se volvió espeso.

Eric seguía llorando.

Melody lo abrazó contra su pecho y lo meció suavemente.

—Ven conmigo este fin de semana —dijo de pronto—. Al menos déjame llevarme al niño. Que pase un par de días lejos.

La propuesta cayó como una piedra.

Franco reaccionó de inmediato.

—Mi hijo no sale de esta casa.

El tono fue definitivo.

Melody lo miró con desafío.

—Es su tía dijo Amber.

—Y yo soy su padre.

La palabra resonó con intención.

—No necesita salir —continuó Franco—. Aquí está bien.

Melody apretó los labios.

¿O es que tienes miedo de que lo vean?

El comentario fue directo.

Amber sintió el aire congelarse.

Franco dio un paso hacia Melody.

—Mide tus palabras.

—¿O qué?

—O vas a arrepentirte.

Amber volvió a interponerse.

—¡Basta!

El grito rompió la tensión.

Eric dejó de llorar, sorprendido.

Amber respiró hondo.

—Melody, por favor.

Su voz ahora era suave. Casi frágil.

—No quiero problemas.

Melody la miró con dolor.

—Yo no vine a causar problemas. Vine a protegerte.

Franco soltó una risa seca.

—Nadie necesita protección aquí.

Melody sostuvo su mirada.

—Eso lo decides tú ?

El silencio volvió a instalarse.

Finalmente, Amber tomó a Eric en brazos.

—No va a salir este fin de semana —dijo con tono conciliador—. Pero puedes venir cuando quieras.

Franco la miró, pero no dijo nada.

Melody entendió el mensaje oculto.

Vigilancia.

Control.

—Está bien —dijo finalmente—. Pero no estoy ciega, Amber.

Se acercó y besó la frente de su hermana.

Luego susurró apenas audible:

No estás sola.

Franco observó cada gesto.

Cada susurro.

Cada mirada.

Cuando Melody salió, la puerta se cerró con un sonido seco.

El silencio quedó suspendido.

Franco se giró hacia Amber lentamente.

—La próxima vez que tu familia venga a desafiarme en mi propia casa…

No terminó la frase.

No hacía falta.

Amber sostuvo a Eric con más fuerza.

Y por primera vez desde que regresaron a Madrid, entendió que las visitas no solo traían apoyo.

Traían peligro.

Porque cada persona que se acercaba veía lo mismo.

Y Franco empezaba a perder el control frente a demasiados testigos.

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