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El Latido De La Eternidad

El Latido De La Eternidad

Status: En proceso
Genre:Pareja destinada / Vampiro / CEO / Arrogante
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Alessandra "Lexa" Cavalier es una hematóloga destacada por sus logros en el difícil mundo de la medicina, pero su fe proviene de la ciencia y la lógica. Todo se rompe cuando acepta el contrato más inusual de su carrera: salvar a Dante Marek, un hombre hermético y arrogante, CEO de una empresa prestigiosa que parece tener siglos de su fundación.
Él no es un hombre cualquiera, sino un vampiro de sangre pura cuya estirpe se marchita, por una corrupción que está devorando su sistema circulatorio, amenazando con convertir su inmortalidad en cenizas. Desde su primer encuentro en una mansión que huele a hostilidad. Dante desprecia la fragilidad de Lexa, pero su sangre tiene un aroma que mueve sus instintos primitivos que creía haber enterrado hace décadas.
Mientras ella se adentra en un laboratorio de tinieblas para encontrar una cura, descubre que no es una simple observadora. Su propia genética guarda el secreto de una salvación que Dante ansía y teme por igual.

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Entramos en las entrañas de Marek Industries, desechamos la ropa que utilizamos para disfrazarnos, colocando pelucas, gabacha de personal de mantenimiento, junto a gorras que ocultaran un poco nuestros rostros para pasar desapercibidos; este ya no era el mundo de concreto y tuberías oxidadas de los niveles inferiores, estábamos caminado por los largos pasillos que nos llevaban directo a los ascensores y el corazón palpitante del imperio: el laboratorio del piso 50.

En los círculos internos más conocido como "El Santuario", era la cúspide de la arrogancia de Jonathan Blackwood. Sin embargo, la belleza era un espejismo. La luz roja de emergencia bañaba todas las superficies pulidas con un tono carmesí, transformando el laboratorio en una carnicería de lujo, un quirófano suspendido en el cielo donde la ética se había sacrificado en el altar del progreso.

—Es demasiado fácil, Lexa. —Susurró Cooper, con el rifle oculto en su espalda. Sus ojos escaneaban cada rincón, buscando una amenaza que su instinto le decía que estaba allí, oculta tras la perfección del diseño.  —Hemos cruzado medio edificio sin disparar una sola bala rúnica; esto no es seguridad, es una invitación a nuestra propia ejecución.

—No crees que solo se trate de un error de Blackwood. —Respondí, con mi voz vibrando. —O un teatro, donde nosotros somos los actores principales.

Justo cuando nos acercábamos dónde escondí el suero de la Sanguis Unitas fue perfeccionado, un sonido hidráulico sonó en seco que nos hizo detenernos; no fue una alarma, sino un mecanismo sutil que salió del suelo, con una velocidad que desafiaba el ojo humano. Era una especie de brazo mecánico de fibra de carbono que atrapó a Dasha, que caminaba a mi lado sumida en un trance de terror, no tuvo tiempo de reaccionar. El dispositivo la sujetó por el antebrazo con una pinza de titanio.

—¡Dasha! —Grité, lanzándome hacia ella, pero ya era demasiado tarde.

Una aguja neumática se hundió en su cuello, inyectando un fluido de un color violeta eléctrico que brillaba con luz propia y maligna. El mecanismo se retrajo instantáneamente, dejando a mi hermana de rodillas, sujetándose la garganta mientras un gemido ahogado escapaba de sus labios.

—¡Bienvenidos a casa! —La voz de Jonathan Blackwood resonó por los altavoces ocultos, destilando una satisfacción narcisista que me revolvió el estómago. — Alessandra, siempre fuiste tan predecible en tu heroísmo, me ahorraste el trabajo de cazarte. —Lo que acabas de ver, querida doctora, es el suero experimental Fase Delta. En un organismo humano común, provoca una degradación celular acelerada. Sus órganos empezarán a fallar en menos de una hora... al menos, claro, que el portador de la Sanguis Unitas decida compartir su don y me proporcione los datos de transferencia que faltan.

Sentí que el mundo se desmoronaba aplastándome sin que yo pudiese hacer nada. Él no quería capturarme simplemente; quería convertirme en el verdugo de mi propia hermana.

Pronto de las rejillas de ventilación empezó a brotar un gas denso y azulado. No era veneno común; era un inhibidor de partículas de platino diseñado específicamente para neutralizar mi red cristalina. Sentí cómo la conexión con mi sangre se enturbiaba, como si me estuvieran inyectando plomo líquido en las venas. Caí de rodillas, viendo cómo Cooper luchaba por no soltar su arma mientras sus pulmones fallaban y las venas del cuello de Dasha empezaban a tornarse de un negro azulado, como raíces de una planta muerta.

—¡No Dash!, todo es mi culpa...Acercándome para sostenerla en mis brazos.

Fue cuando, el techo del laboratorio se rompió dejando caer una lluvia de cristales.

Una onda de choque sónica barrió el gas azulado en un instante. —Era Dante. —Sus ojos eran dos pozos de furia incandescente que parecían quemar el aire.

—¡Basta de juegos, Jonathan! —Rugió, su voz haciendo vibrar las placas de metal de los servidores.

De las sombras del despacho privado emergió su antiguo socio, el hombre que había vendido los secretos de la sangre antigua para financiar su propia obsesión con la inmortalidad tecnológica.

—Dante... el paria —Dijo Jonathan con una sonrisa gélida, sosteniendo una vara de frecuencia que emitía un pulso rítmico. — Todavía protegiendo a los insectos. Mírala, Alessandra Cavalier no es más que un tubo de ensayo con piernas y su hermana es ahora un reloj de arena que se queda sin tiempo.

—Ella es la dueña de su propio destino —Respondió Dante, desenvainando una hoja de obsidiana que parecía respirar sombras. — Y tú eres solo un maldito traidor que olvidó el peso de la sangre que corre por mis venas.

El enfrentamiento fue inmediato y brutal. Dante y Blackwood se convirtieron en un borrón de velocidad sobrehumana.

—¡Lexa, muévete! —Gritó Cooper mientras bloqueaba un ataque de los guardias. — ¡Toma el suero beta y llévate a Dasha! ¡Aquí abajo el aire está viciado, su sistema no resistirá!

Aprovechando que Dante mantenía ocupado a su exsocio en un duelo de titanes, me arrastré hacia la cámara de síntesis. El inhibidor todavía pesaba en mi sistema, pero ver a Dasha convulsionar en el suelo fue un catalizador más fuerte que cualquier químico. Mis uñas metálicas, impulsadas por una rabia pura, perforaron la carcasa de seguridad de la cámara criogénica. Agarré los viales del suero beta; el frío del nitrógeno líquido me quemó las palmas, pero el dolor físico era un susurro comparado con el grito de mi mente científica buscando una cura.

—Resiste, Dash... por favor, resiste —Le susurré, cargándola con una fuerza que me desgarraba los tendones. Su piel estaba fría y las líneas negras del suero Delta ya llegaban a sus mejillas.

Miré hacia atrás una última vez. Dante estaba luchando con una ferocidad suicida, recibiendo golpes que habrían matado a un batallón solo para evitar que Jonathan y su ejército llegaran a nosotros.

Él bastardo se reía, con una risa seca y desprovista de alma, mientras sus garras rasgaban el pecho de Dante, dejando surcos de oscuridad de los que brotaba una sangre espesa y brillante.

—¡Vámonos, Cooper! —Grité.

Cooper, recupero el aliento tras el despeje del gas, me siguió hacia la salida de emergencia trasera. Subimos las escaleras hacia la azotea mientras el edificio se sacudía por la batalla que ocurría debajo. —La conexión en mi muñeca seguía transmitiéndome el dolor de Dante, pero también su determinación: él estaba dispuesto a morir en ese laboratorio con tal de que yo tuviera mi oportunidad.

Salimos al aire libre y el viento helado de la noche de la ciudad nos azotó con fuerza. El contraste entre el calor sofocante y el frío de la altura me hizo jadear. Frente a nosotros, el helipuerto estaba iluminado por focos amarillos que parpadeaban con una cadencia hipnótica.

El rompecabezas estaba completo. Dasha estaba muriendo en mis brazos, Dante estaba peleando una guerra imposible. El futuro de la especie ya no era una cuestión de ciencia; sino de supervivencia pura y yo estaba dispuesta a quemar el cielo para ganar.

El rugido de las hélices del helicóptero de emergencia de Marek cortaba el aire gélido de la noche, creando un torbellino de ruido que amenazaba con devorar mis pensamientos. Cooper tomó los mandos con una pericia nacida de la desesperación, mientras yo acomodaba a Dasha en el suelo de la cabina. Su respiración era un silbido húmedo y errático; las venas negras en su rostro ahora parecían un mapa de ceniza que avanzaba hacia sus ojos.

—¡Sube, maldita sea, sube! —Gritó Cooper, no al helicóptero, sino a la figura que emergió de las sombras del helipuerto como un espectro.

Dante apareció justo a tiempo, saltando al patín de aterrizaje cuando ya nos separábamos del suelo; su pecho era un mapa de cortes profundos de los que emanaba un vapor oscuro. Su mirada se cruzó con la mía por un segundo, un intercambio de agonía y alivio que no necesitó palabras. Él había sobrevivido al laboratorio, pero el rastro de destrucción que dejábamos atrás era solo el preludio de lo que vendría.

—¡Rumbo al mausoleo! —Ordenó, apenas audible sobre el estruendo del motor.

A medida que las luces se volvían puntos borrosos bajo nosotros, el perfil de las montañas empezaba a alzarse como gigantes dormidos, mi mente se convirtió en un laboratorio de alta velocidad.

Entramos en el mausoleo, ese refugio de piedra y sombras donde lo vi por primera vez nos guio a una especie de sótano donde había un laboratorio no tan majestuoso con el del pio 50, pero era suficiente. El silencio del lugar era sepulcral, roto solo por mis pasos apresurados y los quejidos de Dasha. La coloqué sobre una mesa fría de losa de piedra, un contraste brutal con su piel febril.

—Dante, necesito luz. Cooper, mantén a raya el frío —Dije, sin apartar la vista de los viales del suero beta que aún apretaba en mi mano.

Empecé a trabajar. En mi cabeza, las fórmulas químicas se entrelazaban con las secuencias de ADN de la Sanguis Unitas en una danza frenética. Cada vez que cerraba los ojos, veía los nucleótidos moviéndose, buscando el punto de anclaje para detener la degradación que el suero Delta de Jonathan estaba causando. El tiempo ya no se medía en minutos, sino en latidos.

—Si no logro estabilizar la secuencia de transferencia en los próximos seis minutos, el daño será irreversible —Murmuré, más para mí misma que para los demás.

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Martha Victoria Martinez Vareela
muy emocionada, pero falta el final, espero que lo termines,
Elena Burbano
quiero más 👏🥰🥰
Elena Burbano
está hermosa 😂
Natalia Vasquez
Oleck es un caballero ante todo 😘😘😘😘😘😘❤️❤️❤️❤️❤️🤔🤔🤔🤔🤔.
Natalia Vasquez
está historia es cada vez más interesante 🤔🤔🤔🤔🤔🤔👏👏👏👏👏👏❤️❤️❤️❤️❤️.
Natalia Vasquez
millones de ❤️❤️❤️❤️❤️ para ésta historia 👏👏👏👏👏👏.
Natalia Vasquez
quién iba a creer que ese Jhonatan es tan hijo de su madre y encima manipulador, cuando yo creía que Cooper era el malo resultó otro🤔🤔🤔🤔🤔😠😠😠😠😠👏👏👏👏👏.
Natalia Vasquez
cada vez me gusta más esta historia 👏👏👏👏👏👏👏❤️❤️❤️❤️.
Natalia Vasquez
me encanta esta historia definitivamente 👏👏👏👏👏👏🤔🤔🤔🤔🤔🤔❤️❤️❤️.
Natalia Vasquez
está historia es muy interesante, cada vez me gusta más 👏👏👏👏👏🤔🤔🤔🤔🤔.
Natalia Vasquez
esto cada vez es más emocionante ❤️❤️❤️❤️👏👏👏👏👏👏🤔🤔🤔🤔🤔.
Natalia Vasquez
esto cada vez está más bueno 👏👏👏👏👏🤔🤔🤔🤔.
Natalia Vasquez
ummmm ya comenzó la guerra y ella en medio👏👏👏👏👏🤔🤔🤔🤔🤔.
Natalia Vasquez
guao muy interesante la historia autora 👏👏👏👏👏🤔🤔🤔🤔🤔.
DAKI: Muchas gracias por acompañarme en esta nueva historia, bienvenida
total 1 replies
Natalia Vasquez
hay vampirin ya te llegó la orma de tus zapatos 🤣🤣🤣🤣🤣👏👏👏👏👏👏.
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