Noelia una chica que ha pasado por mucho desde muy pequeña, pero que también a logrado superarse. Podrá escapar se su destino? Será capaz de empezar de nuevo, lejos de la persona que le causó tanto dolor??
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Capitulo 16
Te puedes ir le digo a Tomás, ya ves no moriré, y le dedico una sonrisa.
— Lo siento no puedo llegar solo al hotel, tengo que dejarte de donde te saque.
—De verdad no hace falta, tomaré un taxi de regreso.
— Noelia es tu nombre, cierto.
— Como sabes mi nombre??
— Bueno para traerte acá, mi pareja busco entre tus cosas y ahí saque tus documentos. — me muestra mi billetera.
— No sabes lo mal que me siento, tu deberías estar con ella y no aqui conmigo.
— Él me dijo que te acompañara y te llevara de vuelta sana y salva.
—Él?? — eres....
— Si, soy gay. Y estamos de luna de miel. Francisco quedó al pendiente si ve a tu marido, le diría que estamos acá.
— Mi marido, mi marido se fue anoche con una caribeña quizás a donde— supiro.
— Qué pasó?? Primera pelea??
— No, ni siquiera se que pasó y si es nuestra primera pelea. Solo me dejó y se fue. Le pido que me diga y nada.
— Será que se arrepintió y no haya como decirlo??
— Se lo dije y en un arrebato le dije que nos divorciarnos, se puso furioso y me dijo que jamás me lo daría.
— Entonces no lo entiendo.
— Yo menos si soy su esposa.
A la media hora despues ya se había acabado el suero, Tomás fue por la enfermera que para que retirara la introvenosa.
La enfermera nos dijo que ya me podía ir, me tomara un buen desayuno y descansara.
Asentí, y dije que no volvería a beber si antes haber comido primero.
Llegamos al hotel, Tomás me llevaba tomada del brazo, yo aun estaba débil.
No fue más que dimos unos pasos dentro de hotel, cuando siento que me jalan del brazo.
—Qué haces tú, del brazo de otro hombre, acaso me estas engañando en nuestra luna de miel??—me dice Sebastián furioso.
— Primero deberias preguntar de donde viene tu esposa, si esta bien. Interrumpe Tomás.
Acaso no te da vergüenza decirle algo así cuando tu hueles a alcohol y perfume de mujer.
Sebastián se mira su ropa, me mira y me suelta. Se sintió avergonzado por reclamarme a mi, sin ver el estado en que él había llegado. Dio un paso atrás y se fue.
Tomás y yo fuimos a desayunar, en eso llega Francisco, era igual de agradable qué Tomás.
Tomás pidió de todo lo que había para que yo comiera.
Los miro y les digo.
— De verdad que los invidio, se ve el amor que se tienen.
Agachó la miraba, y las lágrimas caen.
—Mi luna de miel es un desastre.
Y no veo arreglo si Sebastián no me va a decir que le sucede. — les digo.
— Ya pero no te pongas triste, me dice Francisco.
Te propongo a que salgamos y nos divirtamos los tres, acá hay mucho por conocer.
— Si, además ese tonto de tu marido que se divierta solo — dice Tomás.
— Solo no creo, digo con tristeza.
De igual forma se los agradezco uds están de luna de miel. Y yo sería un mal tercio.
— Y que tiene de malo a que salgamos los tres a divertirnos??? La única parte donde no te podemos invitar es ir a la cama— dicho esto Francisco, los tres terminamos riéndonos a carcajadas.
Terminamos de desayunar y subimos nuestras habitaciones estaban en el mismo piso.
— Si algo pasa con tu marido solo corres donde nosotros. Ok.
— Esta bien Tomás y gracias también Francisco.
Les doy un abrazo y entro.
Sebastián estaba acostado durmiendo, lo cual agradecí, no queria discutir. Se notaba que se había duchado la ropa que traía puesta estaba tirada. La recojo, tal como le dijo Tomás, esta olía a alcohol, perfume de mujer y a tabaco.
En la habitación aun estaban las botellas qué me había tomado, llame a la mucama qué las retirara y de paso pedir que llevar a la lavandería la ropa de Sebastián.
Me acoste a su lado dándole la espalda, el estaba con el torso desnudo.
A pesar de haber desayunado bien, aun me sentía débil y somnolienta, de a poco me fui quedando dormida.
Estaba durmiendo, me despierto cuando siento una mano que me abraza a la cintura y siento la respiración en mi cuello, me quedo quieta, después un beso en mi oreja y siento como succiona el lóbulo de ella.
Me aparto de Sebastián.
— Acaso no quieres estar conmigo??
— No, hasta que me digas que esta pasando. Le digo, retandolo a que me diga algo.
No conseguí nada, se vistió y salió.
Al rato, tocan a la puerta. Era Francisco.
— Vengo por ti, para que vayamos almorzar y después pasearemos toda la tarde, qué te parece??
— Esta bien, deja que me cambie y nos vamos.
Así lo hice, me duche, me cambie de ropa y fui a la habitación de mis nuevos amigos.
Almorzamos en un restaurante a orillas de la playa. La comida era exquisita.
Ellos me contaron como se conocieron, Francisco es kinesiologo y Tomas fisioterapeuta, se habian conocido cuando los dos llegaron a trabajar al mismo hospital, ellos eran australianos.
Les conté en que trabajaba, como conocí a Sebastián y de lo que ha sido mi vida en general.
— Por lo que nos cuentas, el realmente te ama o te amaba por lo menos, ningún hombre en estos tiempo espera hasta el matrimonio para llevarte a la cama.— Dice Tomás.
—Eso puede pasar con un homosexual no asumido— dice Francisco.
Terminamos riendo de los que dijo Francisco.
Y así fueron pasando los días de mi luna de miel. Yo haciendo nuevos amigos y Sebastián haciendo quizás qué cosas.
Sebastián llegaba de madrugada, se duchaba y dormía mientras que yo salía todo el día con mis nuevos amigos.
Ya nos quedaba el último día. Mis amigos me aconsejaron qué intentara por última vez hablar con él.
Si no conseguía nada, cuando volvieramos será mejor que me divorciara.
Seguí sus consejos, ese día no salí.
Sebastián como era costumbre después se ducharse se acostaba.
Como todos los días hacia los mismo, el salir todas la noches eso le estaba pasando la cuenta y durmió más que otro días.
Ese dia pedí servicio a la habitación, temia qué Sebastián se despertara y se fuera nuevamente.
Seguí los consejos de mis amigos. Que me pusiera algo sexy, cosa que al verme bajara la guardia.
Me vestí con un conjunto de ropa interior blanca de encaje y una bata del mismo color traslúcida.
Estaba un poco nerviosa, en el frigobar habia una botella se vino. La abrí y me serví una copa. Ya me había tomado dos copas y este no despertaba.
Fui al balcón para refrescarme un poco.
Me giro y lo veo entrar al baño. El condenado había despertado.
Las dos copas habían surtido efecto.
Tomé valor y me metí en el baño, el estaba lavando su cabello, la espuma corría por su cuerpo. Sin previo aviso rodeo mis brazos a su cintura. Acariciando su abdomen marcado. Bajo una mano llegando a su virilidad, puedo sentir como reacciona a mis caricias.
El se voltea me mira como estoy vestida, me acorrala contra la pared.
— Qué que quieres Noelia.
— A ti, Sebastián Conrad.
Dicho eso el se apodera de mi boca, podía sentir en el beso qué me daba una rabia acumulada. Muerde mi labio haciendolo sangrar.
Luego lleva una mano a mi zona íntima, mete su mano por debajo de mi tanga.
Me acaricia se tal forma, qué los gemidos no se hicieron esperar.
— Esto quieres, te gusta?? — me decía al oído, pero en su voz seguía siendo con rabia.
No dije nada, lo aparte y salí de ahí. Me saque la ropa mojada y me puse una bata de baño.
Me serví una nueva copa vino.
Él salió del baño envuelto en una toalla a la cintura.
— Me vas a decir que te pasa, tanto te molesta tocarme??? Te doy asco acaso??
Él se queda viendo, no dice nada, busca ropa y empieza a vestirse.
— Porque no contestas maldita sea!!
Le digo llorando. —Tu actitud me esta matando.
— Si no me amabas lo suficiente, porque te casaste conmigo?? Dime!!!
Él seguía sin decir nada.
— Esta bien no digas nada, ya entendí.
Camino hacia el balcón, con una copa de vino, me la tome de un solo sorbo. Me subo al borde del balcón.
Él se acerca y me dice.
—Baja de ahí, por favor, te puedes caer.
— Y que si me caigo, estarias feliz de que algo me sucediera. Ya no tendrías que lidiar con una esposa a la que no quieres.
— No digas eso y baja de ahí.
— Me bajare, pero no porque tu me lo dices, sino porque quiero otra copa se vino.
Me bajo, el trataba se sujetarme y no permito que me toque.
Camino hacia adentro y me tropiezo cayendo con la copa en la mano, la que se rompe haciendo un corte en la mano.
Me retorcí del dolor.
Sebastián, me toma y me sienta en la cama, gotas de sangre caían en la alfombra. El corrio al baño en busca de una toalla y envuelve mi mano ensangrenatada.
—Tengo que llevarte al hospital. Esto no se ve bien.
Él se vistió lo más rápido que pudo.
—No iré a ningún lado, llama a Tomás el sabrá que hacer. En el 513 lo encontraras.
Él hace lo que le digo.
Tomás llega corriendo.
— Cariño, qué te paso?? — alarmado de ver toda la sangre en la alfombra.
— Cariño?? — dice Sebastián con la madivula apretada.
Tomás revisa el corte, me dice que no es profundo, qué con una sutura adhesiva sanará bien.
Tomás llama a Francisco y le pide que traiga el botiquín.
Al parecer Sebastián esperaba que llegara una mujer, por la forma cariñosa qué la llamo Tomás.
Cuando Francisco entra con el botiquín, su semblante cambio. Dejo de estar con la mandivula apretada.
Los chicos se fueron, Sebastián dio las gracias.
Tomás, le dijo que será que me cuide mejor.
Sebastián no salió, me ayudo a ponerme una pijama y me acosto.