Luciana Moretti fue en su vida anterior una joven del siglo XXI: introvertida al principio, pero con un sentido del humor desbordante, una lengua afilada sin filtros y una fuerza interior que pocos imaginaban. Estaba estudiando historia de las civilizaciones antiguas, viviendo una vida tranquila pero llena de curiosidad, hasta que un accidente con un libro antiguo y un cristal en una biblioteca la llevó a morir… y despertar en el cuerpo de la tercera hija de la familia Moretti, una de las familias más ricas, influyentes y poderosas de Aethelgard.
Aquí, es conocida como la “don nadie”: sin grandes dones, ignorada por todos, considerada extraña y poco agraciada por sus padres y hermanas mayores. Sus padres, el señor y la señora Moretti, son inmensamente ricos, pero también vanidosos, ambiciosos y bastante ingenuos, obsesionados con mantener su estatus y aliarse con la realeza. Sus hermanas, Sofía y Valeria, son hermosas, elegantes… e hipócritas hasta el extremo: dulces en público.
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De "don nadie" a dueña del mundo (y mi familia no se lo cree)
El silencio que siguió al estruendo fue… bueno, no fue silencio del todo. Fue ese tipo de silencio incómodo donde solo se escuchan las respiraciones agitadas, el crujido de los cristales convertidos en polvo bajo nuestros pies y el sonido de tres mandíbulas golpeando el suelo: las de mis padres y mis dos adorables hermanitas.
Samuel seguía abrazado a mí como si yo fuera el único trozo de tierra firme en medio de un huracán. Y la verdad, con la energía inmensa que él desprendía, él era más bien el huracán, y yo la pobre palmera intentando no arrancarme de raíz. Pero vaya, que no me quejaba para nada. Si tenía que ser arrastrada por un huracán guapo, poderoso y totalmente enamorado de mí, firmaba donde fuera.
Mis padres, que hasta hace cinco minutos se creían los reyes del mundo por vender una "piedra vieja", ahora estaban arrodillados en el suelo, pálidos como el papel y con los ojos tan abiertos que temí que se les salieran y rodaran por ahí junto con los restos brillantes del cristal. Mi padre, que siempre tenía la nariz levantada y se creía más importante que el propio rey, ahora parecía un niño al que han pillado robando galletas. Y mi madre… bueno, mi madre parecía a punto de desmayarse, lo cual no era raro en ella, pero esta vez no era por las emociones fuertes de la nobleza, sino por puro terror puro y duro.
—Y bien —dije yo, rompiendo el silencio con mi voz más tranquila y desenfadada, mientras me acomodaba mejor contra el pecho de Samuel y miraba a mi familia con una sonrisita de oreja a oreja—, ¿qué tal el negocio, padre? ¿Os han dado buen precio por… eh… ¿por mi novio, digamos? ¿O por el hechicero más poderoso que existe? Porque creo que el trato os salió un poquito mal, ¿no?
Mi padre intentó tragar saliva, pero le costó horrores. Abrió la boca, la cerró, volvió a abrirla y al final solo salió un chillido patético y agudo que casi me deja sorda: —¿U-u-un… un hechicero? ¿E-estaba ahí dentro… un hechicero? ¿El famoso Van Doren? ¡¡Creímos que eran solo cuentos de hadas para asustar a los niños!! ¡¡Juraría que en los libros decían que era un monstruo terrible!! ¡¡Y resulta que… que es… esto!!
Señaló a Samuel con un dedo tembloroso, como si señalarlo fuera un pecado mortal, y Samuel simplemente le devolvió una mirada fría, calculadora y llena de esa locura contenida que hacía que a cualquiera se le helara la sangre. Menos a mí. A mí esa mirada me encantaba, porque sabía que detrás de ella solo había amor infinito y ganas de matar a cualquiera que me mirara mal.
Sofía y Valeria seguían en el suelo, una al lado de la otra, con los vestidos arrugados, el pelo hecho un desastre (cosa que para ellas era peor que la propia muerte) y las bocas tan abiertas que parecían que podían tragar una manzana entera sin masticar. Me miraron como si acabara de salir de una caja de sorpresas muy fea y pesada, y Valeria, que siempre tenía que decir la última tontería, balbuceó:
—P-pero… tú eres… la don nadie… —susurró, sin poder creer lo que veían sus ojitos llenos de aire—. ¡Tú no sabes hacer nada! ¡Tú solo lees libros viejos y hablas sola por los pasillos! ¡¿Cómo es posible que… que ÉL esté ahí, libre, poderoso y encima… encima te mire como si fueras el único diamante del mundo?! ¡¡Es imposible!! ¡¡Nosotras somos las guapas, nosotras somos las importantes!! ¡¡Esto está mal!!
Samuel, que hasta ahora solo tenía ojos para mí, giró lentamente la cabeza hacia ellas. Y os aseguro que cuando el hechicero más poderoso, loco y sobreprotector de la historia te clava sus ojos grises llenos de tormentas, sientes cómo se te seca hasta la saliva en la boca. Dio un paso al frente, interponiéndose entre ellas y yo, como si fueran unos mosquitos molestos capaces de hacerme daño (aunque la verdad es que lo único que podían hacer era hablar tonterías). Su voz salió profunda, grave y cargada de esa magia que hacía vibrar las paredes:
—¡¿Don nadie?! —repitió, alzando un poco la voz, lo que provocó que un montón de libros de las estanterías salieran volando solitos y cayeran encima de ellas, dándoles unos golpes que seguro dolieron, pero no les hicieron daño de verdad, solo para asustarlas un poquito—. ¡¿OSÁIS LLAMAR ASÍ A LA ÚNICA DIOSA QUE EXISTE?! ¡A LA MUJER QUE ME HA DADO LA VIDA, LA LIBERTAD Y LA CORDURA! ¡A LA DUEÑA ABSOLUTA DE TODO LO QUE SOY Y DE TODO LO QUE HAY EN ESTE MUNDO Y EN LOS OTROS!
Hizo una pausa, mientras ellas intentaban sacarse un libro de encima y temblaban como gelatina, y continuó con una sonrisa que daba mucho más miedo que cualquier grito: —Y si creéis que vosotras sois importantes o guapas… permitidme que me ría. Porque comparadas con ella, no sois más que sombras insignificantes. Y os aconsejo que aprendáis rápido a tratarla con el respeto que se merece. Porque la próxima vez que escuche una sola palabra fuera de lugar, una sola mirada fea, un solo comentario estúpido… bueno, digamos que convertiré esos vestidos que tanto os gustan en sapos. Y sé que le tenéis terror a los sapos. ¿Verdad?
¡Jajaja! Yo tuve que morderme el labio para no soltar la carcajada allí mismo. Sabía perfectamente lo de los sapos: una vez de niñas las asustaron con uno en el jardín y se pasaron tres días llorando. ¡Y él se había enterado de todo escuchándome hablar de ello! Se lo guardaba todo para protegerme y para fastidiarlas. Era perfecto.
Mis hermanas asintieron frenéticamente, con lágrimas en los ojos, sin atreverse a decir ni una palabra más. Por fin. ¡A ver si así aprendían!
Mis padres, viendo que la situación se les había ido totalmente de las manos y que, en lugar de ganar un negocio, habían ganado al ser más poderoso del mundo viviendo en su casa y adorando a su hija "rara", se pusieron de pie muy despacito, con mucho cuidado, como si estuvieran rodeados de cristales rotos (que de hecho sí lo estaban). Mi padre se aclaró la garganta, intentando recuperar algo de su dignidad de señor importante, aunque le salió una voz finita y temblorosa:
—Nosotros… eh… nosotros no sabíamos… de verdad, señor Van Doren… no teníamos ni idea de lo que teníamos. Si hubiéramos sabido que… que estaba usted ahí, y que… que nuestra hija… bueno… que Luciana era tan… especial… le aseguramos que…
Samuel lo miró con esa indiferencia absoluta que era mil veces peor que el enfado. Lo miró como si fuera una hormiga que se le ha metido en el zapato: algo molesto, pequeño y sin importancia. —Lo sé —lo cortó secamente—. Sé que no sabíais nada. Sé que solo veíais oro y títulos. Y sabed esto: tenéis suerte. Solo tenéis una razón por la que sigáis de pie, respirando y con vuestra mansión intacta. Y esa razón es ella. —Señaló hacia mí con mucho orgullo—. Si no fuera porque Luciana os quiere, porque es buena y porque es mucho más generosa de lo que os merecéis… ahora mismo seríais ceniza. Y esta casa sería un recuerdo lejano. Así que dad gracias cada día de que ella sea vuestra hija. Y ahora… ya sabéis quién soy. Ya sabéis quién es ella. Y ya sabéis cómo van a ser las cosas de ahora en adelante.
después de siglos de estar encerrado a que olera su boca... caray
estás en el pasado que ya es historia, con cosas históricas más viejas. que regalo del destino .
está Lucia como niña en dulcería
que sucedió?
murió a través del tiempo?
Gracias /Smile//Smile/