Sofía y Nathan siempre fueron mejores amigos… hasta que una noche de impulso lo cambió todo. Ahora, atrapados entre secretos, rumores y un contrato absurdo que los obliga a casarse, deberán enfrentar emociones que nunca imaginaron.
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El problema se salió de las manos
...CAPÍTULO 15...
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...SOFÍA RÍOS ...
La pantalla del televisor parpadeaba frente a mí, iluminando tenuemente la sala del apartamento. Yo estaba hecha un desastre: ojeras violetas, los labios resecos, el cabello recogido en un moño torcido que hacía evidente la noche de insomnio que había pasado llorando. Mi pijama, una camiseta enorme de Alex que jamás pensé volver a usar, me quedaba grande y me recordaba cada minuto lo que intentaba olvidar.
Daniela estaba sentada a mi lado, arrunchada en la manta conmigo como si pudiera sostenerme para que no me derrumbara. Cada tanto me miraba con esa preocupación silenciosa que ya me tenía agotada.
—No deberías estar viendo esto —murmuró, suavemente—. Te vas a poner peor, Sofi.
—Ya estoy peor —respondí con la voz ronca—. No creo que pueda caer más abajo.
No era del todo cierto. Cada vez que creía haber tocado fondo, el mundo encontraba una manera nueva de hundirme.
Y ahí estaban ellos en la pantalla: ASTRA, en uno de los programas de farándula más vistos del país. El set era brillante, elegante, moderno. Shelly se movía tras cámaras, gesticulando, sabiendo perfectamente que ese día iba a ser difícil.
Franco saludó con su sonrisa educada. Dylan, serio, con los dedos inquietos. Nathan… Dios. Evité mirarlo demasiado tiempo. Se veía devastado aunque intentara ocultarlo: ojeras también, el gesto duro, no parecía en sus cuatro sentidos, estaba…¿ebrio? Y Alex… Alex era un volcán a punto de explotar. No había rastro del chico dulce que me tomaba la mano en los aeropuertos.
El presentador, un hombre famoso por sacar titulares a como diera lugar, los recibió con palmadas teatrales.
—¡Bienvenidos, chicos! ASTRA está con nosotros para hablar del nuevo álbum, la gira y, por supuesto, de lo que todo el mundo está comentando.
Mi corazón se paralizó.
—¿Qué hace? —susurró Daniela, mirando fijamente la pantalla—. Pues claro, tenía que empezar por ahí…
—Quieren rating —dije con un hilo de aire.
El presentador sonrió de una forma que odié al instante.
—Antes de hablar del lanzamiento, necesito hacerles una pregunta obligada. En redes todos están comentando ese video… —la pantalla dividida mostró la imagen que me perseguía desde hace semanas: yo saliendo de la clínica de maternidad con Nathan detrás, con su gorra baja y su chaqueta negra—. ¿Qué estaba pasando ahí?
Nathan bajó la mirada. Su pierna temblaba.
Dylan fue el primero en responder.
—Eso es un tema personal —dijo firme, cruzándose de brazos—. Personal y de una persona que no es parte de la banda. Así que preferimos no comentar nada.
Yo cerré los ojos. Gracias, Dylan… pero sabía que eso no iba a frenar a nadie.
El entrevistador asintió, fingiendo comprensión.
—Claro, claro… aunque no deja de ser extraño. Especialmente considerando que, bueno… —miró directamente a Alex— tú estás saliendo públicamente con Sofía. Hasta hace apenas unas semanas. ¿Te enteraste por redes? ¿Qué opinas de que tu novia saliera de una clínica de maternidad acompañada por tu mejor amigo?
El aire se me atascó en los pulmones. Alex levantó la cabeza lentamente. Sus ojos estaban rojos, irritados, estaba muy molesto.
—Creo que esa pregunta está fuera de lugar —dijo él, con un tono cortante.
El presentador no se inmutó.
—Pero el público necesita saber y tú también, imagino. ¿Te sorprendió verla con Nathan?
Nathan tensó los puños. Franco movió ligeramente la cabeza en advertencia. Dylan ya no respiraba.
Daniela me tomó la mano.
—No mires eso—susurró—cambia de canal.
Pero no pude. No podía evitar ver.
—Me sorprendió, sí —dijo Alex al fin—. Mucho. Y creo que cualquiera tendría curiosidad de saber por qué su “novia”, con la que sostienes una relación de tanto tiempo, aparece en una clínica de maternidad con alguien que no es su novio.
Me llevé las manos a la boca.
Nathan levantó la mirada, hirviendo.
—Alex —murmuró, con advertencia.
El presentador sonrió como quien huele sangre.
—Entonces, ¿hubo una infidelidad?
Ese fue el punto exacto en el que la entrevista dejó de ser una entrevista y se convirtió en un circo.
Nathan soltó una risa amarga, casi histérica.
—¿Quieres la verdad? —preguntó sin dejar de mirar al entrevistador—. Sí. Sí la hubo.
Yo sentí que me desplomaba. Daniela me abrazó con fuerza.
—No, no, no… —susurraba—. No puede ser tan estúpido…
El entrevistador abrió los ojos.
—¿Estás diciendo que tu y Sofía…—
—¡Cállate! —Alex golpeó la mesa improvisada frente a él, haciendo saltar todos los micrófonos.
Todos en el estudio quedaron helados. El presentador, sin embargo, siguió sonriendo.
—Entonces… ¿qué estás intentando decir, Nathan?
Nathan respiró profundo, se tambaleaba un poco en la silla, pero no respondió.
Alex lo miró con una mezcla de furia y dolor.
—Dilo tú si quieres, “hermano” —escupió—. Después de todo, no tuviste problema en hacerlo a mis espaldas.
—Alex, ya basta —intervino Franco, poniéndole una mano en el hombro. Pero Alex la apartó de un manotazo.
—No. —Dijo serio—. ¡Estoy harto de todo esto! Nathan y Sofía se pueden ir al carajo.
El corazón me golpeaba en la garganta. Era como ver un accidente en cámara lenta.
Nathan también se levantó.
—¿Quieres decirlo tú? —replicó, temblando de rabia—. ¿O prefieres seguir pretendiendo que no sabes ni cómo manejar tus emociones?
Alex se abalanzó hacia él.
—¡Eres un maldito imbecil!
—¿Que tan aburrida la tenías a ella, para que viniera a desquitarse conmigo?—Solto Nathan, descaradamente.
Hubo un silencio absoluto y entonces, Alex lanzó el golpe.
La cámara captó el momento exacto en que su puño impactó la mejilla de Nathan. Franco se metió en medio, Dylan tiró del brazo de Alex tratando de detenerlo mientras Nathan intentaba defenderse. Los gritos inundaron el set, Shelly salió corriendo hacia ellos y el presentador gritaba órdenes sin saber qué hacer.
La transmisión se cortó abruptamente y la pantalla mostró un comercial genérico.
Yo dejé caer el control remoto. No podía respirar. Daniela me abrazó más fuerte.
—Sofi, tranquila, tranquila, respira… —me decía mientras frotaba mi espalda. Pero yo estaba paralizada, con la mirada perdida y el pulso acelerado. Porque lo que había visto no solo era un escándalo. Era el inicio del caos.
Y yo era la razón.
Sabía que ahora el mundo entero lo sabía.
Sabía que Alex jamás volvería a verme igual.
Sabía que Nathan estaba lastimado en el alma.
Sabía que el odio en redes sería una ola imposible de detener.
Sabía que la prensa iba a devorarme viva y mientras la publicidad seguía sonando como un ruido lejano, entendí que ese era apenas el inicio del desastre.