Hola, soy CubeThings.
Me gusta escribir historias que se sienten… más que solo leerse. Historias que mezclan fantasía, romance y emoción, donde los personajes no son perfectos, pero sí intensos.
Amo los mundos tipo anime: yokais, magia, destinos entrelazados… y amores que no se construyen de un día para otro.
Mis historias suelen ser slow burn, con tensión, misterio y personajes que se marcan entre sí de formas que no siempre entienden.
Si te gustan las historias que te hacen sentir, que te envuelven poco a poco… entonces estás en el lugar correcto.
NovelToon tiene autorización de Cube Things para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El huésped que no debía tocar
El sonido llegó primero.
Un golpe seco.
Fuerte.
—¡—!
Hikari levantó la mirada de inmediato.
El aire del ryokan cambió.
De golpe.
Lo que antes era calma… ahora era tensión.
—¿Qué fue eso? —murmuró.
Pero no tuvo que esperar respuesta.
Otro golpe.
Más fuerte.
Las puertas del acceso principal se abrieron de golpe.
—¡—!
El impacto resonó por todo el lugar.
Varias trabajadoras se detuvieron.
El ambiente se volvió pesado.
Rita frunció el ceño.
—…genial —murmuró—. Justo lo que faltaba.
Hikari miró hacia la entrada.
Y entonces lo vio.
Un oni.
Alto.
Masivo.
Su piel era de un tono oscuro, marcada por cicatrices viejas. Dos cuernos sobresalían de su cabeza, ligeramente astillados, como si hubieran visto demasiadas peleas.
Su ropa estaba sucia.
Rota.
Cubierta de polvo… y algo más.
Sangre.
El olor llegó después.
Pesado.
Áspero.
Violento.
Hikari sintió el estómago apretarse.
El oni avanzó unos pasos dentro del ryokan, dejando marcas en el suelo.
Sus ojos recorrieron el lugar con irritación.
—…¿Quién se encarga aquí?
Su voz retumbó.
Grave.
Cansada.
Pero peligrosa.
El silencio cayó por un segundo.
Hasta que—
—Bienvenido.
La voz fue calmada.
Controlada.
Tomoe.
Apareció desde uno de los pasillos, caminando con la misma elegancia de siempre, como si nada estuviera fuera de lugar.
—Parece que ha tenido un viaje complicado —añadió.
El oni bufó.
—No vine a hablar.
Sus ojos se entrecerraron.
—Necesito un baño. Comida. Y una habitación.
Tomoe no perdió la sonrisa.
—Por supuesto.
Pero su mirada cambió apenas.
Evaluando.
Midiendo.
Y entonces—
giró ligeramente la cabeza.
—Hikari.
El nombre cayó como una orden.
Hikari se tensó.
—…¿yo?
Tomoe la miró.
—Encárgate.
El mundo pareció detenerse un segundo.
—¿Encargarme…?
Rita se acercó de inmediato.
—¿Estás seguro? —susurró—. Apenas está empezando.
Tomoe no apartó la mirada de Hikari.
—Es el momento perfecto.
Hikari tragó saliva.
—…bien.
No iba a retroceder.
No ahora.
Dio un paso al frente.
El oni la miró de arriba abajo.
Con evidente desinterés.
—…¿esto es lo mejor que tienen?
Hikari frunció el ceño apenas.
—Puedo ayudarle —respondió, manteniendo la voz firme.
El oni resopló.
Pero no dijo nada más.
Tomoe asintió levemente.
—Empieza por el baño.
Hikari respiró hondo.
—Sí.
—
El vapor llenaba el área de las aguas termales.
Pero esta vez…
no era relajante.
El oni entró primero.
Sin cuidado.
Sin respeto.
El agua se movió bruscamente cuando se dejó caer dentro de una de las tinas.
—¡—!
El impacto salpicó por todos lados.
Hikari dio un paso atrás.
—…cuidado…
El oni la ignoró.
Se recargó contra el borde, cerrando los ojos con un gruñido bajo.
—…más caliente.
Hikari dudó.
—Está a la temperatura adecuada—
Los ojos del oni se abrieron de golpe.
—Dije… más caliente.
El aire se tensó.
Hikari sintió la presión.
Pesada.
Instintiva.
Pero no retrocedió.
—…lo ajustaré.
Se movió con rapidez hacia el sistema de agua.
Sus manos se movían más seguras de lo que se sentía.
Aumentó la temperatura.
El vapor se volvió más denso.
El ambiente… más pesado.
Regresó lentamente.
—Listo.
El oni probó el agua.
Se quedó en silencio.
Un segundo.
Dos.
—…mejor.
Hikari soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo.
Tomó un paño.
—Voy a ayudarle a limpiar las heridas—
—No.
La interrupción fue inmediata.
Cortante.
Hikari levantó la mirada.
—¿…?
El oni la observó.
Más atento ahora.
—No necesito ayuda.
Pero no se movió.
No salió del agua.
No hizo nada.
Hikari frunció ligeramente el ceño.
—Entonces… ¿qué necesita?
Silencio.
El vapor subía entre ellos.
Pesado.
Lento.
Y entonces—
—Que no estorbes.
Las palabras fueron secas.
Pero no tenían la misma agresividad de antes.
Hikari apretó ligeramente el paño.
—…bien.
Se quedó ahí.
En silencio.
Observando.
Aprendiendo.
Porque eso era lo que Kuro había dicho.
Desde abajo.
Entender.
No solo hacer.
El oni cerró los ojos otra vez.
Su respiración comenzó a calmarse.
El agua se movía suavemente a su alrededor.
Y por primera vez…
no parecía peligroso.
Solo… cansado.
—
Desde el pasillo.
Alguien observaba.
En silencio.
Kuro.
Apoyado ligeramente contra la pared, fuera del campo de visión de ambos.
Sus ojos violetas estaban fijos en Hikari.
Analizando.
Cada movimiento.
Cada reacción.
No intervenía.
No hablaba.
Solo… miraba.
—
Dentro del baño—
Hikari volvió a moverse.
Tomó otro paño.
Lo humedeció.
Se acercó lentamente.
—…si no limpia bien esas heridas… se pueden infectar.
El oni no respondió.
Pero tampoco la detuvo.
Eso fue suficiente.
Hikari se acercó un poco más.
Con cuidado.
Sin invadir demasiado.
Sin provocar.
Sus manos temblaron apenas.
Pero se mantuvo firme.
Comenzó a limpiar.
Despacio.
Con cuidado.
El agua arrastró la suciedad.
La sangre.
Revelando la piel marcada debajo.
El oni no se movió.
No habló.
Pero su mirada se desvió hacia ella.
Y por un instante—
no fue agresiva.
—
En el pasillo…
los ojos violetas se entrecerraron apenas.
—
Y en ese momento…
sin que Hikari lo supiera—
no solo estaba aprendiendo a trabajar en el ryokan.
Estaba demostrando algo.
Algo importante.
Algo que…
alguien más…
ya estaba empezando a notar.
El vapor seguía elevándose lentamente, envolviendo el espacio en una bruma cálida y densa.
Hikari no se detuvo.
El paño húmedo se deslizó con cuidado sobre la piel del oni, retirando la suciedad poco a poco. Bajo esa capa de polvo, sangre y desgaste… comenzaban a aparecer detalles distintos.
Su piel.
Las líneas de su rostro.
Las cicatrices.
No eran recientes.
No todas.
Algunas eran viejas.
Profundas.
Marcas de alguien que había pasado por demasiado.
Hikari bajó la mirada, concentrada.
Pero algo en su pecho… cambió.
Ya no era solo trabajo.
Ya no era solo “cumplir”.
Era otra cosa.
—…debió doler…
murmuró, casi sin darse cuenta.
Sus dedos se detuvieron apenas sobre una de las heridas más antiguas.
No era lástima.
Era comprensión.
El oni no respondió de inmediato.
Pero su respiración cambió.
Más lenta.
Más pesada.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
Y se posaron en ella.
Observándola.
No como antes.
No con molestia.
No con desinterés.
Sino… con atención.
Como si hubiera notado algo.
Algo distinto.
Hikari continuó limpiando, sin darse cuenta del cambio.
Pero entonces—
Una mano se movió.
Rápida.
Firme.
El oni sujetó su muñeca.
—…¿—?
Hikari se tensó de inmediato.
El corazón le dio un salto.
Pero no fue brusco.
No fue agresivo.
Solo… inesperado.
—…oye—
No terminó la frase.
Porque el oni tiró suavemente de su brazo.
Acercándola.
El movimiento fue lento.
Controlado.
Pero suficiente para romper la distancia entre ellos.
—…¿qué haces—?
Hikari apenas alcanzó a decir.
Cuando su mano fue llevada más arriba.
Más cerca.
Hasta que—
sus dedos quedaron a la altura del rostro del oni.
Muy cerca.
Demasiado.
El vapor se movió entre ellos.
Difuminando los contornos.
Y por primera vez…
Hikari lo vio bien.
Sin la capa de suciedad.
Sin el caos.
El rostro del oni no era monstruoso.
No realmente.
Era… fuerte.
Marcado.
Atractivo de una forma distinta.
Salvaje.
Sus rasgos eran definidos, duros, pero no desagradables.
Al contrario.
Había algo en él.
Algo que imponía… y atraía al mismo tiempo.
Sus ojos, ahora más claros, la observaban con un brillo diferente.
—…no eres como las otras.
Su voz salió más baja.
Menos agresiva.
Más cercana.
Hikari tragó saliva.
—…solo estoy haciendo mi trabajo—
—No.
La interrumpió.
Sin soltar su muñeca.
Pero tampoco apretando.
—Eso no es trabajo.
Sus ojos se entrecerraron ligeramente.
—Eso fue… otra cosa.
El silencio se instaló.
Pesado.
Cercano.
Hikari sintió el calor subirle al rostro.
No sabía si retroceder.
No sabía si quedarse.
Y eso…
la descolocó.
El oni levantó apenas la mano de Hikari, observándola.
Como si fuera algo curioso.
Como si no encajara en ese lugar.
Y entonces—
una ligera sonrisa apareció en su rostro.
—Eres muy adorable…
Su voz fue baja.
Casi un murmullo.
—…para trabajar en un lugar como este, pequeña.
El comentario cayó entre ellos.
No era burla.
No era amenaza.
Era… observación.
Hikari frunció ligeramente el ceño.
—No soy—
Pero se detuvo.
Porque no sabía qué responder.
Porque una parte de ella…
no estaba segura.
El oni soltó su muñeca lentamente.
Sin brusquedad.
Sin prisa.
Como si no tuviera intención de hacerle daño desde el inicio.
Se recargó otra vez en la tina, cerrando los ojos con un suspiro bajo.
—…termina.
Hikari se quedó quieta un segundo.
Procesando.
Luego bajó la mirada.
Y retomó el paño.
Sus movimientos ahora eran más lentos.
Más conscientes.
Pero algo había cambiado.
No en el trabajo.
Sino en el ambiente.
Porque ahora sabía algo.
Ese mundo…
no era solo peligroso.
También era…
profundo.
—
Desde el pasillo…
los ojos violetas no se movieron.
Ni un segundo.