Dentro de la Mafia Rusa, existen pactos, lealdades y acuerdos, es por eso que las hijas son monedas de cambios para el ascenso de los jefes de las familia, es un modo facil modo de obtener más poder..
La familia Lombardi resultado de la unión del hijo de un capo de la Cosa znostra Italiana con la unica hija del lugarteniente y mano derecha de la Mafia Rusa. Su decendencua fue su primogeniro Alexander y kas gemelas Laura y Lorena.
El hijo y futuro jefe de la mafia rusa elvfrio y cruel Dimitri Volkov, siente una pasión descontrolada por una de las gemelas, mientras es el mejor amigo de sus hermanos, es que Lorena es un espiritu libre que odia la vida de la mafia y sueña con escapar de eze mundo, no quiere ser como.su madre, una mujer triste que se refugia en frivolidades y alcohol para olvidar su triste vida.
Dimitri logra casarse con Lorena, pero ella no quiere ser su debilidad, ni la de nadie, es por eso que aprendio defenza personal, yvparticipa en peleas clandestinas
NovelToon tiene autorización de Elsa Manuel Luis Seudónimo Sissy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El regreso a Moscû
: El regreso a Moscú
El jet privado de los Volkov surcó los cielos europeos con la elegancia silenciosa de un depredador de lujo. El vuelo de regreso a Moscú transcurrió entre nubes algodonadas y un silencio tenso que solo Lorena parecía percibir. Para el resto de los pasantes, el viaje había sido un sueño: las conferencias, los monumentos franceses, las noches de champán en París. Jon Jairo y Katia no paraban de revisar las fotos en sus teléfonos, riendo al recordar anécdotas, mientras Lorena asentía mecánicamente, su mente atrapada en lo que había sucedido en la suite de Dimitri y el modo en queboactaron ka tregua para quecesa informacion no trascendiera.
El aterrizaje en el aeropuerto privado de Moscú fue suave, casi imperceptible, pero el corazón de la joven arquitecta golpeaba con la fuerza de un martillo. Al abrirse la compuerta, una hilera de carros negros blindados y polarizados aguardaba en la pista de aterrizaje, dispuestos para el traslado de los doce estudiantes y los diez acompañantes del CEO Dimitri Volkov. Era una muestra de poder que nadie osaba cuestionar. Lorena bajó los escalones conversando animadamente con Jon Jairo y Katia, cada uno cargando sus maletas con manos aún entumecidas por el viaje. Hablaban de las conferencias, de los planes para retomar las clases, de lo mucho que extrañaban el café ruso. Pero en medio de una frase, Lorena sintió una mano que tomó su brazo con firmeza, al mismo tiempo que otra mano arrebataba su maleta. Giró la cabeza y se encontró con los ojos grises e impenetrables de Dimitri. No dijo una palabra. No pudo.
Él la condujo hacia uno de los carros blindados mientras los demás estudiantes miraban confundidos pero callaban, acostumbrados a no cuestionar las decisiones, Karla 7quiso acercarse, pero Jon Jairo la detuvo con un gesto. Lorena subió al vehículo prácticamente muda, su cuerpo temblando mientras el carro arrancaba alejándose del grupo.
Dimitri no la llevó a su casa. El recorrido por las calles de Moscú fue un borrón de luces y sombras, y cuando Lorena reconoció el barrio, supo que se dirigían al edificio más alto de una de las zonas más exclusivas de la ciudad: el penthouse de Dimitri. Durante el trayecto, ella no se atrevió a decir nada delante de sus hombres armados, que ocupaban los asientos delanteros con miradas al frente y nuca tiesa. Pero cuando el ascensor privado los depositó en la puerta del penthouse y Dimitri abrió con un código biométrico, ella sintió que era el momento de hablar. Él la hizo pasar con un gesto seco, cerró la puerta con un golpe sordo que resonó como una sentencia y dijo a sus guardias a través de un intercomunicador: "No estoy para nadie". Lorena, aún temblando pero con una chispa de dignidad que se negaba a extinguirse, se giró hacia él y soltó con voz firme: "¿Qué pasa, Volkov? Yo no le pertenezco a nadie. Soy un ser humano y tomo mis propias decisiones".
Dimitri la miró con una sonrisa que no llegaba a sus ojos, una sonrisa cruel y divertida a la vez. Se acercó a ella con pasos lentos, como un felino jugando con su presa, y le dijo en ruso, con un tono que intentaba ser cariñoso pero resultaba amenazante: "Lapushka, eso fue antes de que te entregaras a mí. No sabía que eras tan fácil". La palabra "fácil" golpeó a Lorena como un látigo. Sintió la sangre hervir en sus venas, el coraje reemplazando al miedo. Sin pensarlo dos veces, su mano cruzó el rostro de Dimitri con una bofetada que resonó en el silencio del penthouse. "¡Exijo respeto!", gritó, con los ojos ardiendo. Por un instante, el tiempo se detuvo. Dimitri llevó la mano a su mejilla enrojecida, incrédulo.
Dimitri no creía que ella fuera capaz de abofetearlo. Nadie lo había hecho jamás, y menos una mujer. Pero en lugar de la furia asesina que Lorena esperaba, sus ojos se encendieron con un fuego diferente: el deseo descontrolado. La acorraló contra la pared, su cuerpo enorme aprisionando el de ella, y le susurró al oído con la voz ronca: "Serás castigada". Antes de que Lorena pudiera reaccionar, él comenzó a besarla con una voracidad que le robaba el aliento, mientras sus manos rompían la blusa de ella con una facilidad aterradora. Lorena se resistió al principio, golpeando su pecho, girando el rostro para evitar sus besos, pero las caricias de Dimitri, sus toques precisos y expertos, fueron desarmando cada una de sus defensas.
El miedo se transformó en algo que ella no sabía nombrar, y cuando él la llevó al suelo de la sala, sobre la alfombra persa, dejó de resistirse. Hicieron el amor allí mismo, con la urgencia de dos cuerpos que hablaban un idioma que ninguno de los dos dominaba del todo. Fue un día entero de sexo, una espiral de encuentros que recorrió cada rincón del penthouse. Él la tomó en el sofá, contra la ventana con vista a Moscú, en la cama principal y en la ducha de mármol. Exploraron múltiples posiciones, hubo sexo oral, gemidos contenidos y una intimidad cruda que ninguno de los dos esperaba.
Y luego llegó el castigo final: el sexo contra natura, ese que Dimitri le impuso como una marca de posesión absoluta. Pero lo increíble, lo que Lorena jamás habría imaginado, fue la química eléctrica que surgió entre ellos. A pesar de la violencia del inicio, a pesar del miedo y la sumisión, su cuerpo respondió con una intensidad que la avergonzaba y la liberaba al mismo tiempo. Ella disfrutó. Y ese placer, prohibido y arrollador, la asustaba mucho más que la furia de Dimitri. Cuando por fin cayó la noche y ambos yacían agotados entre sábanas revueltas, Lorena supo que había cruzado una frontera sin retorno: ya no era solo su cuerpo el que pertenecía a Dimitri, sino también una parte de su alma que nunca volvería a ser la misma.
Al llegar la mañana Lorena estaba exhausta le dolía el cuerpo y tenía que ir a casa, sintió su teléfono y lo busco, el nombre Laura resalto en la pantalla,
Lorena
buenos dias Laura.
Laura
Hola hermana donde estás, desde ayer llegaron a Rusia y tú no apareces por casa, llame a Karla y a Jon Jairon, pero no me tomaron la llamada.
Lorena.
Estoy en camino, te cuento en casa, hasta pronto y colgó.
Dimitri la mira y dice bamos a bañarnos y a desayunar, luego te llevo a casa, ella no respondio, solo rodo sus ojos y el sonríe y esta vez hay brillo en la friardad de sus dos glaciales grises.