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Mi marido tenía otra familia

Mi marido tenía otra familia

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Mujer despreciada / Amante arrepentido
Popularitas:332
Nilai: 5
nombre de autor: Vivi

Durante cinco años, creí que tenía al marido perfecto. Le abrí las puertas de mi familia, le confié la empresa de mi padre y soñé con tener un hijo con él.
Hasta que descubrí quién era la mujer que cuidaba a mi padre.
Había sido su esposa. Tenían un hijo. Y ninguno de los dos pensaba contármelo.
Mientras yo intentaba salvar nuestro matrimonio, ellos preparaban su salida.
Ahora me toca fingir. Sonreírle a mi marido. Tenerla a ella cerca. Dejar que ambos crean que sigo sin enterarme de nada.
Porque no pienso salir de esta historia con las manos vacías. Quiero saber qué hicieron con el dinero de mi familia, recuperar mi lugar y decidir cómo termina mi matrimonio.
Esta vez, las decisiones las tomo yo.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Capítulo 15. Detrás de la puerta del armario

Renata miró la pantalla y después a Valeria.

No podían fingir que era otra persona.

El hombre que esperaba abajo era su marido. Había estado durmiendo junto al sofá para que ella no se cayera. Ahora tenía la mano levantada hacia el portero del edificio de su amante.

Valeria la tomó del brazo.

—Ven.

Renata se dejó llevar unos pasos antes de sentir una rabia tan absurda que casi se soltó.

¿Por qué tenía que esconderse ella?

Era su esposa. La mujer que no debía estar allí no era ella. Podía quedarse en medio de la sala y esperar a que se abriera la puerta, ver qué cara ponía Damián cuando las encontrara juntas.

Después él hablaría.

Encontraría algo que decir sobre aquella visita, sobre lo que ella hacía allí, sobre lo que acababa de entender. Renata todavía estaba viendo la pantalla. No estaba preparada para escuchar su voz.

Valeria abrió un armario.

Renata miró el espacio entre la ropa. Tuvo que hacerse a un lado para entrar. La bolsa rozó una prenda y la apartó con la mano, demasiado consciente del ruido que podía hacer cualquier cosa.

Valeria cerró.

Quedó una ranura por la que entraba luz.

Renata se quedó inmóvil. Tenía ropa cerca de la cara y poco sitio para colocar los pies. Podía salir si quería. Bastaba empujar la puerta y terminar con lo que iba a ocurrir.

No la empujó.

Oyó a Valeria abrir. El saludo de Damián llegó con una claridad que le hizo apretar los dientes.

No estaba hablando como en una junta. No usaba el tono cordial con que recibía al personal de Bellaria. Era una voz que Renata conocía de cerca, de momentos en los que creía que no necesitaba compartir a su marido con nadie.

Oyó que se aproximaban.

Se colocó para mirar por la ranura.

Damián apareció en su campo de visión. Un pedazo del cuerpo primero, después la cara cuando se volvió hacia Valeria. Se acercó a ella sin esperar una presentación, sin la cautela que había usado al tocar a su esposa delante de las visitas.

Le pasó un brazo por la cintura.

Valeria se dejó acercar.

Renata vio cómo la besaba.

No fue un roce que pudiera confundirse con un saludo. Damián le sostuvo el cuerpo junto al suyo y volvió a buscarle la boca. La mano se movió con una confianza que a Renata le hizo sentir frío debajo de la ropa.

Ya conocía aquel lugar. Ya conocía a esa mujer.

Por supuesto que la conocía. Era lo que Renata había ido a averiguar. Había pagado clases, buscado un abogado, revisado fotos. Pero ninguna de esas cosas la había preparado para verlo besarla sin que la escena pareciera tener nada de excepcional para él.

Se llevó una mano a la boca.

Le faltó aire. Intentó tomarlo por la nariz, despacio, y el esfuerzo le hizo notar lo cerca que tenía la tela. No quería que le oyeran respirar. Menos aún que el ruido que le subía por la garganta se convirtiera en un sollozo.

Valeria apoyó una mano en el pecho de Damián.

Él volvió a inclinarse.

Renata apartó los ojos un segundo. La oscuridad del armario no le quitó lo que acababa de ver. Solo la dejó con el sonido.

Volvió a mirar.

Era la misma boca. Las mismas manos que habían cortado el pastel, colocado el plato delante de ella, acomodado una manta junto al sofá.

Su marido no necesitaba elegir qué hombre ser antes de entrar en una casa. Le bastaba saber qué mujer lo esperaba dentro.

Maldito cabrón.

No pudo decirlo. Tenía que seguir sin hacer ruido en medio de la ropa de Valeria.

Ella lo apartó un poco.

—Hoy no.

Damián levantó la cara.

—¿Qué pasa?

—Se me adelantó la regla.

Renata lo miró reaccionar. Había ido a acostarse con ella. La excusa interrumpió el movimiento con el que la tenía cerca y lo obligó a pasar a otra cosa.

Valeria habló con suavidad. Le dijo algo sobre cómo se sentía, se acercó lo suficiente para no convertir la negativa en un rechazo y volvió a apartarlo cuando él quiso continuar.

Lo estaba manejando.

Renata lo vio aceptar aquello, protestar apenas, dejar que la conversación siguiera por un camino que no terminaba en una cama.

No había una discusión por la presencia de su esposa. No había una decisión pendiente sobre ella.

No existía dentro de ese departamento.

Damián dijo algo que hizo sonreír a Valeria. Renata se quedó mirando aquella sonrisa, sin saber cuánto era parte de la escena que necesitaba sostener y cuánto le había salido sin esfuerzo.

No quería preguntárselo.

Las piernas empezaban a dolerle por la postura. Cambió un poco el peso y la ropa crujió a su lado.

Se detuvo.

Nadie miró hacia el armario.

Renata no volvió a moverse. Ya no sabía cuánto tiempo llevaba allí. El tiempo no avanzaba como cuando una esperaba a alguien: cada gesto de su marido ocurría entero, sin que pudiera saltarse el siguiente.

Valeria lo acompañó hacia la salida.

Renata dejó de verlos y tuvo que escuchar.

Las voces se alejaron. La de Damián volvió a acercarse un momento. Una despedida. Otro sonido del que ella no quiso hacerse una imagen.

Después se cerró la puerta.

Renata siguió quieta.

Oyó los pasos de Valeria de regreso y vio que la luz se ensanchaba cuando abrió el armario.

No se movió enseguida.

La otra mujer se apartó para dejarla salir.

Renata empujó una prenda y salió con cuidado. Necesitó apoyar una mano para recuperar la posición de las piernas. Le avergonzó necesitar algo del departamento que acababa de ver convertido en un lugar tan familiar para su marido.

Valeria quiso decirle algo.

—Espera —la cortó Renata.

La voz le salió baja, extraña después de tanto tiempo sin usarla.

Se colocó la bolsa y miró hacia la puerta por la que Damián se había ido. Esperaba sentir solamente rabia. Tenía también una debilidad en el cuerpo que la enfurecía más. Él había entrado, había besado a otra mujer y había salido. Ella tenía que aprender otra vez a quedarse derecha.

Valeria le acercó agua.

Renata no la tomó.

—¿Siempre es así?

No supo qué estaba preguntando hasta oírse. Si llegaba sin avisar. Si la besaba del mismo modo. Si le hablaba con aquella voz.

Valeria la miró y no le dio una respuesta destinada a hacerla sentir mejor.

—Ya viste.

Renata apretó la correa de la bolsa.

Sí. Había visto.

No había un ángulo que corrigiera aquel beso. No podía venir alguien del club a explicarle que se trataba de otro hombre. Nadie había recortado una foto para ponerla en una tarjeta.

Había estado allí.

Miró a Valeria de frente.

—Te voy a ayudar con el puesto.

La otra mujer permaneció quieta.

Renata necesitó tomar aire antes de seguir. No quería que le temblara la voz al llegar a la parte que importaba.

—Pero vas a ayudarme a demostrar lo que está haciendo. No a esconderme para que tenga que verlo una vez más.

Valeria asintió.

Renata no le dio las gracias. No estaba agradecida por la forma en que había conseguido que Damián se fuera. Había hecho falta una mentira sobre su cuerpo para conservar una mentira mucho más grande.

No quería deberle nada que no estuvieran nombrando.

Volvieron a la mesa.

Esta vez Renata se sentó. No para comer ni para aceptar un vaso de agua. Sacó el teléfono y lo puso delante de ella, con la pantalla hacia arriba.

Tenían que saber dónde y cuándo podían encontrarlo con Valeria, sin darle tiempo a inventar una razón distinta para estar allí.

La otra mujer conocía sus costumbres. Damián evitaba mostrarse con ella en público. Era cuidadoso al escoger los lugares donde se veían.

Renata la dejó hablar.

Ahora cada detalle tenía un uso. Había algo que podía hacer con el hecho de que su marido no pasara la noche en aquel departamento, con su preferencia por sitios donde no tuviera que explicar a quién acompañaba.

Prepararían un encuentro en un hotel.

Ella llegaría cuando los dos estuvieran dentro.

Valeria le avisaría.

Renata repitió lo necesario para asegurarse de que estaban hablando de lo mismo. Ninguna prometió confianza ni amistad. Tenían un acuerdo que las dos podían entender sin fingir que ya no importaba todo lo demás.

Al levantarse, miró por última vez el armario.

La puerta seguía abierta. La ropa había vuelto a ocupar parte del espacio donde había estado su cuerpo.

Recogió el teléfono y salió.

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