NovelToon NovelToon
Nuestro Destino 1 El Comienzo

Nuestro Destino 1 El Comienzo

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:78
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Una chica que cree en el amor… incluso cuando el amor no cree en ella.
Después de enamorarse de alguien que nunca cambió, descubre la verdad de la peor forma: a través de sus propias amigas. Aun así, decide no romperse, no cerrarse… porque, en el fondo, sigue creyendo que en algún lugar existe ese amor que siempre soñó.
Entonces aparece él.
Un chico marcado por su propio pasado, que también conoció el dolor, pero que en lugar de rendirse… se volvió más fuerte. Más decidido. Más real.
Cuando sus caminos se cruzan, algo cambia.
No es inmediato.
No es perfecto.
Pero es diferente.
Con la ayuda de quienes los rodean, comienzan a acercarse, a confiar… a sentir algo que ninguno de los dos esperaba volver a vivir.
Sin embargo, el pasado no se queda atrás tan fácilmente.
La exnovia de él está decidida a interferir, intentando arruinarlo todo durante un momento clave: el baile.
Pero esta vez…
Las cosas no serán como antes.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Me despierto temprano, para ir con mi mamá a comprar ropa, pero primero tenía que desayunar y bañarme para bajar.

Ya tenía el desayuno hecho para mí, hija, cuando escucho que ya viene para acá.

—Hola, mamá, buenos días y ¿papá dónde está?

—Hola, hija, ya se fue muy temprano, tu papá tenía una junta hoy.

—Bueno, ya terminé, solo voy rápido por mis cosas y te alcanzó en el carro.

Llegamos un poco más rápido que ayer, dejo el carro donde siempre me estacionó. Nos bajamos para ir a las tiendas.

—Mamá, me voy a comprar cuatro mallas de color negro, blanco, café y beige.

—Ok hija, tú busca la ropa que tú quieras.

Fui viendo la demás ropa, pero ninguna fue de mi agrado, así que fui a pagar lo que tenía para llevarme.

Nos fuimos a otra tienda, donde había más ropa.

Encuentro blusas, camisas de todos los colores y me llevo una de cada una, también veo una blusa de tirantes y me la llevo igual que las demás —solo falta los pantalones de mezclilla y unos guaraches—le digo a mi mamá. —Pero primero hay que ir a comer.

—Mamá, yo quiero comer unos hot dogs.

—Pues vamos a buscar donde venden, ya se me antojaron unos.

Íbamos caminando por el centro, hasta que encontramos donde venden hot dogs—hija ya encontré uno.

—Hay que ir mamá.

—Ok hija. —Cruzamos la valla para sentarnos.

—Buenas tardes, ¿cuántos van a querer? —saluda la camarera del lugar.

—A mí me puede dar cuatro.

—¿Con todo o sin verdura?

—Sin verdura, señorita, por favor.

—Yo quiero dos con todo y separados, por favor—pide mi mamá.

—En un momento se los traigo. —y se va.

—Gracias.

Una vez que nos trajeron nuestros pedidos empezamos a comer. Terminado, pagamos y nos fuimos a la zapatería a comprar los guaraches.

Escogí tres pares de cada uno de los diferentes modelos, para ver cuál me quedaba y elegí unos guaraches bonitos.

Nos fuimos por sus tenis, aunque ya tiene muchos, pero hay uno que quiere y no sabe que su papá ya sabía cuál era y se lo van a comprar.

Veo los tenis de calavera que tanto quiero yo.

—Hija cómprate otros tenis diferentes.

—Ok mamá, me voy, compró unos tenis y veo uno de color gris, que me hacían falta aparte de los tenis de calavera.

Cuando llegamos a la casa ya se encontraba mi marido adentro esperando a que regresáramos.

—¿Qué haces tan temprano en la casa papá?

—Pues tengo un regalo princesa, sube a tu cuarto.

Perfecto, aquí sí voy a respetar tu historia pero agregando un poco más de palabras, emoción y fluidez para que se sienta más intensa sin cambiar lo que pasa.

Subí rápido, casi corriendo, con el corazón latiéndome más fuerte de lo normal. No sabía exactamente qué esperar… pero la emoción ya me tenía sonriendo sola.

Abrí la puerta de mi cuarto y dejé las bolsas a un lado sin prestarles mucha atención.

Y entonces lo vi.

Ahí estaban.

Los tenis.

Los mismos que había visto, los de calavera… los que tanto quería.

Y justo a un lado… la patineta en forma de corazón.

—No puede ser… —susurré, acercándome lentamente, como si fueran a desaparecer.

Sentí cómo se me iluminaba la cara.

En ese momento, mi mamá entró al cuarto.

—Hija… yo también tengo una sorpresa.

Volteé de inmediato, todavía con la emoción en el pecho.

Y cuando vi lo que traía…

Otra patineta.

También en forma de corazón.

Solté una pequeña risa, feliz, sincera.

—Era lo que me hacía falta…

Mis ojos se fueron directo a mis cosas.

—Ya tenía las protecciones… y el casco de calavera… —dije, casi para mí misma— ahora sí… ya tengo todo.

Sentí una emoción tan bonita… de esas que no necesitas explicar.

—Hija, te dejamos para que guardes tus cosas —dijo mi mamá con una sonrisa.

—Está bien.

Guardé todo con cuidado, como si fueran pequeños tesoros. Luego me cambié rápido de ropa.

No podía esperar más.

Quería salir.

Quería sentir el aire, moverme, despejar la mente.

Bajé casi corriendo.

—¿Puedo salir a patinar mientras está lista la cena? —pregunté, con una sonrisa que no podía ocultar.

Mi mamá me miró unos segundos.

—Sí, hija.

—Yo voy contigo —dijo mi papá—. Ya es de noche.

Hice una pequeña mueca, pero luego asentí.

—Ok, papá…

Subí de nuevo a mi cuarto, tomé una de mis patinetas y mi mochila.

—¿Qué llevas ahí? —preguntó mi papá, curioso.

Antes de que respondiera, mi mamá intervino:

—Son las protecciones de nuestra hija, siempre guarda todo.

Sonreí un poco.

—También llevo mis herramientas de patineta, papá.

Él asintió, orgulloso.

—Así me gusta.

—Acompañaré a mi princesa al parque —dijo mi papá.

Yo lo miré con esa cara que decía claramente: ¿en serio?

—Ay, papá… siempre desconfiando —le dije—, como si no me conocieras. Ya viste, hasta mamá se enojó contigo.

Mi papá se quedó pensando un momento.

—¿Y ahora qué voy a hacer…? —murmuró.

Lo miré mientras patinaba.

Y entonces… se me ocurrió una idea.

Lo vi sacar su celular, como si estuviera grabándome. Sonreí un poco.

Cuando terminé, me acerqué.

—Papá… se me ocurrió algo.

Él levantó una ceja.

—¿Qué?

—¿Por qué no le compras un ramo de rosas a mamá?

Se quedó en silencio un segundo.

—No es mala idea… hija.

De repente me cargó y empezó a darme vueltas.

—¡Papá! —reí— ¡ya bájame!

Pero después de unas vueltas…

—Papá… ya… me estoy mareando…

—Ok, ok —rió—. Dobla las rodillas y baja la cabeza, se te va a pasar.

Hice lo que me dijo, tratando de recuperar el equilibrio.

Y entonces lo escuché.

—Oye, amigo… ¿tienes flores rosas y rojas?

Levanté la mirada un poco.

—Sí tengo unas cuantas, ¿por qué? —respondió la voz del otro lado.

—Mándamelas todas a mi casa.

Sonreí.

Sabía exactamente lo que estaba pasando.

—No me digas que metiste la pata…

—Sí… —respondió mi papá—. Y también mándalas con una nota.

Me quedé completamente en silencio, escuchando.

—Pon atención… —dijo él— va así…

Mi corazón empezó a latir más rápido.

—Ya sé que soy un gilipollas… que siempre meto la pata con la gente que amo… pero tú y nuestra hija son lo más importante de mi vida… quiero que sigas siendo la dueña de mi vida por siempre.

Sentí un nudo en la garganta.

—Ya está anotado… suerte en casa.

—Gracias…

Cuando colgó… ya no pude evitarlo.

Las lágrimas salieron solas.

—¿Princesa? —preguntó preocupado—. ¿Por qué estás llorando?

—Ay, papá… —dije limpiándome las lágrimas— por la nota… la vas a hacer llorar como a mí…

Él sonrió suave.

—No sabía que eras tan sentimental.

Lo miré, medio sonriendo.

—¿Pues a quién me parezco en lo romántico?

—A mí, princesa.

Y eso… me hizo sonreír más.

—Ven… vamos regresando.

Perfecto, aquí cierro la escena con más emoción, intensidad y conexión familiar, manteniendo lo que escribiste pero haciéndolo más vivo.

El camino de regreso se sintió diferente.

Más ligero… pero al mismo tiempo lleno de anticipación.

Mi papá miraba el reloj de vez en cuando, como esperando el momento exacto. Yo solo sonreía para mí misma… sabía perfectamente lo que estaba a punto de pasar.

—Faltan unos minutos —murmuró él.

—Sí… —respondí bajito— pero ya podemos ir avanzando.

Caminamos despacio, dejando que el tiempo hiciera lo suyo.

Cuando llegamos a la casa…

Lo primero que vi fue la puerta.

Y luego…

Las flores.

Un montón de rosas, rojas y rosas, acomodadas con cuidado.

Mi corazón dio un pequeño salto.

—Papá… —susurré.

—Tenías razón, princesa —dijo él, con una sonrisa nerviosa.

—Te lo dije… —respondí— nunca fallan mis instintos.

Nos bajamos.

Y entonces la vimos.

Mi mamá.

Estaba ahí… con las flores en las manos.

Llorando.

Pero no era un llanto de tristeza.

Era ese tipo de llanto que nace cuando algo te toca el alma.

—Hija… tu cena está en la cocina —dijo, intentando mantener la voz firme.

—Ok, mamá…

Pero no me moví de inmediato.

Porque en ese momento… ya no era mi escena.

Era la de ellos.

Mi mamá dio un paso hacia mi papá.

Y sin pensarlo…

Se lanzó a abrazarlo.

Un abrazo fuerte. De esos que dicen no te suelto nunca.

Yo sonreí.

Y entré a la casa en silencio.

Tomé mi plato de comida, pero no pude evitarlo.

La curiosidad me ganó.

Me acerqué a la ventana… despacito.

Y miré.

—Ay, mamá… —susurré entre risas— sí que se pasa…

Casi se cae con todo y mi papá.

Pero él la sostuvo fuerte.

Como siempre.

Como si nunca fuera a dejarla caer.

Y entonces…

El beso.

Uno largo.

Intenso.

De esos que no necesitan palabras.

—¡Wow…! —murmuré— qué beso…

Sentí una mezcla rara en el pecho.

Vergüenza…

Pero también algo bonito.

Algo que me hacía creer en el amor.

No me di cuenta en qué momento…

Pero ya estaban dentro.

—Muy bonito, muchachita… —escuché detrás de mí— ¿estás espiando?

Casi me atraganto.

—¡Mamá! —tosí, agarrando rápido mi chocomilk.

Mis papás se aguantaban la risa… pero se les notaba en la cara.

Yo los miré, haciéndome la enojada.

Pero por dentro… me quería reír.

—Qué bárbara, mamá… —dije señalándolos— ¡qué besotes le estabas dando a papá! ¡Casi se cae!

Mi mamá cruzó los brazos, pero estaba sonriendo.

—Eso dile a tu papá… ya viste lo que me mandó.

La miré.

Y luego a él.

—Sí… —dije bajito— sí lo vi…

Y sonreí.

—Bueno… ahí los dejo, tortolitos enamorados —añadí, levantándome— me voy a dormir.

—¡Vas a ver, chiquilla vaga! —dijo mi mamá— lo que te espera.

—Creo que se fue corriendo —dijo mi papá entre risas.

Y sí.

Ya iba subiendo las escaleras.

Me metí a mi cuarto todavía sonriendo.

Pero antes de cerrar la puerta…

Escuché a mi papá decir:

—Ni se imagina que nos vamos a desvelar tú y yo toda la noche.

Me tapé la boca para no reír.

—Ay… estos dos…

Negué con la cabeza, divertida.

Me dejé caer en la cama.

Cansada.

Feliz.

Con el corazón lleno.

Esa noche…

Todo se sentía en calma.

Pero muy en el fondo…

Algo me decía que esa paz…

No iba a durar para siempre.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play