Morí sin haber amado…
y desperté en un mundo donde el destino se divide en Alfas, Deltas, Omegas y Enigmas.
Reencarnado como un omega en una era antigua llena de magia y alquimia, Arion finge amnesia para sobrevivir.
Todo cambia cuando conoce a Eryndor, un poderoso Enigma capaz de escuchar los pensamientos más profundos del omega… incluso los recuerdos de una vida pasada.
Un amor prohibido.
Un destino que desafía las leyes.
Una familia nacida contra todo pronóstico
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22: El despertar de un nuevo vínculo
Las primeras semanas tras la boda transcurrieron como un sueño para Arion y Eryndor. Cada día estaba lleno de risas, caricias y miradas cargadas de deseo y ternura, y cada gesto compartido parecía despertar en ellos un calor suave y constante que los unía más allá de lo físico.
Un día, mientras paseaban por los jardines del palacio, Arion comenzó a sentirse extraño. Un mareo leve lo obligó a detenerse, y su respiración se volvió más corta, un suspiro contenido escapando de sus labios.
—Arion… —dijo Eryndor, notando que su esposo se apoyaba ligeramente en él—. ¿Estás bien?
El omega tragó saliva y negó con la cabeza, aunque su piel se había tornado más cálida de lo habitual, y sus manos temblaban ligeramente.
—Creo… que necesito sentarme un momento —susurró—. Me siento un poco mareado… y… —cerró los ojos, buscando estabilidad— …tengo ganas de vomitar.
Eryndor lo sostuvo con delicadeza, guiándolo hacia un banco cercano. Su tacto era suave, firme y seguro a la vez, transmitiendo calma y protección.
—Vamos a tomarnos nuestro tiempo —dijo, acariciando la espalda de Arion con movimientos lentos y tranquilizadores—. No pasa nada.
Arion se dejó llevar, apoyando la cabeza en el hombro del Enigma. La sensación de calor y hormigueo que había sentido antes se intensificó, mezclándose con un nuevo latido que parecía crecer desde lo más profundo de él: una vida que se movía dentro.
—Eryndor… creo… creo que estoy embarazado —murmuró con los ojos abiertos de par en par, entre sorpresa y emoción.
Eryndor lo miró con atención, asimilando la noticia con cuidado. Luego, lentamente, sonrió con ternura, acercando su frente a la de Arion.
—Eso es… maravilloso —dijo, con voz cargada de orgullo y emoción—. Estás lleno de vida, y juntos vamos a cuidar de esta nueva vida.
El omega sintió lágrimas de felicidad mezclarse con un rubor intenso que cubría sus mejillas. Su corazón latía con fuerza, y cada inhalación traía consigo un torrente de emociones: alegría, miedo, sorpresa, amor.
—Nunca imaginé que podría sentir esto —confesó—. Alegría, emoción… miedo… todo al mismo tiempo.
—Y está bien sentir todo —respondió Eryndor, acariciando suavemente su cabello y rozando la mejilla de Arion con un gesto lleno de ternura—. Lo enfrentaremos juntos. Siempre juntos.
Reorganizando la vida
Los días siguientes se convirtieron en un delicado equilibrio entre los preparativos para la llegada del bebé, las responsabilidades del palacio y los momentos íntimos que compartían. Cada toque, cada caricia, cada mirada se volvió más consciente y más intensa.
Arion empezó a explorar su propio cuerpo con una nueva sensibilidad, probando prendas suaves y ligeras que le permitieran sentirse cómodo y deseable a la vez. Cada vez que se acercaba a Eryndor con una túnica delicada o un vestido ligero, el Enigma no podía evitar sonrojarse, acercándose para tocarlo apenas, pero lo suficiente para fortalecer la intimidad entre ellos.
—No puedo evitarlo —dijo Eryndor una tarde, mientras sostenía a Arion cerca, sintiendo cada reacción del omega—. Cada vez que estás así… me haces desear protegerte, cuidarte, estar cerca de ti.
—Yo también te deseo —respondió Arion, con la respiración entrecortada—. Y no quiero alejarme de ti.
Cada gesto se convirtió en un lenguaje propio, donde la ternura y la pasión coexistían. Sus noches eran momentos de descubrimiento, donde el cuerpo de Arion aprendía nuevas sensaciones y Eryndor encontraba formas de conectarse más allá del contacto físico, a través de sus miradas, sus feromonas y su cuidado constante.
Emociones y alegría
Un día, mientras Arion descansaba en los brazos de Eryndor, el Enigma acariciaba suavemente su vientre, sonriendo ante los primeros movimientos del bebé.
—¿Sientes eso? —susurró el omega, con una sonrisa radiante—. Es increíble… ¡está moviéndose!
—Sí —respondió Eryndor, con la voz cálida y cargada de orgullo—. Ya somos una familia. Y te prometo que siempre cuidaremos de ellos… y de nosotros.
Arion apoyó la cabeza en el pecho del Enigma, escuchando los latidos sincronizados y dejando que la calma, la ternura y el calor compartido lo envolvieran. Cada movimiento del bebé, cada caricia de Eryndor, lo hacía sentirse seguro, amado y pleno.
Los días se llenaron de risas suaves, de momentos compartidos frente a los ventanales, observando cómo las luces del palacio reflejaban destellos dorados en la noche. Arion se permitió experimentar sus emociones sin miedo: alegría, ansiedad, deseo, amor. Todo coexistía, y Eryndor estaba allí para sostenerlo, para compartirlo, para hacerle sentir que no estaba solo.
Incluso en la sencillez de una tarde, cuando Arion se recostaba en el regazo de Eryndor mientras le acariciaba el cabello, el tiempo parecía detenerse. Cada roce, cada suspiro, cada mirada era una promesa silenciosa: nada podría separarlos, y todo lo que sentían era verdadero, intenso y compartido.
Y mientras miraban juntos las estrellas desde la ventana del palacio, comprendieron algo profundo: el amor no solo los había unido como pareja, sino que ahora los transformaba en una familia, enseñándoles que la ternura, la pasión y la protección podían coexistir y crecer en perfecta armonía.