Es un mundo de fantasía medieval mezclado con elementos de mitología oriental y épica clásica, existe una fuerza primordial llamada Ether, la “Esencia de la Creación”. El Ether otorgó poder a un grupo antiguo de guerreros supremos conocidos como los Semidioses, capaces de cambiar el curso de la historia con una sola voluntad. Los Semidioses ocultaron la ubicación del Ether para evitar que cayera en manos de reyes, imperios y criaturas ambiciosas. Esto desató la legendaria Guerra Primordial, un conflicto que destruyó reinos y terminó con la muerte de todos los Semidioses. Con su desaparición, también se perdió el secreto del Ether.
A partir de entonces, las razas del mundo, humanos, elfos, orcos, enanos, bestias espirituales, se lanzaron a una búsqueda desesperada. La aventura se convirtió en profesión.
Nacieron los Aventureros. Se formaron los Gremios. Y comenzó la Era de la Aventura. En este escenario surge un chico llamado Kael , debil… hasta que el destino intervie
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EPISODIO 17: LA TORMENTA Y ESTALLIDO
La noche había caído sobre Asterum como un manto pesado, y la luz de las antorchas que iluminaba la residencia del Torneo era cálida, pero incapaz de borrar la tensión acumulada.
Kael caminaba junto a Sania, Shinro, Ryn, Densel y Leon, aún con el cuerpo dolorido y la adrenalina del combate bombeando a medio ritmo. Sania avanzaba tranquila, con el mismo porte con el que había derribado a Araldis de tres golpes, como si nada hubiera ocurrido. Cuando empujaron la puerta principal, se encontraron con Layra y Lena que los esperaban, inquietas.
—¿Qué demonios pasó? —preguntó Layra en cuanto los vio, corriendo hacia ellos.
Lena no habló. Su expresión decía suficiente: preocupación absoluta. Sania cruzó los brazos, seria, mientras los chicos ocupaban la sala común.
—Fuimos atacados —resumió Kael.
—Atacados cómo —insistió Layra.
Ryn inhaló profundamente y señaló a Sania.
—Si no fuera por ella, estaríamos muertos.
Leon, sentado con un paño frío en la cabeza, levantó un dedo tembloroso.
—Y… técnicamente casi morimos igual. Pequeño detalle.
Densel se dejó caer en un sillón con un gemido lastimero.
—¿Pueden dejar de hablar de eso? Me duele el alma.
Sania dio un paso adelante, su mirada fría como la noche.
—Escuchen. Orion no es un grupo común. Son una organización oculta, disciplinada y dispuesta a matar por sus intereses. Y ahora saben nuestros rostros.
Layra frunció el ceño.
—¿Entonces están diciendo que… el torneo ya no es nuestro único problema?
—Exacto —respondió Kael, serio—. Orion no se va a detener.
Shinro lanzó una risa nasal, arrogante.
—Que vengan. Estoy cansado de que se escondan. Que se atrevan a enfrentarme de frente.
Sania lo miró con neutralidad afilada.
—Te enfrentarán… cuando les convenga. No subestimes a un enemigo que ha estado acechando desde antes de que nacieras.
Shinro chasqueó la lengua y miró hacia otro lado.
Kael sabía que esa actitud no era valentía pura. Era orgullo herido… y miedo disfrazado.
Esa noche, mientras todos se preparaban para descansar, Kael sintió que debía hablar con Shinro. Lo encontró apoyado en un balcón, mirando la ciudad iluminada.
—Shinro… tenemos que hablar.
El aludido no volteó.
—Qué casualidad. Yo también quería decirte algo.
Kael tragó saliva.
—Es sobre nuestras marcas. El Ether … y lo que sea que viste tú.
Shinro sonrió, una sonrisa amarga, orgullosa, venenosa.
—Mi marca no es “lo que sea”. Es poder puro, Kael. Es destino.
Se giró finalmente, acercándose hasta quedar frente a frente.
—¿Sabes qué vi cuando casi moría? Vi el Éter… pero no el tuyo. No ese brillo bonito que cargas como si fueras un elegido. Lo que vi fue la verdad cruda. El caos. La esencia del poder sin cadenas.
Se tocó el pecho, donde aún ardía la marca oscura.
—El Guardián del Caos… eso es lo que soy.
Kael sintió un escalofrío.
—Shinro, eso no significa que tengamos que—
—Significa —lo interrumpió con fuerza— que tú y yo estamos destinados a destruirnos.
Solo uno encontrará el Éter, Kael. Solo uno será digno. Y te diré ahora mismo: será el más fuerte.
Shinro pasó por su lado con un empujón intencionado.
—Y no eres tú.
La Final del Torneo
Asterum despertó con rugidos de multitudes. La capital vibraba como un gigante vivo. 64 estudiantes, las escuelas restantes. Un coliseo preparado para una batalla sin reglas. Solo quedaría uno. La escuela del último en pie recibiría riqueza, prestigio y la entrada a los cuatro grandes gremios de aventureros de élite. Los reclutadores ya observaban desde palcos privilegiados, tomando notas. Kael, Ryn, Leon, Layra, Shinro y Densel se reunieron con Sania antes de entrar.
—Recuerden la formación —ordenó Sania—. Protección circular. No dejen espacios abiertos. No se separen. ¿Entendido?
—¡Sí! —respondieron todos… menos Shinro, que simplemente afiló la mirada.
Cuando entraron al campo, la arena vibraba de gritos.
¡COMIENZA EL BATTLE ROYALE!
Caos total
Los estudiantes se lanzaron unos contra otros en un torbellino de habilidades, armas y gritos.
Kael gritó:
—¡Posición! ¡Formación!
Se alinearon: Kael al frente, Ryn a su izquierda, Leon a su derecha, Densel atrás, Layra cubriendo puntos ciegos. Shinro… mirando la formación como si fuera una camisa arrugada.
—¿Qué haces? —le gritó Kael.
Shinro desenvainó su espada con una mueca burlona.
—No necesito que me cuiden. Ni voy a dejar que su mediocridad me ralentice.
—¡Shinro, no seas idiota! —agregó Layra.
Shinro se lanzó como un lobo liberado.
—¡El único que pisa mi camino soy yo mismo!
Y esa salida kamikaze rompió la formación. Como consecuencia inmediata… Dos estudiantes de la Escuela Norte aprovechaban el hueco.
—¡DENSEL, ATRÁS! —gritó Ryn.
Demasiado tarde. Densel recibió un impacto combinado y salió disparado fuera del área delimitada.
ELIMINADO.
—¡MALDITO, SHINRO! —chilló Leon.
—Que se aguante —respondió Shinro sin mirar atrás—. Si no puede sobrevivir, no merece estar aquí.
Ryn juró en voz baja:
—Te juro que un día te voy a partir la cara, pedazo de—
Pero no hubo tiempo. Todos se dispersaron
El relámpago cae — Hilias, el Golpe de Relámpago. Un destello azul cruzó la arena. Hilias apareció como si fuera una descarga viva. Uno de los mejores del torneo. Rápido. Preciso. Mortal.
—Ryn. Leon. Déjenme a mí este— comenzó Kael.
—Ni lo sueñes —dijo Leon con su sonrisa desafiante—. Esta pelea es nuestra.
Ryn se colocó al lado del compañero.
—Vamos a partirle los dientes.
Fue un combate brutal. Hilias se movía como si fuera electricidad viva. Ryn recibió un golpe en el estómago que lo dejó sin aire; Leon fue tomado del cuello y eliminado con un movimiento seco.
ELIMINADO.
Ryn apenas logró rodar y evitar la expulsión total.
—Kael… sigue. Yo… estoy bien… —dijo entre toses.
Kael apretó los dientes. No podía ayudarlo. No ahora.
Kael, estratega. Kael activó el Ojo de Madruk. Sus pupilas se afilaron y brillaron en dorado. El mundo desaceleró. Todo se volvió claro. Encontró un punto elevado en la arena y corrió hacia allí. Desde esa posición, controlaría el flujo de enemigos y maximizaría su tiempo. Aguantar. Resistir. Leer el campo. Sania lo observó orgullosa.
Shinro, por su parte, se plantó en el centro del campo, enfrentando a seis oponentes al mismo tiempo.
—No voy a usar la Marca del Caos —gruñó mientras giraba la espada—. Voy a demostrar que puedo destruirlos solo… para que quede claro quién es el mejor.
Su risa arrogante retumbó entre choques de metal. Y aunque Shinro era odioso… nadie podía negar su talento. Los seis se fueron debilitando rápidamente.
Layra avanzaba con elegancia y ferocidad… hasta que encontró a su rival. Cali. Seria, musculosa, mirada firme.
—Te estaba buscando —dijo Layra con una sonrisa desafiante.
Cali inclinó la cabeza.
—¿Por qué quieres enfrentarme?
Layra apretó los puños.
—Porque quiero ser la mujer más fuerte de este torneo.
Y para eso tengo que vencerte.
Cali negó suavemente.
—Entonces estás equivocada.
Layra frunció el ceño.
—¿Qué?
—No debes querer ser la mujer más fuerte.
Debes querer ser la más fuerte.
Punto.
Las dos se quedaron en silencio. El viento levantó polvo entre ellas.
Layra sonrió.
—Entonces empezaré contigo.
Cali adoptó postura.
—Ven cuando quieras.
La tensión final fue brutal. Un latido. Dos.