Kristen Whittaker y Dante Macade se conocen desde que tenían seis años. Se han odiado desde entonces. Un odio a primera vista que, con los años, solo se ha vuelto más divertido… y mucho más peligroso.
Porque Dante sabe exactamente qué decir para hacerla enfurecer, y Kristen sabe perfectamente cómo devolverle el golpe. Han crecido peleando, provocándose y jurando que jamás sentirían nada diferente el uno por el otro.
Hasta que una noche, algo entre ellos cambia.
Algo que ninguno de los dos esperaba. Algo que ambos creyeron que podían olvidar.
Pero no todo se olvida tan fácilmente.
Ahora Kristen tendrá que decidir si confía en Dante lo suficiente para descubrir qué significa realmente lo ocurrido entre ellos.
Porque quizá aquella noche no cambió solo su relación.
Quizá cambió todo.
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EL BESO DE CENICIENTA
KRISTEN WHITAKER
Creo que siempre recordaré este día como uno de los más accidentados de mi vida.
¿Comprenden que, después de conocer a Dante durante doce años enteros, mi vida fue un desastre solamente porque se mudó a la casa de al lado?
Bueno... este día fue peor.
Tina había ido a casa para hacer un trabajo de biología que nos habían pedido que hiciéramos en grupo. Hasta allí todo fue perfectamente normal, pese a que era una materia que había llegado a detestar porque el profesor era horrible.
Cuando terminamos, ya estaba anocheciendo. Tomé mis llaves y le avisé a mi madre que iría a acompañar a mi amiga a su casa y después iría a la heladería.
--Ve con cuidado. Cualquier cosa, me llamas
--Sí, mamá
Entonces salimos.
Yo estaba usando mis chancletas básicas, a prueba de todo. Unas comodísimas de color negro, un simple pantalón corto de jean y una blusa básica de tirantes en color azul.
Tenía un vestuario simple, desenfadado, casual y que se llevaba el premio en cuanto a comodidad.
Caminamos por varias calles hasta su casa y nos despedimos.
Después fui hacia la heladería. Pedí un cono de helado de fresa. Acababa de oscurecer cuando salí de allí, después de esperar mi turno. Creí que podría disfrutar mi helado con tranquilidad y después volver a casa.
Llegué a terminarlo y la tranquilidad se evaporó.
Tiffany se acercó a mí apenas puse un pie en la vereda y no estaba sola. Siempre acompañada de esas dos hienas dispuestas a hacer todo lo que ella les pidiera.
Pretendí seguir mi camino. No pude hacerlo.
--¿Ahora quieres escapar? Miren, chicas, luego de que me quitó a mi novio tiene miedo
Sus amigas soltaron esas risitas que había aprendido a odiar. Por algo las apodaban hienas, después de todo.
--Déjame en paz. No te quité nada-- Quise retirarme pacíficamente
Ella seguía frente a mí. No tenía intenciones de moverse.
Entonces miré su mano. La que contenía un gran refresco y que inclinaba hacia mí. Me aparté tanto como pude, aunque sentí que, desde la rodilla, se deslizaba esa bebida helada y mojaba el interior de mi chancleta.
Realmente, si inclinaba mi pie, escurría líquido. Qué asco.
Me quité la chancleta para que terminara de gotear tanto como fuera posible. Me negaba a ir a casa sintiendo plop, plop, plop debido al líquido.
Entonces Tiffany me empujó.
Lo demás ocurrió en un segundo y juro que actué por reflejo.
Acabé dándole un chancletazo en el rostro a Tiffany. Y en ese momento lo supe: estaba en problemas. Serios.
Podía enfrentarla, tal vez a dos, pero ¿a tres? Ni de broma sin recibir varios golpes y rasguños, porque las tres usaban uñas tan falsas como sus sonrisas.
Entonces solté la chancleta, empujé a dos y salí corriendo. Prefería ir con un pie descalzo antes que ser atrapada.
Obviamente, ellas no tardarían en seguirme. Doblé a la esquina. Corrí varios metros.
Ellas no estaban demasiado lejos. Mi ventaja era que estaban usando tacones y que no eran tan rápidas con ellos debido a ciertos desniveles en las veredas.
Actué sin pensar, por puro instinto, cuando vi a un hombre de espaldas en un pequeño callejón que era la parte trasera de una cafetería, donde tenían los contenedores de basura.
Me puse frente a él, le puse las manos en el cuello, lo atraje hacia mí y lo besé.
Prefería besar a un extraño que no volvería a ver mientras escuchaba si Tiffany y sus amigas estaban cerca. Cuando se alejaran, volvería a correr.
No contaba con que ese hombre en la oscuridad pusiera una mano en mi cintura y profundizara el beso. Le correspondí solamente porque no tenía más opción. Tampoco es que fuera un gran sacrificio porque no besaba mal, de hecho lo hacía diez veces mejor que Brian.
Todavía escuchaba los tacones de esas tres y, si él se alejaba, estaba en serios apuros.
Hasta que él bajó su mano e intentó tocarme el trasero. Me alejé, dándole un empujón por atrevido.
Cuando vi su rostro... quise morir.
--No me jodas, Dante-- Dije, indignada
Su sonrisa apareció y se acercó. Miró hacia abajo.
--¿Qué estás haciendo aquí y con un solo zapato?
--Es una historia...
Entonces escuché a esas tres acercarse, hablando entre ellas de que me encontrarían.
Abracé a Dante.
--Abrázame y cállate
Lo hizo, empujándome más hacia atrás para alejarnos de la luz de la calle.
Cuando se alejaron, yo lo empujé de nuevo.
--Quédate aquí. Iré a buscar tu zapato, o lo que sea eso que usas en el pie
--¿Cómo sabes dónde encontrarlo?
Lo vi sonreír con diversión.
--Sabes a fresa. Ya tengo la respuesta
--Idiota-- Murmuré
Me agaché junto a un contenedor y, cuando él llegó, lo hizo agitando mi chancleta perdida.
--Toma, Cenicienta
Me la puse, más que enfadada. Se suponía que besaría a alguien que jamás volvería a ver, pero ¿a Dante? No estaba en mis planes.
Entonces me alejé sin mirar atrás. Avancé tres calles sintiéndome una fugitiva hasta que su motocicleta estuvo a mi lado.
--Sube
--No creo que sea muy seguro
--Están muy molestas y no muy lejos de aquí
--Bien
Subí. No tuve opción.
Él condujo hasta su casa. Bajé sin siquiera usarlo de apoyo. Quise ir hacia mi casa, pero me sujetó por la muñeca.
--No hago favores gratis, Cenicienta
--¡Quisiste tocarme el trasero!-- Protesté
--Tú te me tiraste encima y me besaste. Yo seguí el juego sin saber que eras tú
--Eso no cambia nada. Además estaba actuando. Eran tres contra mí-- Me escuchó con una sonrisa y sin soltarme
--Me debes dos favores
--¿Dos? Uno puede ser por sacarme de allí. No dos
Se acercó un paso.
--¿Quién crees que hizo las copias sobre el maní?
--¿Fuiste tú?
Asintió orgulloso.
--Bien. ¿Qué quieres?
--Quiero que hagas mi trabajo de química. Si no me la quito de encima, tendré problemas. El otro es sencillo porque quiero que limpies mi habitación en el rancho
Lo miré. No sabía que salvarme de eso incluiría trabajos forzados. Obviamente, no me refería a química. Sino a limpiar su cuarto. Era la persona más desordenada que conocía.
--Bien. Tenemos un trato
Extendí mi mano.
--Un placer hacer negocios contigo, Cenicienta
Se fue a su casa riéndose.
Yo me quedé unos segundos parada allí, observando cómo desaparecía detrás de la puerta. Todavía podía sentir el calor de su mano en mi cintura y, por alguna razón que no quería analizar demasiado, también podía recordar perfectamente el beso.
Sacudí la cabeza. No tenía sentido pensar en eso. Había sido una situación desesperada, una idea absurda para librarme de Tiffany y sus amigas. Nada más.
Además, Dante no iba a dejarme olvidarlo fácilmente. Ya podía imaginar todas las bromas que haría cuando tuviera la oportunidad. Y yo no pensaba darle el gusto de saber que aquello me avergonzaba.
Entré a casa intentando comportarme como si nada hubiera sucedido. Mi madre no hizo demasiadas preguntas y agradecí que así fuera. Subí a mi habitación, dejé las cosas sobre el escritorio y saqué mis apuntes.
Acabé haciendo un trabajo de química que me resultó sencillo para no pensar en que había besado a mi peor enemigo. También me enfadé conmigo misma por no darme cuenta de que tuvo que ser él quien hizo una broma así. ¿Cómo fue que no lo supe? Además... ¿Por qué lo habrá hecho?
¿Tendría algo en contra de Brian? Lamenté no ser como Tina para saber el chisme completo. Pero también tuve que reconocer que mi amiga ni siquiera se había enterado de algo. Todo era muy extraño.
muy dramática yo