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Lo Que El Silencio Esconde

Lo Que El Silencio Esconde

Status: Terminada
Genre:Apocalipsis / Aventura / Casos sin resolver / Completas
Popularitas:507
Nilai: 5
nombre de autor: Roberto González Álvarez

Lo que el silencio esconde

Lucía es dulce, callada, invisible. Nadie sabe lo que guarda. Ni siquiera ella.

Hay cosas que su memoria enterró, pero su cuerpo no olvida. Pesadillas que no puede explicar. Silencios que pesan como losas. Una sonrisa que aprendió a usar como escudo.

Todo cambia cuando él aparece. No la toca. No la sigue. Solo la mira. Y esa mirada le susurra algo que la hiela: él sabe lo que ella olvidó.

Pronto descubrirá que no está solo. Que hay más personas mirando desde las sombras. Que su pasado nunca estuvo muerto, solo esperaba.

Y que el verdadero terror no son los monstruos que vienen de fuera… sino los que llevamos dentro y un día deciden despertar.

NovelToon tiene autorización de Roberto González Álvarez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: La cicatriz que no cicatriza

Siempre a las tres y veinte.

Lucía no necesitaba mirar el reloj. Lo sabía. Como sabía que el corazón le latiría rápido, que las sábanas estarían enredadas en sus piernas y que la primera sensación al abrir los ojos sería el vacío. Ese hueco negro en el pecho que nunca terminaba de llenarse.

Pero antes de nada, antes de pensar, antes de recordar dónde estaba, su mano ya se movía.

Bajaba despacio, temblorosa, hasta el muslo izquierdo. Los dedos recorrían la piel hasta encontrar ese lugar. Cerca de la cadera. Donde la ropa interior siempre rozaba. Donde el cuerpo guardaba su secreto más íntimo.

La cicatriz.

Un queloide. Eso le había dicho el médico cuando era adolescente, cuando su madre la llevó a la consulta porque la marca no dejaba de crecer. "Es una cicatriz elevada. A veces pica, a veces duele. No hay mucho que hacer."

"¿Y de dónde salió?", había preguntado su madre.

El médico había encogido los hombros. "¿Algún accidente de pequeña? ¿Una caída? ¿Una quemadura?"

Lucía no respondió. No porque no quisiera. Porque no recordaba.

Pero sus dedos sí.

Cada madrugada, al despertar del mismo sueño vacío, sus dedos viajaban a ese lugar. Tocaban el relieve de la piel, esa textura diferente, más dura, más brillante. Como cera. Como una mentira que el cuerpo contaba.

—No duele —se decía a sí misma, mientras los dedos acariciaban el borde irregular de la marca—. Ya no duele.

Pero dolía. No físicamente. O sí. Un escozor sordo, profundo, como si aquella cicatriz tuviera memoria propia.

A veces, en la penumbra de su habitación, Lucía se incorporaba y bajaba la mirada. Se quitaba el pantalón del pijama y observaba la cicatriz a la luz mortecina de la luna. Era fea. Eso pensaba. Una mancha rosada, casi blanca en los bordes, que se extendía unos centímetros como un garabato mal hecho.

Un recuerdo, pensaba. Una historia que como cómic se dibuja pero no se comprende.

Porque las viñetas estaban ahí, pero las palabras habían sido arrancadas. Veía imágenes borrosas: un sótano, un hombre, una mano, calor. Pero no podía unirlas. No podía leer la historia completa. Solo intuía el horror por los bordes, como quien mira un dibujo al revés.

—¿Qué me pasó? —susurró aquella madrugada, con los dedos aún sobre la cicatriz.

El silencio de la habitación no respondió.

Pero algo dentro de ella sí.

Un eco. Una sombra. Un susurro que decía: No quieres saberlo.

Lucía retiró la mano y se tapó con la sábana hasta la barbilla. Afuera, la ciudad dormía. Pero ella sabía que no volvería a pegar ojo. Porque la cicatriz había empezado a picar. Y cuando picaba, algo malo iba a pasar.

Lo había aprendido con los años. La cicatriz era un radar. Un aviso. Una alarma que su propio cuerpo había instalado para protegerla.

El problema era que no sabía de qué la protegía.

Se levantó y fue al baño. Se miró al espejo. Tenía ojeras, el pelo alborotado, los labios resecos. Pero en los ojos había algo nuevo. Algo que no había visto antes.

Determinación.

—Voy a descubrirlo —dijo a su reflejo—. Aunque duela.

La cicatriz le picó con más fuerza. Como si hubiera escuchado.

Como si supiera que el tiempo del silencio estaba llegando a su fin.

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