Lía fue criada para obedecer.
En Sierra Oscura, nadie desafiaba a Damián Velasco, el Alfa que convertía lobos jóvenes en armas y llamaba ley a sus cadenas. Lía era su ejecutora más perfecta: fría, letal, incapaz de temblar... hasta que le entregaron a Mateo Rojas, un prisionero con el lobo sellado y una sangre de Alfa que nadie debía reconocer.
El primer roce de su aroma lo cambió todo.
Mateo no era solo otro cautivo. Era su pareja destinada. Y Velasco lo supo antes que ellos.
Atados por un juramento de sangre y castigados con acónito cada vez que intentan desobedecer, Lía y Mateo deberán sobrevivir a la manada que los quiere rotos, a una atracción que duele como una herida abierta y a una verdad capaz de incendiar todos los territorios: ella no nació para servir al rey oscuro, y él no nació para arrodillarse.
Cuando la luna reclame lo que es suyo, Lía tendrá que elegir entre seguir siendo el arma de un Alfa cruel... o marcar al enemigo que su loba ya reconoció como hogar.
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Capítulo 15
Capítulo 15: Mío ante todos
El regreso a Sierra Oscura fue una ejecución aplazada.
Nadie lo dijo.
Todos lo olieron.
Kaia entró al pack courtyard con la ropa manchada de sal y sangre, Nico apoyado en Mateo, y cinco Omegas que no deberían estar vivos. Beta Cruz caminaba detrás con un rostro tan cerrado que parecía tallado en piedra. Gamma Salazar llegó después, demasiado tranquilo, demasiado limpio.
Los Warriors se reunieron alrededor.
Soria ya estaba allí.
Por supuesto.
—Qué escena tan conmovedora —dijo el Elder—. La Enforcer vuelve con basura de otro territorio y un cautivo cojeando como si fuera héroe.
Mateo sintió a Nico tensarse bajo su brazo.
—¿Ese habla siempre así? —susurró Nico.
—Cuando respira.
—Qué pena.
Soria bajó los escalones hacia ellos. Su scent estaba cargado de perfume caro, pero debajo Mateo olió satisfacción. El Elder había esperado esto.
Los Omegas liberados fueron colocados cerca de la fuente seca, bajo la mirada de dos Warriors de Cruz. No entendían las reglas exactas de Sierra Oscura, pero sí entendían el teatro. Todos los packs tenían una versión: el acusado en el centro, los rangos altos alrededor, los débiles mirando para aprender qué pasaba cuando alguien desobedecía.
Kaia lo entendió también.
Por eso no se puso detrás de Cruz.
Se quedó delante de los Omegas.
Mateo olió el cambio en el patio. Primero curiosidad. Luego fastidio. Luego algo más filoso cuando algunos wolves jóvenes reconocieron a los liberados no como carga, sino como prueba viva de que los Elders podían ser tocados.
Soria también lo olió.
Por eso sonrió con dientes.
—Kaia —dijo—, el Alpha quiere explicaciones.
—Las tendrá.
—No de ti.
La mirada de Soria cayó sobre Mateo.
—De él.
Mateo soltó a Nico con cuidado.
—Si quiere preguntar, pregunte.
Soria sonrió.
—No confundas tolerancia con permiso para hablar, cachorro.
El patio se quedó quieto.
Cachorro.
La palabra no era grave por sí misma. Pero en la boca de Soria llevaba otra cosa: despojo. Rebajar a un Alpha bloodline a cosa joven, a juguete, a cuerpo que se podía corregir.
Mateo levantó la barbilla.
—No confunda perfume con autoridad, Elder.
Varios Warriors inhalaron a la vez.
Kaia se movió.
No hacia Mateo.
Hacia Soria.
—Está bajo mi protection circle.
Soria se volvió hacia ella.
—Está bajo custodia. No confundas cadenas con derechos.
—El Alpha me lo entregó.
—El Alpha puede retirártelo.
—Hasta que lo haga, nadie lo toca.
El murmullo subió por el patio como fuego seco.
Soria abrió los brazos para incluir a todos.
—Escuchen bien. Nuestra Enforcer ha decidido que un prisionero extranjero, un supuesto heir sin manada, vale más que las órdenes que la alimentaron desde niña.
Kaia no se movió.
Mateo sintió la frase entrarle a ella como una hoja fina. Alimentaron. Esa era la palabra que Sierra Oscura usaba para cobrarse cualquier migaja. Te dimos cama. Te dimos rango. Te dimos nombre. Ahora paga con la garganta.
Su wolf chocó contra el sello.
*No.*
Mateo apretó los dientes.
Kaia habló con voz clara.
—Sierra Oscura no me alimentó. Me entrenó. Hay diferencia.
Varios Warriors bajaron la mirada.
No por sumisión.
Porque sabían que era verdad.
Soria perdió un poco de sonrisa.
—Te dio un lugar.
—Me dio una jaula con mejor puerta.
El patio entero sintió el golpe.
Mateo también.
No porque la frase fuera bonita. Porque era irreversible. Una cosa dicha en privado podía negarse. Una cosa dicha frente a Warriors, Omegas y un Beta quedaba viva en el territorio.
Soria ya no estaba corrigiendo a una Enforcer.
Estaba conteniendo una grieta pública.
Mateo sintió el bond tensarse, no por dolor esta vez, sino por algo mucho más difícil de soportar: orgullo. Kaia estaba haciendo lo que había hecho antes, sí. Protegiéndolo con las palabras de Velasco. Pero esta vez había público. Omegas. Warriors. Elders. Nico, con sangre seca en la boca y los ojos muy abiertos.
Soria se acercó un paso.
—¿Nadie?
Kaia no retrocedió.
—Nadie.
—¿Ni un Elder?
—Especialmente un Elder que olvida dónde termina su mano.
El patio dejó de respirar.
Mateo vio el golpe venir en el scent antes que en el cuerpo de Soria. Ira húmeda, vieja, podrida.
Soria levantó la mano.
Mateo se movió.
Kaia también.
Pero antes de que alguno tocara al otro, el bond reaccionó como una cuerda tensada al límite. El oath, confundido por la amenaza, ardió. Mateo sintió el acónito abrirse, pero debajo de eso algo más antiguo empujó hacia afuera.
Su aura.
No completa.
No libre.
Una grieta.
Suficiente.
El aire del patio se hundió.
Tres Warriors bajaron la cabeza antes de darse cuenta.
Un Omega cayó de rodillas.
Nico murmuró:
—Casa bonita...
Mateo no había hecho nada.
Solo había querido que Soria no tocara a Kaia.
Su sangre respondió.
Soria se detuvo.
No fue un rugido. No fue una orden. Mateo ni siquiera abrió la boca.
Pero su presencia llenó el patio con el sabor de tormenta sobre mar oscuro. Algo pesado, antiguo, real. Los wolves de rango bajo lo sintieron antes de comprenderlo. La nuca se les inclinó. Las manos buscaron equilibrio. Un Warrior de Soria dio un paso atrás y luego miró sus propios pies, avergonzado.
Mateo también se asustó.
Porque no había querido dominar a nadie.
Solo había querido proteger a Kaia.
Y su sangre, rota y sellada, había dicho lo mismo en un idioma que todos los wolves entendían.
Kaia giró hacia Mateo, los ojos pálidos abiertos apenas.
Beta Cruz dejó de fingir indiferencia.
El silencio se volvió peligroso.
Entonces Velasco habló desde el balcón.
—Qué interesante.
Todos bajaron la cabeza.
Mateo no pudo.
No al principio.
El command no había caído, pero el aura del Alpha Velasco llenó el patio como humo negro. La grieta en el sello de Mateo se cerró de golpe. El acónito mordió. Su rodilla casi cedió.
Kaia dio un paso lateral, colocándose entre él y el balcón.
El gesto fue mínimo.
Todos lo vieron.
Velasco también.
—Kaia —dijo el Alpha—. Tu protection circle se está volviendo ruidoso.
—Lo corregiré, Alpha.
—No. —Velasco sonrió—. Hoy no.
Soria bajó la mano lentamente.
La humillación le cambió el olor.
Mateo guardó ese scent en la memoria.
Velasco miró a los Omegas liberados.
—Encárguense de ellos.
Kaia se tensó.
Velasco ladeó la cabeza.
—Con cuidado. Son evidencia ahora.
Los Omegas fueron llevados por Warriors de Cruz, no de Soria. Otro detalle. Otra grieta.
Nico se inclinó hacia Mateo.
—¿Siempre te metes en problemas cuando no estoy?
—Peor cuando estás.
—Me halaga.
Kaia se acercó a ellos.
—Cállense los dos.
Nico sonrió con sangre en los dientes.
—Sí, Enforcer.
Mateo miró a Kaia.
—¿Mío ante todos?
Ella lo atravesó con una mirada helada.
—Protection circle.
—Claro.
—No sonrías.
—No estoy sonriendo.
Nico soltó una risa y luego gimió por el dolor.
Desde el balcón, Velasco seguía mirando.
Mateo sintió el peso de esa mirada sobre la nuca y, por primera vez, no solo lo aterrorizó.
También le confirmó algo.
El Alpha había visto la grieta.
Y si la había visto, intentaría cerrarla antes de que se convirtiera en puerta.
Porque lo que ellos no ven es que una niña de 6 años no tiene poder para decidir si quiere no convertirse en una asesina....
Ah pero buenos para exigir A los demás