Desde la ventana de su habitación, Mireya aprendió a escapar sin salir de casa.
A sus dieciséis años, el mundo le quedaba grande: discusiones detrás de las paredes, una bebé llorando en la habitación contigua y la palabra separación flotando como una sombra imposible de ignorar. Pero al otro lado de la calle había algo distinto. O alguien.
Ryan.
Veintiuno. Cabello castaño arrulado. Ojos verdes imposibles de olvidar. Siempre tranquilo. Siempre ajeno a la mirada que lo observaba cada tarde.
Él nunca la notaba.
Hasta que el destino decidió que una ventana no sería suficiente para mantenerlos separados.
Y lo que comenzó como simple curiosidad... estaba a punto de cambiarlo todo.
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Capítulo 13:
Capítulo 13: Pasar la página.
Llegué a la escuela con una sensación rara. No mala. Solo distinta. No sabía explicarlo. Quizá era porque dormí bien. Quizá porque el día se veía normal. Entré al aula. Mis amigos estaban allí. No dije mucho. Solo saludé. A veces no hace falta llenar el silencio.
—Eh, te ves diferente.
Es Ian.
—¿Diferente?
—Sí. Más tranquila.
Chelsy asiente.
—Es verdad. Menos tú.
Me encogí de hombros.
—Supongo.
No les conté que era cierto. Me sentía un poco mejor. No perfecto. Pero mejor. No todo tiene que ser pesado. A veces las cosas solo son.
—¿Todo bien?
La pregunta de Ian es simple. Podía decir que sí. Fácil. Automático.
Pero en lugar de eso sonreí.
—No soy tan mala, ¿verdad?
La pregunta salió sin planearla. No triste. Tampoco defensiva. Solo curiosa. Quería saber si la imagen que tienen de mí es la correcta. Si no soy siempre un problema.
Ian parpadeó y luego se rió.
—¿Qué?
Chelsy también sonrió.
—¿De qué hablas?
Me encogí de hombros.
—Nada. Olvídenlo.
No esperaba respuesta. Y no la hubo. Seguimos hablando de cosas simples. Tareas. Chismes sin importancia. El día continuó.
En el almuerzo, Ian mencionó algo en voz baja.
—Ah, casi se me olvida.
Lo miré.
—¿Qué?
Él sonrió, pero de una forma extraña. Como si guardara un secreto.
—Hoy es el cumpleaños de Chelsy.
Parpadeé.
—¿En serio?
Chelsy rió.
—Sí. No es gran cosa.
Ian negó.
—Claro que lo es.
Ella frunció el ceño.
—No empieces.
Sonaba como siempre. Sin sospechar nada.
Y eso era bueno.
Era una fiesta sorpresa.
Ella no debía saberlo.
Mis amigos iban a celebrarlo. Pequeño. Pero importante.
Sentí una punzada. No mala. Solo sorpresa. No esperaba estar incluida. No siempre lo estoy. Pero esta vez sí.
—Vamos a hacer algo después de clases
—dijo Ian—. Una pequeña reunión.
Chelsy asintió.
—Nada grande. Solo amigos.
Me quedé callada un segundo. Luego sonreí.
—Eso suena bien.
No era mentira. Me alegraba. Las celebraciones son bonitas. Y ella se lo merecía.
—Y necesitamos ayuda —añadió Ian.
Parpadeé.
—¿Ayuda?
—Sí. Para el regalo.
Lo miré.
—Ah.
Me gustaba ayudar. Y era para ella.
—Está bien. Me encanta la idea.
Ian sonrió.
—Perfecto.
Luego añadió en voz baja:
—Pero no le digas nada.
Miré a Chelsy.
Ella seguía hablando con Lucas. No sospechaba y no debía. Era sorpresa.
Asentí.
—No lo haré.
Ian sonrió.
—Genial.
Luego añadió:
—Pero no vamos solos.
Fruncí el ceño.
—¿Qué?
Él señaló la ventana del aula.
Lucas se fue corriendo a saludarlo mientras nosotros lo seguíamos.
Y lo vi.
Ryan Gallagher.
Estaba allí. No se veía molesto. Solo presente. Como parte del plan.
Mi estómago dio un pequeño salto. No incómodo. Solo sorpresa.
Ian habló.
—También viene él.
Miré a Ryan. Él no me miró de inmediato. Luego levantó la vista. Nuestros ojos se encontraron por un segundo. Neutral. Sin tensión.
Y eso estaba bien.
—Vamos a comprar un collar —dijo Ian—. Algo bonito para la fiesta.
Parpadeé.
—Un collar.
—Sí. Para la sorpresa.
Me mordí el labio.
—Eso es bueno.
Los collares pueden ser especiales. No solo un accesorio. Algo que recuerde un momento.
—Tiene que ser sencillo.
—Ella no es de cosas exageradas.
Asentí.
—Entonces algo delicado.
Lucas sonrió.
—Exacto.
Ryan intervino.
—Podría ser de plata.
Lo miré.
—¿Plata?
—Es bonito y no se ve barato.
No era mala idea.
—Sí. Eso.
Lucas asintió.
—Buen plan.
Sonreí levemente.
—Me gusta.
No era gran cosa. Pero me sentí incluida. Parte del plan.
Y lo mejor… era sorpresa.
Chelsy no sabía nada. No debía saberlo.
Después de clases nos reunimos.
Fuimos al centro comercial.
El lugar estaba lleno de gente. Luces. Vitrinas. Ruido.
No me molestó. No hoy.
Era para algo bueno.
Una celebración.
Y eso hacía que todo se sintiera distinto.
Lucas tomó la iniciativa.
—Busquemos joyería.
Entramos en una tienda.
Collares brillantes.
Pequeños detalles.
No todos me gustaban.
Algunos eran demasiado grandes.
Otros demasiado simples.
Buscábamos algo que se sintiera especial.
—Ese no —dijo Lucas.
Mostró uno con demasiados adornos.
No era para la fiesta.
—Demasiado.
Ryan asintió.
—Tiene razón.
Seguimos mirando y entonces lo vi.
Un collar de plata.
Delgado.
Elegante.
Con un pequeño dije.
Nada exagerado. Pero bonito.
Se veía delicado. Perfecto para ella.
—Ese —dije.
Lucas lo miró.
—Sí. Ese.
Ryan también asintió.
—Es bueno.
Me acerqué. Lo tomé con cuidado. El metal era frío, sencillo y bonito.
Imaginé a Chelsy usándolo.
Sonriendo.
Sorprendida.
Esa era la idea. Una fiesta sorpresa.
Un regalo.
Un momento.
—Lo compramos —dijo Lucas.
Lo envolvieron para regalo. Una caja pequeña con un lazo. Perfecto para la sorpresa. Salimos de la tienda.
El aire del centro comercial era más fresco y me sentí bien.
No necesitábamos comprar nada más, pero me detuve frente a un escaparate.
Había collares.
Algunos brillantes y otros demasiado grandes.
Y uno llamó mi atención.
Era de plata, con un dije en forma de mariposa verde.
No gritaba por atención. No era ostentoso. Solo un detalle. Pequeño y delicado.
Me acerqué. Lo miré mejor.
La mariposa parecía moverse bajo la luz, como si respirara.
No era solo un accesorio.
Era un símbolo.
Cambio.
Transformación.
Cosas que no siempre son fáciles, pero que ocurren.
Me quedé en silencio.
No buscaba comprarlo.
Solo observarlo.
A veces las cosas bonitas no necesitan pertenecer a uno para ser apreciadas.
—Ese te gusta.
La voz de Ryan me sorprendió.
Parpadeé.
—¿Qué?
Él señaló el collar.
—El de la mariposa.
Lo miré otra vez.
—Ah.
No sabía qué decir.
No esperaba que lo notara.
—Es bonito —dije.
No era una frase grande. Solo verdad.
Ryan asintió.
—Lo es.
Hizo una pausa.
—Te quedaría bien.
Las palabras no fueron exageradas.
Tampoco un cumplido grandilocuente.
Solo una observación.
Y eso las hizo sentir reales.
No incómodas.
No forzadas.
Simple.
Levanté la vista hacia él.
—¿Tú crees?
Él encogió los hombros.
—Sí.
No añadió más.
No hacía falta.
A veces las frases cortas dicen más que un discurso.
Sonreí apenas.
—Gracias.
No fue un momento de película.
Ni algo que cambiara todo.
Solo una conversación.
Pequeña. Sin presión.
Y eso se sintió bien.
El collar seguía allí.
La mariposa verde brillando suavemente.
Imaginé cómo se vería.
Colgado en mi cuello.
No como una declaración.
Sino como un recordatorio.
Las mariposas cambian.
No siempre sin esfuerzo.
Pero cambian y eso está bien.
No todos los días son grandes transformaciones.
A veces son pequeños pasos.
Pequeñas decisiones.
Pequeños detalles.
Y eso también cuenta.
Lucas se acercó.
—¿Listos?
Asentí.
—Sí.
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Pov: Ryan
Le dije que el collar de la mariposa le quedaría bien.
No era gran cosa. Solo una observación.
Pero cuando lo escuchó, sonrió. Pequeño gesto. Sincero, pero no exagerado.
Solo una sonrisa.
Y por alguna razón me quedé mirándola un segundo. No mucho.
Solo un instante.
Me gustó la reacción. No por algo raro.
Sino porque parecía genuina.
Como si el comentario la hubiera hecho sentir un poco mejor.
Y eso está bien.
Las personas no deberían sentirse incómodas por cosas pequeñas.
Su sonrisa fue… no sé.
Simpática.
Linda.
La palabra apareció en mi cabeza sin permiso y me tensé.
¿Qué demonios?
No debería pensar eso.
Es una chica.
Una niña.
Podría ser mi hermana.
Esa idea llegó de golpe.
Y me hizo frenar.
No hay nada extraño en notar que alguien sonríe.
No hay problema en decir que un collar le quedaría bien.
Pero ir más allá… no.
No voy por ese camino. No soy ese tipo de persona y ella es joven. Solo tiene dieciséis.
Demasiado para pensar cosas raras.
Así que dejé el pensamiento allí.
Cerrado.
Listo.
Fue solo una sonrisa. Nada más.
Mejor no darle vueltas.
Las cosas simples son eso: simples.
Un comentario. Una reacción y seguir adelante.
No necesito complicarlo.
Ni pensar de más.
Porque no hay nada que complicar.
Ella sonrió.
Yo lo dije.