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QUIERO VOLVER A VERTE

QUIERO VOLVER A VERTE

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencuentro
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lina Garizao

Sandra, una joven diseñadora floral con un pasado que la persigue, se aferra a la idea de reencontrarse con Guillermo, su primer amor. La vida los separó abruptamente años atrás, dejándola con un vacío y preguntas sin respuesta. Ahora, el destino los cruza de nuevo en la vibrante escena artística de la ciudad. Guillermo, un exitoso arquitecto, carga con sus propias cicatrices y la culpa de una partida inesperada. A medida que sus caminos se entrelazan, el deseo de revivir su pasión es innegable.

NovelToon tiene autorización de Lina Garizao para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 15

Días después, Guillermo se presentó nuevamente en la florería de Sandra. Esta vez iba preparado, con una carpeta en la mano y una expresión completamente profesional. Sabía que necesitaba encontrar una forma legítima de estar cerca de ella, algo que ni Zaira ni nadie más pudiera cuestionar. Un proyecto importante sería la excusa perfecta: justificaría sus encuentros, haría que Sandra avanzara en su carrera y, sobre todo, le permitiría seguir viéndola sin tener que esconderse todo el tiempo.

Leondra lo miró con desconfianza desde la entrada, pero lo dejó pasar. Sandra estaba organizando unos tulipanes cuando lo vio acercarse. El corazón se le aceleró, pero recordó las palabras de su amiga y mantuvo una postura seria y distante.

—Buenos días, Guillermo —lo saludó, sin dejar de trabajar—. ¿Otra vez por aquí? ¿Algún problema con el presupuesto que te envié?

—Al contrario, Sandra —respondió él, sentándose frente al mostrador—. El trabajo que presentaste es excelente. Por eso vengo a ofrecerte algo mucho más grande.

Abrió la carpeta y extendió los documentos frente a ella. Sandra los miró con atención, sus ojos se abrieron con sorpresa al ver los detalles.

—¿La finca de los Montenegro? —preguntó, levantando la vista—. Es uno de los clientes más importantes de la ciudad. Sus proyectos son de millones.

—Exacto —asintió Guillermo—. Quieren transformar todo el terreno, más de diez hectáreas, en jardines, senderos, zonas verdes y espacios de eventos. Necesitan alguien con talento, visión y capacidad para crear algo único. Y yo no dudé ni un segundo en pensar en ti.

Sandra dudó. Por un lado, era una oportunidad profesional que cualquier diseñadora floral soñaría tener. Le abriría muchas puertas, le daría reconocimiento y estabilidad económica. Pero por otro, sabía que era la excusa perfecta para que Guillermo siguiera acercándose, y eso le traía todos los riesgos que ya había vivido.

—¿Y por qué yo? —preguntó directamente—. Hay empresas especializadas mucho más grandes y con más experiencia que yo.

—Porque tú tienes magia, Sandra —respondió él con sinceridad, bajando un poco la voz para que solo ella lo escuchara—. Nadie más puede transformar un espacio como tú lo haces. Y además... —hizo una pausa, mirándola fijamente— ...necesito tener una razón para verte. Cada día, si es posible. Esta es la única forma de hacerlo sin que todo se descontrole.

Sandra entendió al instante su verdadera intención. Guillermo usaba el trabajo como un puente entre ellos, una forma de estar juntos sin levantar sospechas. Pero eso también significaba que seguiría en esa posición ambigua, siendo parte de su vida pero no de forma oficial.

—¿Y Zaira lo aprueba? —preguntó ella, soltando el nombre como una prueba.

Guillermo apretó los labios por un momento.

—Ella sabe que busco lo mejor para nuestros clientes. Y este es un asunto profesional, nada más. Ella no tendrá nada que objetar.

Leondra, que había estado escuchando desde cerca, intervino con su tono directo:

—¿Y cuánto tiempo durará el proyecto?

—Alrededor de seis meses —respondió Guillermo—. Con reuniones semanales, visitas al terreno, ajustes de diseño... Será un trabajo constante.

Sandra miró los planos de nuevo, pensativa. Era una oportunidad que no podía rechazar solo por sus sentimientos. Pero también sabía que aceptar significaba entrar en un juego peligroso donde el trabajo sería solo la fachada.

—Está bien —dijo finalmente—. Acepto. Pero con una condición: todo se tratará estrictamente como un asunto profesional. Reuniones en horario laboral, en lugares adecuados, y nada de mezclar asuntos personales. ¿Lo entiendes?

Guillermo sonrió levemente, sabiendo que era el primer paso.

—Perfecto. Como tú digas. Todo será profesional.

Pero mientras se despedía, ambos sabían que esa regla sería muy difícil de cumplir. Porque detrás de cada reunión, cada visita al terreno, cada detalle de diseño, estaría el deseo de estar juntos, de recuperar lo que habían perdido.

Cuando Guillermo se levantó para irse, Sandra lo detuvo por un instante:

—Guillermo —llamó ella, con voz seria—. Espero que esto sea realmente para trabajar. No quiero que me uses solo como excusa para lo que no puedes hacer abiertamente.

Él se giró, y en sus ojos ella vio la mezcla de esperanza y dolor que siempre lo caracterizaba.

—Te prometo, Sandra, que este proyecto será tuyo, tu triunfo. Pero también será mi forma de estar cerca de ti, de protegerte, mientras encuentro la manera de solucionar todo lo demás. No te voy a mentir, ni a usar. Solo... dame esta oportunidad.

Sandra asintió lentamente, aunque la duda seguía presente en su mirada.

—Está bien. Pero recuerda lo que dije: lo personal queda fuera de esto.

—Como tú quieras —respondió él con una pequeña sonrisa—. Por ahora.

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