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Los Protegeré

Los Protegeré

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Venganza
Popularitas:364
Nilai: 5
nombre de autor: Leandro Martin Diaz

En un pequeño orfanato una niña no sabe que será una de los pocos sobrevivientes y quién era como su madre da la vida par aque ellos puedan escapar.
Decidida y con una promesa echa a la lus de luna, jura proteger a quienes sobrevivieron y a los que la necesiten.

NovelToon tiene autorización de Leandro Martin Diaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 15: La Trampa Parte 1

El bosque ya no parecía el mismo.

Los cuatro aventureros avanzaban con cuidado entre los árboles, siguiendo las huellas que habían encontrado después de descubrir los cuerpos de las criaturas.

Ninguno hablaba demasiado, desde hacía varios minutos tenían la sensación de que algo los observaba.

El más joven del grupo, un hombre de cabello oscuro llamado Rian, apartó una rama y miró hacia delante.

—No me gusta esto.

La mujer que caminaba detrás de él soltó una pequeña risa nerviosa.

—Llevas diciendo eso desde hace veinte minutos.

—Y cada vez tengo más razón.

Nadie se rio esta vez.

A su alrededor había señales de que algo había pasado recientemente. Algunos árboles estaban partidos, la tierra estaba removida y había manchas de sangre sobre las hojas.

El líder del grupo, Darven, se agachó junto a una de las huellas.

—Estas marcas son recientes.

—¿De qué criatura?

—No lo sé.

Rian miró hacia los árboles.

—¿Y si regresamos?

Darven negó lentamente con la cabeza.

—Primero tenemos que informar al gremio.

Sacó un pequeño cristal de comunicación de una bolsa que llevaba en el cinturón.

—Si esto realmente está ocurriendo en toda la zona, Orven necesita saberlo.

Los demás se acercaron.

—¿Crees que podremos comunicarnos desde aquí?

Preguntó la mujer.

—Eso espero.

Darven sostuvo el cristal entre sus manos y comenzó a concentrar mana.

Una pequeña luz apareció dentro del cristal.

Entonces un gruñido profundo resonó entre los árboles.

Todos se quedaron quietos.

El sonido había venido desde delante, sin más se escuchó otro.

Y otro.

Rian levantó lentamente su espada.

—Eso no es un lobo.

Las sombras entre los árboles comenzaron a moverse.

Primero apareció una criatura.

Tenía el cuerpo parecido al de un lobo, pero era demasiado grande para ser uno normal. Sus patas eran gruesas y sus garras dejaban pequeñas marcas en la tierra. Sus ojos permanecían clavados en los aventureros.

Luego apareció otra.

Y otra.

Darven bajó lentamente el cristal.

—Guárdalo.

—Pero.

—Ahora.

El cristal desapareció dentro de la bolsa.

En cuestión de segundos, había criaturas rodeándolos.

—¡Formación!

Gritó Darven.

Los cuatro se colocaron espalda contra espalda.

La mujer levantó su escudo.

—¿Cuántas?

Rian observó alrededor.

—Demasiadas para contarlas.

—Perfecto.

Murmuró ella.

—Justo lo que necesitábamos.

Una de las criaturas gruñó y bajó el cuerpo.

Darven levantó la espada.

—No ataquen hasta que se acerquen.

La criatura saltó.

—¡Ahora!

El grupo reaccionó al mismo tiempo.

Darven dio un paso adelante y desvió el ataque con su espada. La criatura pasó junto a él, mientras Rian aprovechaba la apertura para lanzar una descarga eléctrica que la obligó a retroceder.

Otra bestia intentó entrar por el lado izquierdo.

La mujer levantó el escudo.

¡CLANG!

El impacto la hizo deslizarse varios centímetros sobre la tierra.

—¡Son fuertes!

—¡No dejes que rompan la formación!

El cuarto aventurero, un hombre de cabello gris llamado Bel, extendió ambas manos.

—¡Viento!

Una corriente de aire golpeó a tres criaturas y las hizo retroceder.

—¡Tenemos espacio!

Darven aprovechó la oportunidad.

—¡Avancen!

Los cuatro dieron varios pasos hacia el claro.

Durante unos segundos pareció funcionar.

Una criatura cayó después de recibir un golpe de Rian.

Otra retrocedió ante el escudo.

Bel utilizó ráfagas de viento para mantener a varias alejadas.

Pero entonces algo extraño ocurrió.

Las criaturas dejaron de atacar.

Todas al mismo tiempo.

Darven frunció el ceño.

—¿Qué están haciendo?

Nadie respondió.

Los monstruos simplemente permanecieron alrededor de ellos.

Algunos levantaron la cabeza.

Otros giraron hacia diferentes direcciones.

Rian tragó saliva.

—¿Están... esperando?

Un rugido profundo respondió desde el fondo del bosque.

Las criaturas comenzaron a moverse nuevamente.

Pero esta vez no atacaron al azar.

Dos avanzaron por el frente.

Tres se desplazaron hacia la izquierda y las otras cerraron la abertura que los aventureros habían conseguido.

Darven comprendió lo que estaba ocurriendo.

—Nos están empujando.

—¿Qué?

—No quieren matarnos aquí.

Bel miró hacia el bosque.

—Quieren llevarnos a algún sitio.

Un nuevo rugido resonó.

Las criaturas atacaron.

Darven bloqueó una mordida y giró sobre sí mismo para golpear a otra.

Rian lanzó una descarga.

La mujer recibió un impacto en el escudo y retrocedió.

—¡Darven!

—¡Estoy bien!

—¡No, no lo estás!

Una criatura había conseguido superar su defensa y otra estaba a punto de alcanzarlo.

Bel levantó ambas manos.

—¡Abajo!

Darven se agachó.

Una ráfaga de viento pasó por encima de su cabeza y golpeó a las dos criaturas.

—¡Gracias!

—¡Luego me agradeces!

Rian miró hacia la bolsa de Darven.

—¡Tenemos que mandar ese mensaje!

Darven asintió.

—¡En cuanto tengamos espacio!

—¡No tendremos espacio si seguimos aquí!

Como si las criaturas hubieran entendido sus palabras, comenzaron a cerrar el círculo.

Los cuatro retrocedieron.

Un paso.

Otro.

Otro más.

Hasta que Darven sintió un árbol detrás de su espalda.

Se giró.

—Maldición.

Habían sido empujados hasta una zona donde los árboles estaban mucho más juntos.

La formación comenzaba a romperse.

—¡No se separen!

Gritó.

Una criatura apareció entre dos árboles.

Rian la atacó antes de que pudiera saltar.

La espada golpeó su costado y la hizo retroceder, pero otra apareció inmediatamente detrás.

—¡Hay demasiadas!

Rian apenas tuvo tiempo de levantar el arma.

La bestia se lanzó.

El escudo de la mujer apareció entre ambos.

¡BOOM!

El impacto la hizo caer de rodillas.

—¡Estoy bien!

—¡Eso no parecía estar bien!

—¡Concéntrate!

Bel lanzó una ráfaga de viento.

La criatura salió despedida y chocó contra un árbol.

Pero otras tres ocuparon inmediatamente su lugar.

Darven respiraba cada vez más rápido.

No porque estuviera cansado.

Porque estaba empezando a entender la verdadera gravedad de la situación.

Cada vez que derrotaban a una criatura, otras ocupaban su lugar.

No parecían agotarse y lo peor era que estaban avanzando en una sola dirección.

Hacia el interior del bosque.

—Tenemos que romper el cerco.

Dijo Darven.

—¿Cómo?

—Por la derecha.

Bel miró hacia allí.

—Hay demasiadas.

—Entonces abriremos un camino.

Darven levantó su espada.

—A la cuenta de tres.

Las criaturas gruñeron.

—Uno.

Rian preparó una descarga.

—Dos.

Bel reunió viento alrededor de sus brazos.

—¡Tres!

Los cuatro atacaron.

El viento golpeó primero.

Rian lanzó una descarga eléctrica sobre las criaturas que intentaban acercarse.

La mujer avanzó con el escudo por delante.

Darven entró detrás de ella y golpeó con precisión.

Durante unos segundos consiguieron abrir una brecha.

—¡Ahora!

Corrieron.

Cinco pasos.

Diez.

Quince.

Parecía que finalmente habían conseguido escapar.

Hasta que un sonido enorme sacudió el bosque.

¡GRRRRAAAAH!

Algo mucho más grande apareció entre los árboles.

Los cuatro se detuvieron.

Frente a ellos había una criatura enorme, de cuatro patas, con una musculatura que hacía parecer pequeñas a las anteriores.

Rian bajó lentamente la espada.

—Eso... no estaba antes.

Darven apretó los dientes.

—No.

La criatura dio un paso.

El suelo tembló ligeramente.

La mujer levantó el escudo.

—¿Qué hacemos?

Darven miró hacia atrás.

Las otras criaturas ya estaban cerrando el camino.

Delante tenían a la criatura gigante.

Detrás, una horda.

Bel respiró profundamente.

—Creo que ahora sí tenemos un problema.

Darven miró el cristal de comunicación que seguía guardado en su bolsa.

Todavía podía enviar el mensaje.

Pero necesitaría unos segundos de tranquilidad.

Y acababan de quedarse sin ellos.

La criatura gigante abrió la boca.

Los demás monstruos comenzaron a gruñir.

Entonces todas avanzaron.

Los aventureros levantaron sus armas.

—¡No se separen!

Gritó Darven.

—¡Resistimos juntos!

El choque llego y el escudo recibió el primer impacto.

Rian lanzó una descarga.

Bel creó una corriente de viento que desvió a varias criaturas.

Darven golpeó una, luego otra, y tuvo que retroceder cuando la criatura gigante lanzó una de sus patas contra él.

El golpe no llegó a alcanzarlo, pero destrozó el suelo donde había estado un instante antes.

—¡¿Qué demonios es eso?!

Gritó Rian.

—¡No lo sé!

—¡Pues averígualo después!

Una criatura saltó sobre Bel.

Darven la derribó antes de que pudiera alcanzarlo.

—¡Bel!

—¡Estoy bien!

—¡Deja de decir eso!

El grupo continuó luchando.

Pero la presión aumentaba.

Cada vez tenían menos espacio.

Cada vez gastaban más mana.

Y cada vez resultaba más evidente que no podían permanecer allí mucho tiempo.

Darven consiguió abrir una pequeña distancia entre ellos y las criaturas.

Miró a sus compañeros.

Luego miró la bolsa.

El cristal seguía dentro.

—Necesito enviar el mensaje.

La mujer entendió inmediatamente.

—Te cubrimos.

—No sé cuánto tardaré.

—Entonces hazlo rápido.

Rian se colocó delante de él.

—Nosotros nos encargamos.

Darven retrocedió unos pasos y sacó el cristal.

Lo sostuvo entre ambas manos.

Comenzó a concentrar mana.

Una luz tenue apareció en su interior.

Las criaturas rugieron.

Rian levantó la espada.

—¡No los dejen acercarse!

Bel extendió los brazos.

—¡Los tengo!

La mujer ajustó el escudo.

—¡Entonces envía ese maldito mensaje!

Darven cerró los ojos.

La magia comenzó a fluir hacia el cristal.

Pero justo en ese momento, las criaturas dejaron de atacar.

Todas giraron la cabeza hacia un mismo punto del bosque.

Los cuatro aventureros también miraron.

Algo se acercaba.

Algo mucho más grande.

Darven abrió los ojos.

—¿Qué está pasando...?

Desde las profundidades del bosque llegó un rugido que hizo estremecer las ramas.

Las figuras ocultas observaban desde lejos.

Una de ellas sonrió.

—Ahora.

La otra respondió tranquilamente.

—Esto apenas comenzo.

El rugido volvió a atravesar el bosque.

Esta vez fue tan potente que varias aves abandonaron las ramas y una lluvia de hojas cayó sobre los aventureros.

Durante unos segundos, nadie se movió.

Darven observó el lugar de donde había venido el sonido.

A su lado, Rian mantenía la espada en alto, mientras Bel intentaba recuperar el aliento. La mujer Mara que usaba el escudo tenía una rodilla apoyada en el suelo, pero se incorporó lentamente.

—Eso fue más grande que todo lo que hemos encontrado hasta ahora.

Murmuró Rian.

Darven asintió.

—No tenemos tiempo para descubrir qué es.

Las bestias volvieron a avanzar.

Esta vez no se lanzaron, sino que se separaron alrededor del grupo, ocupando los espacios entre los árboles.

Darven entrecerró los ojos.

—Están cerrando el paso.

—¿Para atacarnos?

Preguntó Bel.

—No.

Miró hacia el sendero que quedaba detrás.

—Nos obligan a ir hacia algún sitio.

Mara ajustó el agarre de su escudo.

—Entonces decidamos nosotros hacia dónde.

Darven señaló una zona elevada al este.

—Tenemos que llegar allí. Desde arriba podremos ver el terreno y encontrar una salida.

Rian soltó una sonrisa.

—Eso suena mejor que esperar a que ellos decidan por nosotros.

—Entonces abre el camino.

Rian no necesitó más.

Se adelantó y concentró su mana en la espada. Una fina corriente eléctrica recorrió el metal.

Una de las bestias se abalanzó.

Rian esperó hasta el último momento.

Entonces giró y descargó la energía contra el suelo.

La corriente se extendió por la tierra húmeda y alcanzó las patas de la criatura asiendo que perdiera estabilidad y cayera de lado.

—¡Por aquí!

Los demás aprovecharon la abertura.

Bel extendió ambas manos.

—¡Apartaos!

Una corriente de aire atravesó el sendero, levantando una cortina de polvo y hojas. Las criaturas que intentaban acercarse quedaron desorientadas durante unos segundos.

Darven señaló el desnivel.

—¡Ahora!

Mara con su escudo fue la primera en avanzar.

Dos criaturas salieron de entre los árboles.

Ella no intentó enfrentarlas directamente.

Clavó el borde del escudo en el suelo y utilizó todo su peso para bloquear el espacio.

—¡Pasen!

Darven y Bel cruzaron.

Rian fue el último.

Una de las criaturas consiguió encontrar un hueco.

Mara giró el escudo y la obligó a desviarse.

—¡Rian!

Él entendió inmediatamente.

Se agachó y pasó por debajo del borde del escudo.

—Gracias.

—Después.

Mara volvió a colocarse en posición.

—¡Muévanse!

Los cuatro alcanzaron la parte elevada.

Darven observó el terreno desde allí.

Y su expresión cambió.

—Tenemos un problema.

Rian miró hacia abajo.

—¿Otro?

—Muchos.

Desde aquella posición podían ver algo que antes permanecía oculto.

Las criaturas no estaban llegando solamente desde un punto.

Habían formado varios grupos.

Algunos se desplazaban por el norte.

Otros por el oeste.

Y varios se estaban acercando desde el sur.

Bel comprendió lo que estaba viendo.

—Nos están encerrando.

Darven asintió.

—Exactamente.

La mujer miró alrededor.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

—Muy poco.

Rian apretó la mandíbula.

—Entonces tenemos que atravesar uno de los grupos antes de que cierren el círculo.

Darven señaló el oeste.

—Por allí hay menos.

Bel negó.

—No.

Los otros lo miraron.

—¿Qué?

Bel señaló una zona cubierta por árboles.

—No hay suficientes huellas.

Darven observó con atención.

Tenía razón.

El terreno parecía despejado, pero casi no había rastros.

—Es una trampa.

Comprendió.

—Sí.

Bel cerró los ojos durante un instante.

—El viento está cambiando allí. Hay algo moviéndose detrás de esos árboles.

Rian miró a Darven.

—Entonces descartamos el oeste.

Darven señaló el norte.

—Por allí.

La mujer frunció el ceño.

—Hay más criaturas.

—Sí.

—¿Y aun así quieres ir?

—Porque hay un arroyo.

Bel entendió.

—Podemos seguirlo hasta salir del área.

Darven asintió.

—Pero primero necesitamos romper el cerco.

La mujer levantó el escudo.

—Entonces hagámoslo.

El grupo descendió por el otro lado de la elevación.

Esta vez no buscaban derrotar a cada enemigo que apareciera. Su objetivo era avanzar.

Rian se encargó de las criaturas que intentaban cortarles el paso.

Su estilo era rápido y preciso. No desperdiciaba energía persiguiendo a ninguna criatura que se retirara, solo intervenía cuando una amenaza podía alcanzar a uno de sus compañeros.

En una ocasión, una bestia logró colarse por un costado.

Rian no llegó a tiempo.

Bel sí.

El aventurero giró la muñeca y creó una corriente de aire que desvió al animal justo cuando estaba a punto de abalanzarse sobre Darven.

—Te debo una.

—Mejor recuérdalo.

Darven sonrió brevemente.

—¡Al arroyo!

Mara avanzaba detrás de ellos.

Su tarea era diferente.

No buscaba derribar enemigos.

Protegía la retirada.

Cada vez que alguno quedaba expuesto, ella ocupaba el espacio entre él y las criaturas.

Un movimiento preciso de su escudo podía cambiar completamente la dirección de un ataque y abrir un segundo de ventaja.

Gracias a eso, el grupo llegó hasta el arroyo.

Darven se detuvo.

—¡Aquí!

El agua descendía entre las rocas y desaparecía entre los árboles.

Bel se arrodilló.

Tocó la corriente.

—Podemos seguirla.

Rian miró hacia atrás.

—Ellos también.

El sonido de las ramas quebrándose se acercaba.

Darven sacó el cristal de comunicación.

—Entonces este es el momento.

Mara lo miró.

—¿Cuánto tardarás?

—No mucho.

—Eso dijiste antes.

—Esta vez lo digo en serio.

Rian se colocó delante.

—Nosotros te cubrimos.

Bel miró el cielo entre las ramas.

—Puedo levantar una corriente alrededor de nosotros. No detendrá a todos, pero debería dificultarles el paso.

Mara apoyó el escudo en el suelo.

—Y yo mantendré abierto el acceso al arroyo.

Darven asintió.

—Hagámoslo.

Bel comenzó a reunir mana.

El aire empezó a girar alrededor del grupo.

No era una tormenta.

Era un flujo constante que desviaba hojas, polvo y pequeñas ramas.

Las primeras criaturas intentaron atravesarlo y terminaron perdiendo el equilibrio.

—¡Ahora!

Gritó Bel.

Mara avanzó un paso.

Una criatura apareció frente a ella.

En lugar de buscar derribarla, colocó el escudo de lado y aprovechó su propio impulso para desviarla hacia una zona rocosa.

Otra quiso aprovechar el hueco.

Mara giró sobre sí misma.

El borde del escudo chocó contra el suelo.

La criatura tuvo que apartarse.

—¡No pasarás!

Mientras tanto, Rian se encargaba de los enemigos que lograban superar la barrera de viento.

Una criatura consiguió acercarse demasiado a Darven.

Rian apareció desde un costado.

La hoja de su espada quedó a pocos centímetros de la criatura.

Una descarga eléctrica recorrió el terreno.

La bestia quedó inmóvil el tiempo suficiente para que Rian la apartara del camino.

—¡Sigue con el mensaje!

Darven no dijo nada.

Estaba completamente concentrado.

El cristal comenzaba a iluminarse.

Una pequeña esfera de luz apareció sobre su superficie.

—Vamos...

El mensaje necesitaba unos segundos más.

Y entonces llegó el verdadero problema.

La criatura enorme apareció entre los árboles.

El viento de Bel perdió fuerza durante un instante.

Todos la vieron.

Era mucho más grande que las demás.

Su presencia hizo que las criaturas menores se apartaran.

Rian bajó lentamente la espada.

—Eso no me gusta.

Darven miró el cristal.

—Todavía no.

La criatura dio un paso.

El suelo vibró.

Bel respiró profundamente.

—No puedo detener algo así durante mucho tiempo.

La mujer levantó el escudo.

—No necesitas hacerlo.

Los otros la miraron.

—Solo necesitamos que tarde unos segundos.

La enorme bestia se lanzó.

Mara se plantó frente a ella.

El impacto sacudió todo el claro.

El escudo resistió.

La aventurera fue arrastrada varios metros, dejando una marca profunda en la tierra, pero no cayó.

—¡Darven!

Él seguía concentrado.

—¡Ya casi!

La criatura volvió a avanzar.

Rian se preparó.

—¡Bel!

—¡Lo sé!

Bel liberó todo el viento que había reunido.

La corriente golpeó el suelo delante de la bestia y levantó una nube de polvo.

Rian aprovechó ese instante.

No intentó vencerla.

Corrió hacia un lado y lanzó una descarga contra un árbol cercano.

La electricidad recorrió una rama cargada de humedad y provocó que esta cayera justo delante de la criatura.

El monstruo tuvo que detenerse.

—¡Ahora!

Gritó Rian.

Darven abrió los ojos.

El cristal brilló intensamente.

—¡Mensaje enviado!

Durante un segundo, los cuatro permanecieron en silencio.

Lo habían conseguido.

Pero la criatura ya estaba atravesando el polvo.

Darven guardó el cristal.

—Nos vamos.

Mara recuperó el escudo.

Bel apenas podía mantenerse en pie después de haber gastado tanta energía.

Rian respiró profundamente.

—¿Hacia dónde?

Darven señaló el arroyo.

—Siguiendo el agua.

Los cuatro comenzaron a alejarse.

Detrás de ellos, las criaturas volvieron a moverse.

Sin embargo, ahora los aventureros tenían algo que antes no tenían.

Tiempo.

Habían conseguido enviar el mensaje.

Y en algún lugar de Ardentia, alguien estaba a punto de recibirlo.

El sonido de las ramas quebrándose volvió a escucharse entre los árboles.

Elia levantó la cabeza justo a tiempo para ver una criatura saltar desde la copa de un árbol. Su cuerpo parecía el de un felino enorme, aunque tenía dos pares de patas delanteras y los ojos brillaban con un tono amarillento.

—¡Arriba!

Gritó uno de los aventureros.

Elia giró sobre sí misma y levantó la espada.

La criatura cayó sobre ella.

—¡Agáchate!

Elia se inclinó.

Una flecha pasó por encima de su cabeza y golpeó a la criatura en pleno salto. El monstruo perdió el equilibrio y cayó varios metros más adelante.

—¿Estás bien?

Preguntó la mujer que había disparado.

—Sí.

—Perfecto. Entonces no te quedes quieta.

La mujer volvió a tensar el arco.

—Soy Lena.

Señaló rápidamente a los otros tres.

—El grandote es Barek. El de la capa azul es Soren y el de la espada corta es Tavian.

—¡No soy un grandote!

Protestó Barek mientras levantaba su enorme martillo.

—Soy... de complexión fuerte.

—Eres un grandote.

Respondió Tavian.

—Ahora no es momento.

El suelo tembló.

Barek dejó de protestar.

—Ah. Eso sí.

De entre los árboles comenzaron a aparecer más criaturas.

Una.

Dos.

Cinco.

Después fueron demasiadas para contarlas con facilidad.

Elia sintió que su respiración se aceleraba.

Aquello ya no parecía una coincidencia.

Los monstruos no estaban llegando desde una sola dirección. Algunos aparecían por el norte, otros entre los árboles del oeste y varios descendían desde una pendiente al este.

Era como si estuvieran cerrando un círculo.

—Nos están rodeando.

Dijo Tavian.

Soren observó el bosque mientras una corriente de viento comenzaba a girar alrededor de sus brazos.

—No.

Todos lo miraron.

—¿No?

—Nos están encerrando.

Una criatura salió disparada desde los arbustos.

Soren levantó una mano.

—Magia de viento *Corriente Cortante*.

Una ráfaga golpeó al monstruo de lado y lo lanzó contra un tronco.

—Quieren que vayamos hacia algún lugar.

Continuó.

Elia miró detrás de ellos.

La dirección que los monstruos estaban dejando libre coincidía con el camino que habían recorrido antes.

—Entonces no quieren que salgamos.

—Eso parece.

Respondió Lena.

Una especie de rugido hizo vibrar las hojas.

Barek sonrió.

—Bueno. Si quieren encerrarnos, tendrán que ser bastante fuertes.

Clavó el martillo en el suelo.

—¡Barrera de tierra!

La tierra se levantó formando una pequeña muralla frente al grupo justo cuando tres criaturas cargaron contra ellos.

Los golpes hicieron temblar la barrera.

—¡Lena!

Gritó Tavian.

—Ya voy.

La arquera disparó tres flechas consecutivas.

Una.

Dos.

Tres.

Cada flecha alcanzó a una criatura diferente, obligándolas a retroceder.

Elia aprovechó el espacio.

Extendió una mano.

—¡Fuego!

Tres pequeñas bolas de fuego aparecieron frente a ella.

Las lanzó una detrás de otra.

La primera explotó contra el suelo.

La segunda golpeó a una criatura en el pecho.

La tercera pasó entre dos monstruos y estalló detrás de ellos, obligándolos a retroceder.

—¿Tú puedes hacer eso?

Preguntó Tavian, sorprendido.

Elia no respondió.

Ya estaba moviéndose.

Corrió hacia un árbol, apoyó un pie sobre el tronco y saltó hacia una rama.

Desde allí volvió a impulsarse.

Una criatura intentó alcanzarla.

Elia giró en el aire y creó una flecha de agua.

—¡Flecha mágica!

La flecha salió disparada y golpeó la pata del monstruo.

No buscaba derrotarlo.

Solo hacerlo perder el equilibrio.

La criatura cayó.

Elia aterrizó sobre otra rama.

—¡Está aprendiendo rápido!

Exclamó Barek.

—No la distraigas.

Respondió Lena.

Tavian soltó una pequeña risa.

—Creo que no necesita que la distraigamos.

Elia saltó nuevamente.

Pero esta vez no estaba sola.

Soren extendió ambas manos.

—¡Ahora!

Una corriente de viento recorrió el bosque.

Elia sintió cómo la fuerza del aire impulsaba su cuerpo.

Aprovechó el empujón.

Saltó más lejos.

Su espada apareció en su mano.

Una criatura enorme se interpuso en su camino.

Elia cruzó la espada frente a su cuerpo.

El monstruo atacó.

Ella bloqueó y el impacto la hizo retroceder varios metros.

Sus pies dejaron dos surcos en la tierra.

—¡Elia!

Gritó Tavian.

Elia apretó los dientes.

La criatura volvió a lanzarse.

Entonces una figura de luz apareció entre ambos.

Parecía un felino grande, formado completamente por energía blanca y dorada.

Se abalanzó sobre el monstruo y lo hizo girar en el aire.

Elia parpadeó.

—¿Una invocación?

Lena sonrió.

—No eres la única que sabe invocar.

El felino mágico rugió y golpeó al monstruo con las patas delanteras.

Soren levantó una ceja.

—Lena siempre hace eso cuando quiere presumir.

—Y tú siempre hablas cuando nadie te pregunta.

—Es uno de mis talentos.

Elia casi sonrió.

Pero el momento duró poco.

El bosque volvió a estremecerse.

Esta vez no fue por una criatura pequeña.

Algo enorme avanzaba entre los árboles.

Los troncos se movían a su paso.

Una rama cayó.

Después otra, asta que una sombra apareció enfrente.

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