Lyhia era una lectora que gritaba a la pantalla: «¡Este tirano es un padre de mierda!» hasta que tropezó con un cable y ¡pum! Despertó como Alice Sigrid, la niña de siete años que en la novela termina con la cabeza rodando por culpa del mismo tirano.
Plan perfecto; escapar antes de que papá Draven afine la guillotina familiar. Pero sorpresa, un sistema le regala puntos por soltar chismes mentales .
Lo peor; sus pensamientos son un megáfono invisible. Alice planea fugas épicas mientras piensa «¡Huyo esta noche, adiós palacio de locos!».
Resultado: todo falla “por casualidad”, mamá la abraza más fuerte y papá la mira como si fuera su posesión más preciada.
Chismes que salvan vidas, pensamientos que la condenan y un tirano que, contra todo pronóstico, empieza a parecer… ¿humano?
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Capítulo 15
La noche había caido por completo sobre el palacio. El silencio se extendía por los pasillos como un manto pesado, apenas interrumpido por el leve murmullo de las telas y los pasos suaves de las sirvientas dentro de la cámara principal. La habitación de Seraphina, amplia y elegantemente decorada, estaba iluminada por la cálida luz de las lámparas que daban al ambiente un aire íntimo… pero también inquietante. Las sirvientas se movían con cuidado, casi en puntas de pie, terminando de arreglar la gran cama real. Todo perfecto, todo en orden … todo menos ella. Seraphina se encontraba de espaldas frente al biombo, terminando de cambiarse. Su vestido de dormir caia con suavidad sobre su figura, ligero, delicado… completamente apuesto al peso que cargaba en sus pensamientos.
Su mirada y su mente no parecían estar ahí en ese momento. Lo ocurrido esa tarde… las palabras de Alice… todo se repetía una y otra vez en su cabeza. Fue entonces que las puertas se abrieron sin previo aviso. Las sirvientas fueron las primeras en notarlo, pero al ver quien había entrado, reaccionaron de inmediato. Se inclinaron profundamente, bajando la mirada con absoluto respeto.
Draven…
Él no hablo, no hacía falta hacerlo… fue un leve gesto de su mano y eso fue más que suficiente para que ellas abandonaran la habitación de inmediato, sin levantar la cabeza. Seraphina se giró y lo vio. Por un breve instante, sus ojos reflejaron sorpresa… pero desapareció casi de inmediato. Su expresión volvió a esa serenidad controlada que tanto la caracterizaba. Se inclinó ligeramente.
—Su Majestad… —se incorporó con elegancia, manteniendo una distancia prudente de él —¿Queda alguno asunto pendiente… o hay alguna otra razón por la cual se encuentre aquí?
Su tono era respetuoso, correcto… pero distante. Draven la observo en silencio durante unos segundos antes de responder.
—Esta noche dormir aquí…—dijo él. La respuesta fue directa, simple. Pero suficiente para cambiar el ambiente.
Ella lo miró con una ligera confusión, que no llego a convertirse en una reacción abierta. Sus ojos siguieron su movimiento cuando él avanzó hacia la cama con pasos tranquilos y despreocupados, como si aquello fuera completamente normal. Considerando que ya hacia bastante tiempo que no visitaba sus aposentos. Ella giró apenas, siguiéndolo con la mirada.
—Su majestad…—empezó con calma —esta noche … M encuentro indispuesta, así que yo…
—Solo dormiremos —la interrumpio el, sin alzar la voz —. Nada mas.
El silencio volvió a instalarse entre ambos. Pero esta vez… más pesado, pues Seraphina seguía de pie frente a él, sin acercarse o intentar entablar algún tipo de conversación. Esa pequeña distancia no paso de desapercibida para Draven, quien con los ojos puestos en su figura, se puso de pie con la intención se acercase más.
—¿Por qué parece querer evitarme…?—dijo. No fue una acusación directa, pero tampoco una simple pregunta. Dio un paso hacia ella, luego otro y eso la obligo a retroceder apenas uno, sutil pero claro. Los ojos de Draven se afilaron ligeramente.
—Su alteza piensa demás …¿cómo me atreveria?—respondió ella con sequedad.
—Dice que no se atreve, pero me da la sensación de que miente —añadió él—También puedes escuchar los pensamientos de Alice… ¿cierto?.
La pregunta la tomo desprevenida. Por instante, su compostura se quebró lo suficiente como para mostrar sorpresa real. —¿Cómo sabe…? —murmuró, mirándolo con atención —¿Acaso…?.
—Lo suponía —la interrumpió con calma— Su reacción de esta tarde confirmo mis sospechas.
El silencio que siguió fue distinto, más íntimo aunque un poco incómodo para ambos. Sin embargo, Draven decidió continuar.
—No sé porque podemos oírlos… pero hasta ahora… todo lo que ha pensado ha sido cierto.— sus palabras fueron medidas, casi cuidadosas— En cuanto a lo de Silas… yo
—Su majestad.— la voz de Seraphina lo detuvo, no fuerte, pero sí firme y completamente distinta de antes. —Por favor… concédame el divorcio Y permita que me lleve a los niños conmigo.
El aire en la habitación pareció congelarse, y el cambio en la expresión de Draven lo decía todo. Sutil… pero profundo. Su mirada estaba endurecida. —¿Divorcio…? —repitió, lentamente —. ¿Sabes lo que dices?
—Lo sé.—no dudo en responder, ni vacilo —Desde que entre a este palacio… no he tenido una vida tranquila… ni un momento de paz del cual disfrutar. — su voz seguía siendo respetuosa, pero ahora había algo más, algo herido.— Y mis hijos tampoco.
Draven no dijo nada, solo escucho…
—Cuando Silas nació… sufrió un intento de envenenamiento… aquella sirvienta fue asesinada, y nunca se supo quien fue el verdadero culpable—continuo ella, mientras sus manos se tensaban lgeramente —Aunque no le afecto de forma letal… su rostro quedo marcado por las cicatrices de ese veneno.. ¡¿Sabe usted cuantas noches pase sin dormir por miedo a que le pasará algo a mi hijo?!— estallo, aunque luego volvió a retomar la compostura de antes sin apartar sus ojos de él— Y ahora… Alice y yo casi fuimos envenenadas … Ella tan solo es una niña… ¿Lo recuerda? Cuando pidió mi mano en matrimonio… me prometió una vida tranquila, y que no tomaría concubinas. Pero … ¿Qué ha pasado? —no era un reclamo impulsivo, era algo contendió por demasiado tiempo—Solo le pido esto. Considere los años de servicio de mi familia… por favor su majestad.
Sus ojos se mostraron cansados, y el silencio que siguió fue absoluto. Draven no alzo la voz, pero su presencia y expresiones cambiaron muy rápido.
— No vuelvas a mencionar lo del divorcio… eres mi princesa consorte, madre de mis hijos… Así que a menos que muera, ni t ni los niños saldrán de este palacio.
Su tono fue frío, firme e inapelable. No grito, pues no hacía falta que lo hiciera… pero su enojo era evidente y había algo, algo más profundo. Porque lo que realmente le molestaba… no era solo la petición, sino la forma, la distancia… la indiferencia y esa decisión que mostraba en querer dejarlo, cuando antes ella decía amarlo tanto. Él dio un paso a un lado, paso junto a ella sin mirarla directamente como si quedarse un segundo más fuera a empeorar las cosas. Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir, se detuvo sin girarse.
— Dormire en el despacho… a cuanto a lo pasado , investigare todo y te dare una re4spuesta..—su voz fue mas baja, mas pesada—Y les haré justicia.
No añadió nada más. La puerta se abrió. Y se cerró. Dejando atrás una habitación en silencio…Y a una seraphina confundida y enojada..
—¡¿Por qué se enoja ahora ?! ¡Yo soy quien debería estar enojada!
…..
y si como dijeron los secuestradores el emperador es tan tonto sabiendo en el peligro que está su familia no les a proporcionado seguridad 😡
unnn algo no cuadra con el hermano🤔
ojalá esta vez lo plane vien