El silencio en la Catedral no era de devoción, sino de asfixia. Frente al altar, dos herederos de familias rivales se miraban, no con amor, sino con el frío reconocimiento de quienes han sido convertidos en peones. Mientras el sacerdote iniciaba los votos, el peso del deber familiar sellaba un destino que ninguno de los dos eligió, transformando el día de su boda en el inicio de su mutuo cautiverio.
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Espero que no te metas en líos
Un mes después, Rosario y Dante volvieron a la casa de cuna, ya que habían sido llamados por la directora de esa institución.
Buen día, su solicitud ha sido aprobada, desde este momento, Ángel es su hijo.
¿De verdad?, dijo Rosario, esperanzada.
Claro, en seguida se lo traen.
Rato después, Alma entró con un bebé en brazos.
Aquí está Ángel, en este papel está escrito el día en que llegó aquí, es el mismo día en que nació. Solo tienen que firmar este documento, en él consta que Ángel queda formalmente, adoptado.
Gracias, doña Emelina.
De nada, estamos para servirles.
Rosario y Dante salieron felices con Angelito en los brazos.
Compraron una casa hermosa a las afueras de la ciudad. Ahí se instalaron y compraron todo lo necesario para acondicionar el cuarto de Ángel.
Desde hoy, este será tu cuarto, y esta casa, nuestro hogar.
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En la mansión, Natasha estaba distraída viendo por la ventana, añoraba esos días en que iba a la universidad. En cambio, ahora estaba, prácticamente, secuestrada.
Aunque estaba arreglada y perfectamente maquillada, su mirada reflejaba una tristeza profunda, sin embargo, ella no se dejaba vencer y seguía adelante con su vida.
Blanca llamó a la puerta...
El patrón la espera en el despacho, dijo ella sin más preámbulos.
Ella salió sin decir nada, iba bajando las escaleras cuando de pronto, sintió un mareo profundo, Blanca la sostuvo y la ayudó a sentarse en el rellano.
Ahí estuvo un rato hasta que se le pasó.
¿Quiere que llame al médico?, dijo Blanca, tratando de ser amable.
No es necesario, ya me siento bien.
Nati se levantó y fue al despacho de Damián.
¿Qué pasa, Damián?
Mañana tenemos una junta, necesito que te portes a la altura de las circunstancias, tú vas a dirigir el menú, quiero algo sencillo, pero sabroso, que todos alaben la comida que se sirve aquí.
¿Y eso a mí en qué me beneficia?
Mira, Natasha, aquí se hace lo que yo diga, en esa caja está el vestido que quiero que te pongas.
Está bien, ¿algo más?, dijo ella con sorna.
Es todo, esmérate en la cocina, ya puedes irte.
Al día siguiente, la reunión fue un éxito, todos alabaron el menú y a Natasha.
Damián logró que los invitados firmaran el contrato que le redituaría muy buenas ganancias.
Él era muy bueno para eso de las cuentas, movía un número aquí y otro allá, y se hacía de mucho dinero. Él no era precisamente un dechado de virtudes, hacía sus movimientos falsos. Claro, sin que su padre se diera cuenta de nada.
Las armas que tenía escondidas en el baño ya las había cambiado de lugar, sabía que Natasha sabía de su existencia, pero se hacía el desentendido, sabiendo que ella no era peligrosa.
Esa misma noche, él entró al cuarto justo cuando se estaba cambiando.
Sin darle tiempo a nada, la tomó por la cintura y terminó de quitarle el vestido, a tirones, sin importarle lo que le había costado.
Con manos toscas le agarró las bubis y las apretó e hizo todo lo que le dio la gana ignorando a Natasha que le pedía que parara.
Pero él, lejos de pararse, le arrancó la parte de abajo de su ropa interior.
La aventó a la cama y se desnudó por completo.
Tomándola por el cabello la obligó a que tomara su miembro con la boca.
Ella lo hizo porque él la estaba lastimando mucho.
Rato después, él estalló en su boca, le dio la vuelta en la cama y luego la poseyó salvajemente, haciéndolo gritar de satisfacción.
Cuando recobró el aliento, se vistió y se fue a su cuarto.
Tenían más de tres meses que no dormían juntos, a Damián le molestaba que ella se moviera mucho en la cama.
Ella se quedó inmóvil en la cama, nunca había tenido un orgasmo con él. Solo lo complacía porque no le quedaba otra opción, él disfrutaba con ella, pero ella no sentía nada, solo el dolor.
Además, en su mente solo estaba Aldair, no lo había vuelto a ver.
"Tal vez esté muerto", pensó.
Ella se levantó y se dio una ducha, pero al salir sintió un ligero mareo, se agarró de la pared para no caer, pero eso no sirvió y fue con toda su humanidad a caer al suelo.
Blanca entró rápido al escuchar el golpe.
Al verla tirada en el suelo corrió a hablarle a Damián.
¿Qué pasa?, ¿acaso no sabes tocar la puerta?, dijo Damián, molesto.
Perdón, pero es que la señora está tirada en el suelo.
Damián fue de inmediato, la cargó y la puso en la cama. Luego, llamó a su médico de cabecera.
El médico la checó y rato después, salió a dar la noticia.
Felicidades, la señora está embarazada, dijo sin más ni más.
Damián no esperaba una noticia así, tenía poco que había salido de la cuarentena y apenas había estado con ella en dos ocasiones.
¿Está seguro, doctor?, solo tiene un mes que salió de... Damián se detuvo en seco, no sabía hasta qué punto podía confiar en ese doctor.
¿La cuarentena?, dijo el doctor. Es obvio que ella dio a luz, ¿dónde está el bebé?
Es algo que a usted no le incumbe, gracias por su tiempo. Damián le extendió un sobre. Sus honorarios, dijo.
El doctor tomó el sobre y se despidió amablemente, aunque llevaba la certeza de que ese hombre ocultaba algo.
Ya no quiso ahondar más en ese asunto y salió, con permiso, dijo y se fue.
Damián lo observó por la ventana, "espero que no te metas en líos", dijo para sí mismo.