Majic, Lycka y Huimang son reinas poderosas, pero deberán tomar decisiones cruciales para salvar a los seres que aman y a sus reinos, en una guerra contra seres guiados por los mismos dioses. ¿Podrán defender lo que más aman?
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Cap. 15. Es mi hermano
La noche en Fontana transcurría en una calma ordenada cuando el aire, sin previo aviso, se tensó como una cuerda sometida a demasiada presión.
Fortem se encontraba en su cámara privada, de espaldas a la chimenea, retirándose el manto real con movimientos medidos. El día había sido largo, pero no excepcional.
En la estancia contigua, Jarumi dormía, había estado esperándolo, pero el cansancio le ganó; la puerta entreabierta dejaba escapar la luz tibia de una lámpara de aceite y el sonido suave de su respiración acompasada. Aquella normalidad doméstica tenía algo casi sagrado.
El fuego vaciló y no por corriente de aire. Fortem no se giró de inmediato.
- “Lycka”, dijo el rey de Fontana, con la certeza de quien reconoce una presencia antes de verla.
Ella emergió junto al muro de piedra, no como aparición extravagante, sino como si la sombra hubiera decidido adoptar forma humana.
- “Sigues sintiéndome antes de verme”, respondió ella con una leve inclinación de cabeza.
Fortem terminó de dejar el manto sobre una silla y se cruzó de brazos. La observó con atención, no como rey ante vidente, sino como hombre ante alguien que conocía desde niña.
- “Eres familia. No necesito ojos para saber cuándo algo no está en su lugar”, comentó Fortem.
Su mirada descendió apenas un segundo, suficiente para advertir la rigidez en el rostro de ella. Algo en su postura cambió.
- “¿Qué ha ocurrido?”, preguntó Fortem.
Lycka no buscó rodeos ni metáforas innecesarias.
- “Vi el futuro en un tono rojo”, dijo Lycka.
El silencio que siguió no fue de incomprensión. Fortem conocía ese lenguaje desde que ella corría por los patios de Fontana buscando a Josag y describía colores donde otros solo veían aire.
- “¿Dónde?”, preguntó el rey de Fontana, ya sin calma casual.
- “En Reviere”, respondió la reina de Boron.
El nombre bastó para que el cuerpo del rey se tensara.
- “¿Sobre quién?”, cuestionó Fortem.
- “Sobre tu hermano”, respondió Lycka.
Fortem dio un paso atrás, lento, como si necesitara espacio para pensar sin que el pensamiento lo asfixiara. El crujido de la leña partiéndose en la chimenea llenó el intervalo.
- “Necesito más que un color, Lycka”, manifestó Fortem. Ella sostuvo su mirada.
- “No es advertencia leve. No es de esas que se disuelven si actuamos con rapidez. Es de las que se cumplen aunque cierres puertas y movilices ejércitos”, expresó Lycka.
Fortem caminó hasta la mesa central y apoyó ambas manos sobre la madera.
- “¿Va a morir?”, preguntó Fortem. Lycka negó con la cabeza.
- “No lo veo morir. Veo un quiebre, algo que no logro comprender, pero lo cambia tanto, que podríamos no reconocerlo”, respondió Lycka.
El rey exhaló con fuerza contenida.
Está en Reviere con Majic. Lejos de Susumira. Lejos de su guardia habitual. Lejos de su protección, lejos del reino que el rey Carpio hizo una máquina demoledora”, dijo Fortem.
- “Lo sé”, afirmó Lycka.
- “¿Cuándo ocurrirá?”, preguntó Fortem.
- “Pronto”, respondió Lycka.
Fortem levantó la vista. En su expresión no había superstición, sino cálculo estratégico, no tenía que detrás de todo habían divinidades con sus extraños planes.
- “Si algo le sucede fuera de su reino, Susumira quedará expuesta. Y Fontana no estará exenta. Hay casas que aún recuerdan el matrimonio anulado con Majic y siguen buscando fisuras para cuestionar nuestras alianzas. Un quiebre personal puede transformarse en argumento político”, manifestó Fortem. Lycka asintió.
- “Por eso estoy aquí”, dijo ella. Fortem frunció el ceño.
- “No puedo advertirle sin fundamento tangible. Si le escribo hablando de presagios, lo tomará como exageración o como intento de dirigir sus decisiones”, comentó Fortem.
Ambos sabían que Josag era orgulloso en su independencia. No imprudente, pero sí reacio a que lo protegieran como si aún fuese el segundo hermano bajo sombra.
- “No le digas nada”, dijo Lycka con firmeza inesperada. Fortem la miró, sorprendido.
- “¿Y permito que avance hacia algo que no comprende?”, cuestionó Fortem.
- “No avanza solo”, replicó ella. “Majic está con él”, añadió.
- “Majic sabe sostenerlo. Lo ha hecho antes, como él lo hizo con ella”, admitió Fortem.
- “Y lo hará de nuevo”, dijo Lycka. El rey se irguió.
- “Entonces yo sostendré lo que no está a su alrededor”, expresó Fortem.
Lycka lo observó con atención, Fortem fue un rey que aprendió su labor en medio del caos, en medio de guerra, de miedo y de muerte.
- “Convocaré al consejo al alba. Ordenaré revisión de lealtades bajo el pretexto de inspección anual. Reforzaré fronteras sin declarar alerta. Si se produce un movimiento externo, quiero que encuentre resistencia inmediata, no debate”, continuó Fortem, ya organizando el tablero en su mente.
- “No menciones la visión”, pidió ella.
- “Nunca lo hago”, respondió él con sobriedad.
Desde la habitación contigua llegó el leve sonido de Jarumi moviéndose en el sueño, como señal que pronto iba a despetar. Fortem bajó instintivamente la voz.
- “No quiero inquietarla. Bastante desafío ha sido convertirse en reina. La estabilidad que proyectamos es frágil; no permitiré que el temor la erosione”, dijo Fortem. Lycka suavizó su expresión.
- “No sabrá nada por mí”, dijo la reina de Boron.
Fortem se acercó unos pasos. Ya no hablaba el rey, sino el hermano mayor.
- “Dime algo, Lycka, sin símbolos y colores. (Ella sostuvo su mirada con honestidad directa) ¿Lo voy a perder?”, preguntó él.
- “No”, respondió ella inmediatamente.
- “¿Va a sufrir?”, preguntó Fortem. Hubo una pausa breve, pero no evasiva.
- “Sí”, afirmó Lycka.
Fortem cerró los ojos un instante, absorbiendo la certeza.
- “Siempre ha sido demasiado leal. Cuando ama, no calcula el costo”, murmuró Fortem. Una leve curva apareció en los labios de Lycka.
-;“Y esa es la razón por la que lo respetas”, dijo Lycka. Fortem abrió los ojos.
- “Es mi hermano”, expresó Fortem.
No era una explicación política. Era fundamento suficiente. La llama de la chimenea se estabilizó, como si el aire hubiera aceptado la decisión tomada.
Lycka comenzó a desvanecerse, fundiéndose otra vez con la penumbra.
- “Prepárate”, dijo Lycka antes de desaparecer por completo.
- “Siempre lo estoy”, respondió Fortem, aunque sabía que no era del todo cierto.
- “Confía en él”, la voz de ella llegó una última vez, apenas un susurro en la piedra.
Cuando quedó solo, Fortem no pensó en dioses ni en destino ni en maldiciones antiguas. Pensó en el niño que corría tras él por los patios de Fontana empuñando una espada de madera, decidido a demostrar que podía protegerlo algún día.
Y entendió que, aunque ahora ambos llevaran coronas, aquella promesa silenciosa seguía intacta. Esta vez no lo protegería desde la cercanía. Lo haría sosteniendo el mundo alrededor.