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Helios [Libro 2] [The Celestials Series]

Helios [Libro 2] [The Celestials Series]

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:677
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

La aurora no promete perdón: sólo la prueba de quien se atreve a reclamar el cielo.

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Capítulo 12

Mirea dio un paso adelante, su presencia llenando la habitación de una tensión eléctrica. Se acercó a Elian y, con una delicadeza insultante, le acarició el cuello.

—Es curioso, Lord Elian —dijo ella, su voz como terciopelo—. Tienes un olor muy particular en la piel. Sándalo y hierro frío. El mismo perfume que usa la Guardia Solar de Valerius. Y fíjate qué coincidencia... he visto ese mismo aroma en los libros de cuentas que interceptamos ayer. Pagos realizados a una cuenta en el Banco de Serath a nombre de un "familiar lejano".

Elian palideció tanto que pareció que iba a desmayarse. Miró a Helios, buscando una salida, pero solo encontró el vacío dorado de sus ojos.

—Te compraron, Elian —dijo Helios con una tristeza amarga—. Te dieron el perdón de Valerius y una bolsa de oro a cambio de enterrar lo último que quedaba de nuestro nombre.

—¡Tú no entiendes! —estalló Elian, la máscara de bondad rompiéndose para revelar una envidia podrida—. Tú regresas aquí, exigiendo lealtad después de diez años de silencio. ¡Nosotros sufrimos bajo Valerius! ¡Nosotros nos arrodillamos para que la estirpe no desapareciera! ¿Y ahora vienes tú, el príncipe dorado, a pedirnos que muramos en una guerra que no podemos ganar? Valerius me prometió la regencia de las provincias del sur. Me prometió estabilidad.

Helios sintió una náusea profunda. No por la traición, sino por la mezquindad de la razón.

—La estabilidad sobre la sangre de inocentes no es orden, es esclavitud —Helios se acercó a él y le puso una mano en el hombro. Una luz tenue empezó a brillar bajo su palma—. Me preguntabas qué íbamos a hacer con los rumores, Elian. Tienes razón. Necesitamos un culpable. Un rostro para la traición.

—Helios... no... somos familia... —suplicó el anciano.

—La familia terminó cuando vendiste el primer sello —sentenció Helios.

Con un gesto rápido, Helios llamó a Caius.

—Llevadlo a las mazmorras. No lo matéis todavía. Mañana, antes de que el Tribunal de la Fe pueda emitir su veredicto, Elian Voran confesará públicamente su alianza con el Canciller para incriminarme. Se convertirá en la prueba viviente de que Valerius está tan desesperado que tiene que usar a mis propios parientes para fabricar mentiras.

Los guardias se llevaron a Elian, cuyos gritos de clemencia resonaron por los pasillos hasta extinguirse.

Helios se quedó solo con Mirea. El silencio en la habitación era asfixiante. Ella se acercó a él y le puso una mano en el brazo, sintiendo la tensión muscular que amenazaba con estallar.

—Ha sido un golpe duro —dijo ella, suavizando el tono—. Pero necesario. Has ajustado tu estrategia a tiempo. Valerius acaba de perder su carta más fuerte en la guerra de información.

Helios se giró hacia ella, sus ojos reflejando la luz de las velas con una intensidad salvaje. La rabia y el sentimiento de traición ardían en sus venas, buscando una salida. Agarró a Mirea por la cintura y la atrajo hacia él con una fuerza que le quitó el aliento.

—¿Tú también me traicionarás, Mirea? —preguntó él, su voz ronca—. ¿Eres parte de esta sombra que intenta devorar mi corona?

Mirea no se amilanó. Enroscó sus dedos en el cabello de Helios y lo obligó a mirarla directamente a los ojos.

—Soy una mujer de intereses, Helios, ya te lo he dicho. Pero mis intereses ahora mismo están entre tus piernas y en ese trono que piensas reclamar. Valerius me ofrece una vida de lujos; tú me ofreces el mundo entero. No soy tan tonta como para elegir la opción más pequeña.

Él la besó con una furia desesperada, una mezcla de pasión y necesidad de reafirmar que algo en ese mundo de mentiras era real, aunque fuera un contrato de piel. La empujó contra la mesa de mapas, dispersando figuritas de madera y pergaminos. Mirea soltó una carcajada entrecortada mientras abría las piernas para recibirlo, sus manos buscando desesperadamente el metal de su cinturón.

El encuentro fue brutal y rápido, una coreografía de cuerpos que buscaban olvidar la muerte inminente. Helios la tomó con una posesividad que rayaba en lo salvaje, cada movimiento cargado con el peso de la traición de Elian y la advertencia de Selene. Mirea respondía con la misma intensidad, arqueando su cuerpo bajo el de él, sus uñas marcando surcos en sus hombros mientras gritaba su nombre en la penumbra de la habitación.

En ese momento de éxtasis amargo, Helios comprendió que su camino hacia la corona no estaría pavimentado solo con victorias militares, sino con sacrificios personales. Tendría que aprender a caminar entre las sombras sin dejar que estas lo consumieran, y tendría que confiar en mujeres que eran tan peligrosas como el fuego que él mismo controlaba.

Cuando finalmente se separaron, ambos jadeando, Helios se ajustó la ropa y miró el mapa que yacía en el suelo.

—Valerius cree que ha echado una sombra sobre mi corona —dijo Helios, su voz recuperando su autoridad—. Pero no sabe que el sol brilla con más fuerza justo después del eclipse.

Mirea se sentó sobre la mesa, arreglándose el cabello con una sonrisa satisfecha y letal.

—¿Cuál es el siguiente paso, mi rey?

—Elian confesará. El pueblo se volverá contra el Canciller por intentar engañarlos. Y mientras ellos se pelean en las calles, nosotros iremos tras la fuente del dinero. La Casa Serath.

Helios sabía que el encuentro con Selene solo había sido el comienzo. La verdadera conspiración era mucho más profunda de lo que imaginaba, y para desenredarla, tendría que entrar en el corazón del nido de serpientes: el Consejo de los Nobles.

La sombra sobre la corona empezaba a disiparse, pero el precio de la luz iba a ser más alto de lo que nadie en Solis estaba dispuesto a pagar.

1
Mariela Serrano
Estoy algo perdida, Acaso Selene no estaba casada con Varron, o esto pasó antes de eso?
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