NovelToon NovelToon
Fénix: Renaciendo De Las Cenizas De La Vida

Fénix: Renaciendo De Las Cenizas De La Vida

Status: Terminada
Genre:Romance / Embarazo no planeado / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

No sé en qué momento exacto mi vida dejó de ser “normal”. A veces pienso que fue un día cualquiera, uno de esos en los que el sol entra por la ventana como si nada pudiera romperse. Pero se rompió. Y no hizo ruido.
Me llamo Dara. Y antes de que todo cambiara, yo era solo una adolescente más con sueños demasiado grandes para mi realidad. Pero mi vida dio un giro de la noche a la mañana. Un giro que me hizo reinventarme, crecer de repente ... pero déjenme contarles algo: No hay dificultades grandes porque los sueños sí se cumplen

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13 Huir también duele

Hay heridas que otros te provocan.

Y hay heridas que te provocas tú misma.

Las segundas son las peores.

Porque mientras sangras, sabes perfectamente quién sostiene el cuchillo.

Durante tres días evité a Fabio.

Tres días enteros.

Tres días fingiendo que estaba ocupada.

Que tenía tareas.

Que Mateo estaba enfermo.

Que necesitaba estudiar.

Cualquier excusa servía.

Cualquier mentira era mejor que enfrentar lo que estaba sintiendo.

Porque las palabras de Valeria seguían dentro de mi cabeza.

Como un veneno lento.

Invisible.

Persistente.

¿Qué puedes ofrecerle tú?

Al principio intenté ignorarlas.

Pero cuanto más luchaba contra ellas, más crecían.

Más se aferraban a mí.

Más me hacían dudar.

Y cuando las dudas aparecen, el miedo nunca tarda en llegar.

Aquella madrugada me quedé observando a Mateo mientras dormía.

La tenue luz que entraba por la ventana iluminaba parcialmente su rostro.

Tenía una mano cerrada sobre su manta favorita.

Y una expresión tranquila.

Segura.

Confiada.

Como si supiera que el mundo jamás podría hacerle daño.

Mi pecho se apretó.

Porque yo sabía que no era verdad.

El mundo sí podía lastimarlo.

Y también podía lastimarme a mí.

Pensé en Fabio.

En su sonrisa.

En sus manos sosteniendo a Mateo.

En la forma en que me había mirado bajo la lluvia.

En aquel beso.

Y precisamente porque lo amaba...

Comencé a convencerme de que debía alejarme.

Porque amar a alguien también significa querer lo mejor para esa persona.

Incluso si eso implica perderla.

Cuando amaneció ya había tomado una decisión.

Una decisión que me rompía el corazón.

Pero que, en ese momento, creía correcta.

Renunciaría a Aurora.

Renunciaría a Fabio.

Antes de que él terminara dándose cuenta de que Valeria tenía razón.

Llegué a la cafetería con el corazón convertido en una piedra.

Fabio estaba atendiendo una mesa cuando entré.

Sus ojos encontraron los míos inmediatamente.

Y una sonrisa apareció en su rostro.

La misma sonrisa que últimamente conseguía desarmarme.

Pero esta vez aparté la mirada.

Porque si la sostenía más de dos segundos, iba a arrepentirme.

—Buenos días.

Su voz sonó cálida.

Cariñosa.

Demasiado cercana.

—Buenos días.

Intenté sonar normal.

No funcionó.

Él lo notó.

Por supuesto que lo notó.

Pasó gran parte de la mañana observándome discretamente.

Yo lo sabía.

Podía sentirlo.

Y aun así seguí fingiendo.

Hasta que llegó el momento.

—Fabio.

Mi voz salió más débil de lo que esperaba.

Él levantó la vista desde la caja registradora.

—¿Sí?

Tragué saliva.

—Necesito hablar contigo.

Su expresión cambió inmediatamente.

La preocupación apareció en sus ojos.

—¿Qué ocurre?

No pude responder allí.

Delante de los clientes.

Delante de Mateo.

Delante de todos.

Así que señalé la oficina.

Cinco minutos después estábamos frente a frente.

Solos.

Y por primera vez desde aquella noche bajo la lluvia, sentí una distancia enorme entre nosotros.

Una distancia creada por mí.

Fabio apoyó los brazos sobre el escritorio.

—Me estás asustando.

Intenté sonreír.

No pude.

—Voy a dejar el trabajo.

El silencio fue inmediato.

Brutal.

—¿Qué?

Parpadeó una vez.

Luego otra.

Como si no hubiera escuchado bien.

—Voy a renunciar.

Esta vez mi voz fue más firme.

Más definitiva.

Fabio permaneció inmóvil.

Y por primera vez desde que lo conocía, pareció perder completamente el control de sus emociones.

—No.

Fruncí el ceño.

—¿No?

—No.

Aquella respuesta me tomó por sorpresa.

—Fabio...

—Explícame qué está pasando.

Ahora.

Su tono era firme.

Exigente.

No como mi jefe.

Como el hombre que estaba desesperado por entender.

Aparté la mirada.

—No pasa nada.

—No me mientas.

La frase llegó inmediata.

Contundente.

—Dara, llevas días evitándome.

No contestas mis mensajes.

Te marchas apenas llego.

Ahora quieres renunciar.

Y pretendes que crea que no pasa nada.

Mi garganta comenzó a cerrarse.

Porque tenía razón.

—Simplemente creo que es lo mejor.

—¿Para quién?

Silencio.

—¿Para quién, Dara?

Repitió.

Más suave esta vez.

Y entonces exploté.

Porque estaba cansada.

Porque tenía miedo.

Porque amarlo comenzaba a doler demasiado.

—¡Para ti!

La respuesta salió antes de poder detenerla.

Fabio se quedó inmóvil.

—¿Para mí?

—Sí.

Para ti.

Porque mereces algo mejor.

Porque mereces a alguien que pueda darte la vida que quieres.

Porque mereces a alguien que no venga cargada de problemas.

Las lágrimas comenzaron a aparecer.

Otra vez.

Siempre terminaba llorando cuando se trataba de él.

—¿Esto es por Valeria?

La pregunta atravesó directamente mi pecho.

Porque había acertado.

—No.

Mentí.

Mal.

Muy mal.

—Mírame.

Negué.

—Dara.

—No.

—Mírame.

Finalmente levanté la vista.

Y encontré dolor en sus ojos.

Dolor real.

—¿Qué te dijo?

Aquella simple pregunta derrumbó todo.

Porque de pronto volví a escuchar cada palabra.

Cada duda.

Cada inseguridad.

Cada miedo.

—Me dijo la verdad.

Fabio frunció el ceño.

—¿Qué verdad?

La risa que salió de mi garganta fue amarga.

Rota.

—Que tú ya tuviste al amor de tu vida.

El color abandonó su rostro.

—Dara...

—No.

Ahora me escuchas tú.

Las lágrimas ya corrían libremente.

—Me ilusionaste.

Mi voz se quebró.

—Me hiciste creer que esto podía funcionar.

Que podías quererme.

Que podías elegirnos.

Fabio dio un paso hacia mí.

Yo retrocedí.

—Y mientras tanto ella sigue aquí.

Esperándote.

Amándote.

Recordándote todo lo que fueron juntos.

Todo lo que construyeron.

Toda una vida.

Respiré con dificultad.

—¿Cómo compito contra eso?

Dime.

¿Cómo?

—No tienes que competir.

—¡Claro que sí!

Mi voz resonó en toda la oficina.

—Porque todavía la amas.

El silencio fue inmediato.

Fabio abrió la boca.

Pero no llegó a hablar.

Porque yo ya no quería escuchar.

No podía.

—Lo vi en tus ojos cuando hablaste de ella.

Lo vi cuando apareció.

Lo vi cada vez que intentabas justificarla.

Tú dices que me amas.

Pero una parte de ti sigue perteneciendo a ella.

—Eso no es verdad.

Su respuesta fue inmediata.

Firme.

Pero yo ya estaba demasiado herida para creerle.

—No quiero ser la segunda opción de nadie.

Las palabras salieron en un susurro.

Y aquellas sí eran completamente sinceras.

Por un instante vi cómo algo se rompía dentro de él.

Algo profundo.

Doloroso.

—Nunca has sido una segunda opción.

Su voz sonó baja.

Rota.

—Nunca.

Pero yo ya había tomado una decisión.

Y las decisiones tomadas desde el miedo son difíciles de detener.

Tomé mi bolso.

Luego las cosas de Mateo.

Y me dirigí hacia la puerta.

—Dara.

No me detuve.

—Dara, por favor.

Seguí caminando.

—Déjame explicarte.

La desesperación en su voz me hizo cerrar los ojos.

Porque una parte de mí quería hacerlo.

Quería quedarme.

Quería escucharlo.

Quería creerle.

Pero el miedo gritaba más fuerte.

—No.

Fue todo lo que dije.

Abrí la puerta.

Y salí.

Detrás de mí escuché pasos.

Pero no me giré.

Porque si lo hacía, sabía que iba a correr de vuelta hacia él.

Y necesitaba seguir adelante.

Aunque cada paso me estuviera destrozando.

No vi el dolor reflejado en su rostro.

No vi cómo permaneció inmóvil observándome alejarme.

No vi sus manos cerrarse con impotencia.

Y tampoco vi la figura que observaba la escena desde el otro lado de la calle.

Valeria.

Porque mientras yo me alejaba convencida de estar haciendo lo correcto...

Alguien más comenzaba a darse cuenta de que había ganado una batalla.

Pero todavía no la guerra.

Y Fabio estaba dispuesto a luchar por nosotros.

Aunque tuviera que derribar cada muro que mis propios miedos habían construido.

1
Margarita Acuña Cerda
Sencillamente maravillosa novela una gran niña mujer unos padres asquerosos y un gran hombre mil felicitaciones hermosa 👏👏👏👏👏👏🥰🥰🥰🥰
Margarita Acuña Cerda
Que mujer niña
Más valiente 👏👏👏👏👏
Margarita Acuña Cerda
Insisto maldito viejo y la mamá peor aún
Margarita Acuña Cerda
Maldito viejo nunca estuvo para ella y ahora no la deja ser feliz hay pero que rabia me da
Margarita Acuña Cerda
Maldita perra como va a querer hacerle algo a mateo ojalá y se muera
Margarita Acuña Cerda
Espero que al final se queden juntos por favor autora 🥰🥰🥰🥰
Margarita Acuña Cerda
Hayyy pobre niña mujer que rabia que los papás la dejen sola 😭😭😭😭
Margarita Acuña Cerda
Hasta el momento está muy linda me encanta ,mi hija también es mamá soltera pero nosotros la apoyamos siempre 100% no entiendo con estos padres sin tan desgraciados 😭😭😭😭
ILBA NARVAEZ
una historia muy linda de resiliencia, de miedos que paralizan Pero los protagonistas están dispuestos a seguir a pesar de ellos.
meidi aguiar
excelente y hermosa historia de reflexión y valorización hacia uno mismo te felicito espero disfrutar muchas mas
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play