Me enamoré de una Youtuber que quiere seguir en el anonimato.
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LA PASÉ MUY BIEN
A la mañana siguiente, Carolina despertó cansada.
Había dado vueltas en la cama casi toda la noche, reviviendo cada momento de la cita: la conversación en el bar, el susto con el borracho, la forma en que Alejandro tomó su mano, y ese segundo eterno en el que se miraron a los ojos.
Se levantó, preparó un tazón de cereales con leche y se sentó frente a su computadora. Mientras comía despacio, abrió YouTube para revisar los comentarios de sus últimos videos. Todavía le costaba creer que uno de ellos estuviera creciendo tan rápido.
Entonces le llegó un mensaje de Alejandro:
“Buenos días, Caro. ¿Llegaste bien anoche? Espero que hayas podido descansar.”
Carolina sonrió al leerlo. Casi se le cae el teléfono antes de responder:
"Sí, llegué bien, gracias. Todo salió perfecto. Gracias por ser tan amable conmigo."
"Me alegra mucho. La verdad es que estoy muy feliz por lo que pasó anoche. Fue una noche bonita."
Carolina se quedó mirando el mensaje un rato, con una sonrisa tonta en los labios. Antes de que pudiera responder, le entró una llamada de Sofía.
Platicaron durante casi una hora. Sofía quería todos los detalles: cómo se había sentido, qué habían hablado, si se habían tomado de la mano, si había habido algún momento incómodo.
Carolina le contó todo, incluso lo del borracho y cómo Alejandro la había protegido. Sofía gritaba de emoción al otro lado del teléfono.
Después de colgar, Carolina grabó un video nuevo (uno corto y relajado de Zelda), lo editó y lo subió. Luego se arregló para ir a hacer el súper de la semana.
No le gustaban los tianguis llenos de gente, así que siempre iba al mismo centro comercial tranquilo.
Llenó el carrito con lo necesario: frutas, leche, pan, huevos, y algunas cosas que le gustaban para consentirse.
De regreso de las compras, al bajar del Uber frente a su edificio, una de las bolsas se rompió por el asa. Varias cosas rodaron por la banqueta. Carolina soltó un suspiro cansado y se agachó como pudo para recoger todo. Con algo de dificultad acomodó las cosas en las otras bolsas y subió a su departamento.
Guardó la despensa con calma, todavía pensando en la noche anterior. Justo cuando cerraba la puerta del refrigerador, le llegó un nuevo mensaje.
Era de Alejandro.
Su corazón dio un pequeño salto de alegría al ver su nombre. Se quedó mirando el mensaje, con el corazón latiéndole fuerte. Leyó y releyó las palabras varias veces.
“Ya sé que quizá es muy pronto, pero… ¿te gustaría salir a cenar? Si aceptas, tú eliges el lugar. Sin presión.”
Sonrió nerviosa sintiendo una mezcla de preocupación, miedo y una alegría cálida que le subía por el pecho. Sus dedos temblaban un poco sobre el teclado del teléfono.
Finalmente escribió, borró, volvió a escribir y, después de varios intentos, envió:
"Hola Alejandro.
La verdad es que también me la pasé muy bien anoche.
Me pongo un poco nerviosa porque todo esto es nuevo para mí… pero sí me gustaría salir a cenar contigo.
No soy muy buena eligiendo lugares, pero ¿qué tal si vamos a un restaurante de pizzas que conozco? Es pequeño y está cerca de un parque. Tiene mesas afuera. Me parece tranquilo. Te mando la ubicación.
Si te parece bien, claro."
Envió el mensaje y soltó el teléfono como si le quemara. Se tapó la cara con las manos y soltó un gritito bajito de nervios y emoción.
—Ay, Dios… ¿de verdad le dije que sí? —murmuró contra sus palmas.
Se levantó y caminó de un lado a otro de la cocina, todavía con las mejillas calientes.
Unos minutos después, el teléfono vibró con la respuesta de Alejandro. Carolina lo tomó con manos temblorosas y leyó:
"Me parece perfecto. El lugar suena muy bien. ¿Te parece bien el Miércoles por la noche? Puedo pasar por ti si quieres, o nos vemos allá. Como tú te sientas más cómoda.”
Carolina sonrió, mordiéndose el labio otra vez. Esta vez contestó más rápido:
"El miércoles me parece bien.
Mejor nos vemos allá, ¿sí? A las 7:30 si te acomoda.
Gracias por entender… de verdad."
Él respondió:
"Entendido 🙂 Allá estaré. No veo la hora. Que tengas un bonito día, Caro."
Carolina dejó el teléfono sobre la mesa y se abrazó a sí misma, todavía sonriendo. El miedo seguía ahí, pero también la ilusión.