Ella pasa una noche apasionada y fruto de esa noche queda embarazada su madre hace todo lo posible por separarlos
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Capitulo 15
La discusión de la noche anterior dejó una tensión pesada en toda la mansión.
Aunque Isabella se había marchado antes de que Alejandro y su madre terminaran de hablar, las palabras de Úrsula no dejaban de darle vueltas en la cabeza.
Su madre había amenazado a Valeria.
Eso ya era terrible.
Pero Isabella conocía demasiado bien a Úrsula para creer que todo había sido tan simple.
Había algo más.
Algo que nadie estaba diciendo.
A la mañana siguiente, la mansión estaba extrañamente silenciosa.
Alejandro había salido temprano hacia el hospital.
Camila seguía encerrada en su habitación.
Y Úrsula tomaba su desayuno como si nada hubiera pasado.
Isabella decidió que no podía quedarse con la duda.
Caminó hasta la habitación donde Valeria estaba con Mateo y golpeó suavemente la puerta.
—¿Puedo pasar?
Valeria abrió.
Parecía un poco sorprendida.
—Claro.
Mateo estaba sentado en la cama jugando con unos bloques de madera.
Cuando vio a Isabella levantó las manos emocionado.
—¡Tía!
Isabella no pudo evitar sonreír.
—Buenos días, campeón.
Luego miró a Valeria.
—Estaba pensando… ¿te gustaría salir un rato?
Valeria frunció ligeramente el ceño.
—¿Salir?
—Sí.
Isabella se encogió de hombros.
—La tensión en esta casa está insoportable.
Miró a Mateo.
—Y creo que alguien aquí necesita aire fresco.
Mateo saltó de la cama.
—¡Sí!
Valeria dudó unos segundos.
Pero finalmente suspiró.
—Está bien.
Una hora después caminaban por una elegante avenida llena de tiendas.
Los escaparates brillaban con ropa elegante, juguetes y dulces.
Mateo caminaba entre ellas tomado de la mano de Isabella.
El niño miraba todo con fascinación.
—Mami mira… ¡un robot!
Señaló un juguete detrás de una vitrina.
Isabella rió.
—Ese niño tiene buen gusto.
Valeria sonrió suavemente.
Pero Isabella la estaba observando.
Sabía que detrás de esa sonrisa había tristeza.
Después de caminar un rato entraron a una pequeña cafetería.
Mateo estaba sentado feliz comiendo un pastel de chocolate.
Isabella lo miró unos segundos antes de hablar.
—Valeria…
Ella levantó la mirada.
—¿Sí?
Isabella apoyó los codos en la mesa.
—Quiero preguntarte algo.
Valeria sintió una pequeña tensión en el pecho.
—Depende de la pregunta.
Isabella suspiró.
—Ayer escuché parte de la discusión entre Alejandro y mi madre.
Valeria guardó silencio.
—Entiendo.
Isabella inclinó un poco la cabeza.
—Pero siento que falta algo.
Valeria bajó la mirada.
—¿A qué te refieres?
Isabella habló con calma.
—Mi madre dijo que te amenazó para que te alejaras de Alejandro.
—Pero tú no pareces una mujer que huya solo por eso.
Valeria no respondió.
Isabella continuó suavemente.
—Estás escondiendo algo.
El silencio se volvió pesado entre ellas.
Mateo seguía concentrado en su pastel sin prestar atención.
Valeria lo miró.
Sus mejillas estaban llenas de chocolate.
Y algo dentro de ella se quebró.
Respiró profundamente.
—Sí.
Isabella se enderezó un poco.
—¿Sí qué?
Valeria levantó la mirada.
Sus ojos brillaban con lágrimas.
—Hay algo más.
Isabella esperó en silencio.
Valeria tomó aire antes de hablar.
—El día que tu madre vino a hablar conmigo…
—yo ya sabía que estaba embarazada.
Isabella abrió los ojos lentamente.
—¿De Alejandro?
Valeria asintió.
—Sí.
Isabella miró automáticamente a Mateo.
El niño seguía comiendo su pastel feliz.
—Dios…
Valeria continuó con voz temblorosa.
—Tu madre no sabía que yo estaba embarazada.
Isabella volvió a mirarla.
—¿No?
Valeria negó.
—No.
Sus manos temblaban ligeramente.
—Pero yo sabía que me odiaba.
—Y también sabía de lo que era capaz.
Las lágrimas comenzaron a caer.
—Ese día me ofreció dinero para que desapareciera de la vida de Alejandro.
Valeria cerró los ojos un segundo.
—Y yo acepté.
Isabella la miró con sorpresa.
—¿Por qué?
Valeria respondió con sinceridad.
—Porque tenía miedo.
Se llevó una mano al pecho.
—Pensé que si tu madre algún día descubría que estaba embarazada…
su voz se quebró.
—me quitaría a mi hijo.
Las lágrimas corrían por su rostro.
—Así que tomé el dinero…
—y huí.
Isabella sintió que el corazón se le apretaba.
Valeria miró a Mateo con amor.
—Todo lo que hice fue para protegerlo.
Mateo levantó la cabeza confundido.
—¿Mami?
Valeria se secó las lágrimas rápidamente.
—Nada amor.
Isabella se levantó lentamente de la silla.
Caminó hacia Mateo.
Y lo abrazó con fuerza.
El niño rió.
—¡Tía!
Pero Isabella no lo soltó.
Sus ojos estaban húmedos.
Porque ahora lo entendía todo.
Ese niño…
era su sobrino.
Mateo la abrazó también.
—¿Por qué me abrazas?
Isabella lo apretó más fuerte.
—Porque eres muy importante.
Luego miró a Valeria.
Caminó hacia ella.
Y la abrazó también.
—No debiste pasar por todo eso sola.
Valeria rompió en llanto.
—No tenía a nadie.
Isabella negó suavemente.
—Ahora sí.
La miró con determinación.
—Y te prometo algo.
Valeria levantó la mirada.
Isabella habló con firmeza.
—Mi madre no volverá a hacerte daño.
Luego volvió a mirar a Mateo.
El pequeño seguía sonriendo inocente.
Pero Isabella sabía algo que él todavía no.
Ese niño…
era el hijo de Alejandro.
Y tarde o temprano…
la verdad iba a salir a la luz.