Ambición, aquella palabra que, si no se tiene cuidado, puede corromper hasta la persona más santa de todas. Este era el caso de Tomas, cuyo nombre clave era Bi-han, estaba destinado a ser el próximo gran maestro de su clan; no obstante, cometió el peor pecado que lo llevó directo a la muerte: la traición a la familia.
Ahora, en el limbo de los pecadores, frente al dios del destino, este le propondrá un trato para evitar su cupo seguro en el infierno: volver al pasado y evitar los errores que lo llevaron a su muerte; sin embargo, para eso deberá salvar a la mujer divorciada que dio a luz a dos hijos de los cuales nunca supo.
Sin saber cómo fue que estuvo con la madre de sus hijos, deberá emprender un viaje no solo a la redención, sino también para proteger a aquellos que ella dio a luz y cuyas venas corría su propia sangre.
¿Podrá el villano cambiar por la divorciada?
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CAPÍTULO 16
Mientras una lucha se libraba en la superficie del lago, otra lo hacía entre Tomás y los daemonios. Anika, sin poder hacer más nada, solo podía agachar la cabeza mientras seguía amordazada. El haber recordado aquello le rompió más su corazón, sobre todo porque su primer esposo era quien debía haberla protegido.
"¿Él alguna vez me amó?"
Fue la pregunta que se hizo al recordar la primera vez que lo vio, cuando su abuelo pudo acordar su matrimonio con él, semanas antes de que su único familiar muriera. Era tan apuesto, con una sonrisa amable; sin embargo, la opinión de sus padres, sobre todo de su suegra, valía más que cualquier posible, aunque pequeño, sentimiento que hubiera desarrollado por ella.
Sin saber que su destino, así como el de Félix, estaban misteriosamente unidos, aun sin conocerse, tenían a los dos hermanos gemelos luchando por ellos; sin embargo, la oscuridad almacenada en ambos, sobre todo en el corazón de Anika, provocaba que aquello fuera una ventaja para los daemonios. No obstante, en ese momento en donde estaban a punto de morir, su alma como la de Félix se encontraban unidas a ramificaciones del destino.
En las intrincadas redes del espacio-tiempo, donde existe un solo un dios mayor, el cual le dio potestad a dioses menores de manejar los distintos universos y mundos que se manejaban, hubo dos universos los cuales colisionaron a causa de una condena que generó un efecto mariposa.
Todo por una traición que el alma de un hombre, el cual fue designado a proteger a alguien que lo amó, cometió sin piedad alguna. Provocando una serie de reencarnaciones que no solo los afectaría a ellos o a las personas cercanas a sus distintas vidas, sino también a todos aquellos hijos que nacieran en sus reencarnaciones.
Aquella era una de las tantas verdades que la falsa santa sabía, ya que había sido partícipe en martirizar a aquel traidor; sin embargo, a causa de que los daemonios de su universo perdían fuerza, tuvo que pedir ayuda a otra subespecie daemoníaca de otro mundo. Pero aquello no fue fácil, puesto que implicó robarse una parte del dominio de las redes espacio-temporales.
—Sabes, eres guapo—dijo la falsa santa agarrando el brazo de cedric con fuerza—una vez que el miasma acabe con ellos tres, no me importaría hacerte mi amante.
—No gracias, me da asco una mujer pasada como tú—gritó aventándola contra la propia barrera de su fuego maldito—mi hermano está con ellos, estoy seguro de que los sacará pronto de allí.
Cedric corrió con fuerza para contraatacar antes que esa maldito mujer se recompusiera, si bien como paladín del dios del destino podía luchar contra daemonios de alto poder, a causa de que el dios perdía fuerza, así lo hacía su poder. Por eso debía moverse con cuidado, esperando que el fuego interior de su hermano liberara tanto a Anika como a Félix, las reencarnaciones de los hijos del hombre condenado por traición.
"Ya debería faltar poco para que Tomás queme la puerta"
Fue lo que pensó mientras luchaba contra la falsa santa, solo esperaba que, si sus cálculos seguían siendo correctos, al menos Félix o Anika pudieran recordar sus vidas pasadas. Solo esperaba que aquella experiencia cercana con la muerte no los destruyera con la presencia de Tomás, solo necesitaba que uno diera el paso, solo uno, para tener una ventaja aun mayor en la guerra que se estaba librando entre el cielo y la tierra.
Mientras tanto, Tomás terminaba de incinerar al último daimonio dentro de la iglesia. Era tanta su cólera que no midió la altura de sus llamas, provocando que todo el recinto comenzara a colapsar a causa de las llamas. Sin ver la situación de Anika, este levantó con furia al daimonio que tomó la forma del padrastro de esta para terminar de asesinarlo.
—Tú...¿De verdad quieres salvar la vida de un monstruo como ella?—preguntó el daemonio intentando defenderse.
—¿Por qué le dices monstruo?—interrogó Tomás asfixiándolo más fuerte.
—Porque esta vida que le tocó vivir es culpa de su herencia familiar—dijo antes de hacer cenizas—todo su sufrimiento es culpa de ella misma.
Tomás quedó atónito, no entendía nada. Se sentía tambaleándose en una red de araña, tanta información lo confundía, pero a la vez lo orientaba. Según lo que entendía, su primo como Anika estaban unidos por algo más y ese algo más, fue la razón verdadera por la cual el dios del destino lo había reencarnado en su pasado.
—No me importa si ella termina siendo la hija del mismísimo rey de los daemonios—dijo empezando a buscarla entre el fuego—ella es ahora la madre de mis hijos, ¡Es mía joder!
Comenzó a golpear un pequeño capullo que se había formado alrededor del cuerpo frágil de Anika, empeorando ya su complicada situación a causa de que su cuerpo físico estaba encerrado de por sí en una esfera. Si aquel lugar cerraba más su alma, sería difícil sacarla de allí.
No es de mi agrado, más no por eso es mala.
Estimada Autora, nada en contra de tu novela, por eso le doy un puntaje Exelente, es solo que prefiero dejar de leer, espero no te moleste mi comentario. Un cordial saludo 🫂.
lo que he leído no tiene nada de malo .