Cicatrices que arden
Fueron inseparables… hasta que el mundo los rompió.
Ahora, entre peleas y destino, sus caminos vuelven a cruzarse.
Porque hay amores que no se olvidan…
aunque duelan como una herida abierta.
Un vínculo imposible de romper.
Un amor que nunca dejó de arder.
NovelToon tiene autorización de Luna Aoul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15: Esta vez no voy a seguirte
El pueblo seguía envuelto en esa calma engañosa que a cualquiera podría resultarle reconfortante, pero que para alguien como Izana Kurokawa se sentía insoportable, como si cada segundo en ese lugar le recordara que estaba demasiado lejos de lo único que realmente importaba.
Había tardado en encontrarlo.
Había recorrido calles que no conocía, preguntado sin paciencia, observado cada rostro con la esperanza de reconocerlo entre la gente, y aun así, cuando finalmente lo tuvo frente a él, no sintió alivio… sintió tensión.
Porque encontrarlo no significaba recuperarlo.
Dentro de la tienda, Kakucho se movía con aparente normalidad, acomodando cajas y evitando pensar demasiado, como si mantenerse ocupado fuera la única forma de no enfrentar lo que había dejado atrás, aunque en el fondo supiera que ese pasado siempre encontraba la forma de alcanzarlo.
Cuando la campanita de la puerta sonó, no necesitó girarse para saber quién había entrado, porque hay presencias que no necesitan anunciarse, que simplemente se sienten… y esa era una de ellas.
Se quedó quieto un segundo.
Respiró.
Y entonces giró.
Sus miradas se encontraron, y en ese instante todo lo que habían intentado dejar atrás volvió con una fuerza que ninguno de los dos estaba preparado para manejar, porque no era solo enojo, ni solo dolor, ni solo recuerdo… era todo junto.
Izana no habló enseguida, porque durante unos segundos simplemente lo miró, como si quisiera asegurarse de que era real, de que no se iba a desvanecer como todo lo demás, de que esta vez sí lo tenía enfrente.
Luego caminó hacia él, despacio, pero con esa determinación que siempre lo caracterizaba, esa que no dejaba espacio para dudas ni para medias decisiones.
—Vine por vos.
La frase fue directa, sin rodeos, sin adornos, como si todo el viaje, toda la búsqueda y toda la desesperación se resumieran en esas tres palabras.
Kakucho lo observó en silencio durante unos segundos que parecieron alargarse más de lo normal, como si necesitara reunir la fuerza suficiente para responder sin quebrarse.
—No tenías que venir.
La respuesta fue tranquila, pero no suave, porque había firmeza en ella, una firmeza que no estaba antes.
—Sí tenía —respondió Izana, sin dudar, porque para él no existía otra opción.
El silencio que siguió fue pesado, cargado de todo lo que no se estaban diciendo, de todo lo que sabían pero no querían admitir en voz alta.
—Volvé conmigo —dijo Izana finalmente, bajando apenas la voz, como si intentara que esa vez fuera distinto, como si esa vez pudiera hacerlo bien.
Kakucho bajó la mirada un segundo, respiró hondo, y cuando volvió a levantarla, ya había tomado una decisión.
—No.
La palabra fue corta, pero lo suficientemente fuerte como para romper cualquier ilusión.
Izana frunció el ceño, no por enojo inmediato, sino por algo más profundo, algo que empezaba a parecerse a frustración.
—Ni siquiera lo vas a pensar —insistió, como si todavía hubiera margen.
—Ya lo pensé —respondió Kakucho, manteniendo la calma que tanto contrastaba con lo que estaba pasando.
—Entonces pensalo mejor.
—No.
Cada respuesta era más firme que la anterior, y eso hacía que el ambiente se volviera cada vez más difícil de sostener.
Izana dio un paso más cerca, acortando la distancia como siempre hacía, invadiendo ese espacio que nunca respetaba del todo, no por costumbre, sino porque nunca supo hacerlo de otra manera.
—No podés quedarte acá —dijo, como si eso fuera una verdad absoluta.
—Sí puedo —respondió Kakucho, sin retroceder.
—No es tu lugar.
Kakucho lo miró fijo, y en esa mirada había algo distinto, algo que antes no estaba.
—¿Y cuál es? ¿El tuyo?
La pregunta no fue agresiva, pero sí directa, y eso la hizo aún más fuerte.
—¿Encadenado, sin poder respirar, sin poder decidir por mí mismo?
Las palabras cayeron una tras otra, y cada una fue un golpe.
Izana apretó los puños, no porque quisiera responder con violencia, sino porque no sabía cómo responder sin hacerlo.
—Eso no fue así… —intentó, pero incluso él sabía que no era del todo cierto.
—Sí fue —lo interrumpió Kakucho, mirándolo con una claridad que dolía más que cualquier reproche—, y lo sabes.
El silencio que siguió fue más pesado que todos los anteriores, porque esta vez no había nada que negar.
—No voy a volver a eso —continuó Kakucho, con una firmeza que no dejaba espacio a interpretaciones.
Izana lo observó, y por primera vez desde que había llegado, no tuvo una respuesta inmediata, porque lo que tenía enfrente no era el Kakucho que recordaba… era alguien que había decidido algo.
—Podemos hacerlo distinto —dijo finalmente, con una insistencia más baja, más humana.
Kakucho negó levemente.
—No.
—Puedo cambiar —insistió Izana, aunque incluso esa frase sonaba extraña viniendo de él.
Kakucho soltó una pequeña risa, pero no tenía humor.
—No sabes cómo.
Esa frase fue la que realmente lo golpeó, porque no era un insulto… era una verdad.
—Entonces enséñame —respondió Izana, sin orgullo, sin defensa.
Y eso…
fue lo que hizo dudar a Kakucho.
Pero solo por un instante.
—No quiero.
Esa respuesta terminó de romper lo poco que quedaba en pie.
Izana bajó la mirada por un segundo, como si necesitara recomponerse, como si algo dentro suyo se hubiera movido de una forma que no esperaba.
—Te busqué por todos lados… —murmuró, más para sí mismo que para él— ¿y esto es lo que tengo?
Kakucho apretó los labios, porque entendía lo que significaba eso, pero aun así…
—No te pedí que lo hicieras.
—No —respondió Izana—, pero lo hice igual.
El silencio volvió.
—Siempre haces lo que quieres —dijo Kakucho finalmente—, sin pensar en lo que necesito yo.
Eso fue diferente.
Porque no era enojo.
Era verdad.
Izana levantó la mirada, y esta vez no había defensa.
—Entonces dime qué necesitas.
Kakucho respiró hondo.
—Espacio.
Una palabra.
—Distancia.
Otra.
—Y que me dejes ir.
Eso fue lo más difícil de escuchar.
Izana lo miró, como si no pudiera procesarlo del todo.
—No.
—Izana…
—No —repitió, con más firmeza, pero menos seguridad.
—No te voy a dejar ir.
Kakucho cerró los ojos un segundo.
—Ese es el problema.
El silencio que siguió fue absoluto.
—No entiendes que no puedes obligarme a quedarme —continuó—, que por más que lo intentes, eso no es quedarse… eso es perderme igual.
Izana dio un paso atrás.
Y ese pequeño gesto…
lo dijo todo.
—…yo solo…
No terminó.
Porque no sabía cómo.
Kakucho lo miró, y por primera vez su voz no fue firme, fue sincera.
—No es que no quiera estar contigo…
Eso hizo que Izana levantara la mirada de golpe.
—Es que así… me destruyo.
El mundo pareció detenerse.
Y por primera vez…
Izana no tuvo nada que decir.
El silencio fue largo.
Doloroso.
Y entonces…
sin insistir más…
se dio la vuelta.
Y se fue.
Sin mirar atrás.
Sin esperar.
Y esta vez…
Kakucho no lo siguió.
💕💕💕💕.......💕💕💕💕......💕💕💕💕........
Izana lo buscó por todos lados…
lo encontró…
y aun así… no pudo recuperarlo.
Kakucho esta vez no dudó.
No gritó.
No corrió detrás de él.
Solo dijo “no”…
y eso fue lo que más dolió.
Porque a veces el amor no se rompe con peleas…
se rompe cuando uno decide soltarse.
Y esta vez… nadie corrió detrás de nadie.
Si te gustó, deja tu mensaje
con cariño Luna Auol 🌸