Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 18
Llegó a casa con las mejillas encendidas; en mi vida me había sentido tan avergonzado, y es que no podía entender cómo una jovencita como mi prometida hablaba con tanta naturalidad de temas que eran un tabú para la sociedad, y si eso no era suficiente como para desear desaparecer, el hecho de que la servidumbre haya tenido que intervenir para que nos separemos fue aún más vergonzoso.
Sin poder evitarlo, me llevo una de mis manos hasta mis labios, en los cuales aún conservo el sabor de Amara, quien me había vuelto a besar cuando nos despedimos. Al recordar ese momento, el cual había pasado hacía tan solo unos instantes, una enorme sonrisa se formó en mi boca.
Sin perder mucho tiempo me dirijo hasta mi habitación en donde saco el regalo que me hizo Amara y me la pongo, es muy cálido y suave, relámete perfecto, y sin pensarlo creo una cúpula que rodea la mansión, esta impide el paso de la luz, mas no del viento, lo que gradualmente empieza a bajar la temperatura en todo el lugar, hasta hacerlo lo suficientemente frio como para que usar suéter sea agradable, y ya con la temperatura correcta, me dirijo hasta mi oficina a trabajar, y mientras lo hago no puedo dejar acariciar el suéter que traigo puesto, el cuál sin lugar a dudas, junto a las bufandas, se ha convertido en uno de los objetos más valiosos de mi vida.
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Hoy es el día de mi boda, y la verdad no sé qué esperar, y es que fue mi madre quien planeó todo; yo solo sé unas pocas cosas, como que será una fiesta pequeña, y que se realizará en la mansión Láska, o sea, en mi casa, y que después de esta me iré directamente a vivir con Dargan, así que toda la celebración será toda una sorpresa para mí.
Mis maletas ya fueron preparadas y enviadas hasta la casa de mi futuro esposo desde el día de ayer; ya en esta casa ya no hay nada mío, mi habitación ahora solo era un cascarón vacío, en la cual ya no había nada mío.
Durante estos últimos días, le he preguntado a Dargan si él sabe algo más sobre la que será nuestra boda, pero él está tan informado como yo, así que ninguno de los dos sabe mucho.
Al parecer, mi destino no es tener una gran boda. Cuando era niña, mi sueño fue siempre una gran boda, un sueño que me acompañó durante toda mi vida; incluso recuerdo que, en uno de los juegos para celular de mi nieta, vi el que sería el vestido de mis sueños, pero al parecer ese sueño solo era eso, un sueño.
Mi primera boda fue sencilla, solo una comida familiar, la cual tuvo lugar después de que fuéramos a registrarnos al registro civil, no hubo una gran fiesta, tampoco un hermoso vestido; no teníamos los recursos para eso. Nuestro pequeño estaba creciendo, y todo lo que ganábamos, lo cual no era mucho, era para él y para ayudar a nuestros padres, quienes nos estaban apoyando, y en esta ocasión, bueno, todo apuntaba a que no era para nada lo que siempre soñé.
Para empezar, el vestido no era el de mis sueños, era un vestido cualquiera, y es que literalmente usaré uno de los vestidos que había en mi armario, nada especial, y bueno, más allá de mi hermana, nadie que en verdad me importara asistiría a la boda.
A la hora de siempre las mucamas entran a prepararme, y ya con el vestido colocado solo me queda esperar a que la ceremonia dé comienzo.
- ¿Cómo está la novia más hermosa del mundo? – me pregunta una voz desde la entrada.
- Hermosa, tu misma lo acabas de decir – le digo a Lorena, quien era la persona que había llegado.
- Jajaja, me alegra saberlo – me dice Lorena, quien llega hasta donde estoy – lamento que esta no sea la boda que deseabas, pero… - comienza a hablar, pero yo la interrumpo.
- No digas nada, tienes razón, esta no es la boda de mis sueños, pero tampoco está tan mal; dadas las circunstancias, siento que es perfecta – le contesto a Lorena.
- Espero que seas muy feliz.
- Y lo seré, de eso no hay duda – le respondo y ambas nos unimos en un abrazo.
Justo en ese momento llegó una sirvienta a avisarnos que debíamos dirigirnos al lugar de la ceremonia, por lo que salí de mi habitación del brazo de Lorena. La ceremonia se llevaría a cabo en el salón de fiestas de la mansión; allí se llevaría a cabo tanto la ceremonia como la pequeña fiesta posterior.
En las puertas del salón me esperaba mi padre, quien no lucía nada contento, pero la verdad no podía culparlo.
- Lorena, ve a tomar tu lugar – le dice mi padre a mi hermana, quien asiente y se va de allí dejándome a solas con mi progenitor, quien no dice palabra alguna, solo me ofrece su brazo, y yo, obedientemente, lo tomo y ambos entramos al lugar.
Los invitados a la fiesta eran mínimos; solo había como unas 15 personas en el lugar, lo que era poco tomando en cuenta que esta era la unión de dos familias nobles. Todos los presentes eran parientes cercanos de la familia Láska, a los que obviamente yo nunca había visto, pero que se vieron obligados a asistir por su relación con el condado, y es que era obvio que deseaban estar en todos lados menos allí; sus ojos llenos de terror lo decían.
Pero a pesar de haber tan pocos invitados, había dos que resaltaban entre todos, y es que tanto el rey como el príncipe heredero estaban allí. Del primero era de esperarse, era el prometido de mi hermana, pero no había una razón para que el rey estuviera allí; pero lo que era aún más impresionante era que el mismo rey iba a oficiar la ceremonia.
Con paso seguro, mi padre y yo avanzamos hasta el altar, en donde Dargan ya me esperaba; así como yo, él estaba usando uno de sus tantos trajes de uso diario, pero no por eso se veía menos apuesto.
La ceremonia fue muy corta, no hubo votos, no hubo beso, solo unas pocas palabras de parte del rey, antes de declararnos marido y mujer, y tras finalizar, los invitados se levantaron de sus asientos, y los sirvientes quitaron las sillas para dejar el lugar despejado; también alrededor ya había unas mesas en donde estaban servidos algunos aperitivos. De igual manera, se había puesto una mesa para que los novios tomaran asiento, y fue allí donde nos sentamos Dargan y yo.
- Esto parece un funeral – le digo a Dargan.
- ¿Eso te molesta? – pregunta Dragan
- No, ya me lo esperaba – le digo, y es que gracias a Dios pude ver parte de esta boda, y si bien es más deprimente verla en vivo, no es muy diferente a lo que vi, solo que esta vez no hay un velo cubriendo mi cabeza, como sí lo había en la otra Amara.
- ¿Quieres bailar? – me pregunta Dargan después de un rato.
- Claro
Ambos nos dirigimos a la pista, en donde los únicos que bailaban eran mi hermana con su prometido, y ambos se vieron sorprendidos al vernos a Dargan y a mí hacer lo mismo, y mientras mi hermana me sonríe, feliz de que Dargan me sacara a bailar, ya estaba empezando a aceptarlo. La expresión del príncipe era totalmente distinta, y si bien rápidamente formó una sonrisa en su rostro, ya sabía lo que había visto.
Dargan y yo bailamos algunas piezas, y mientras estábamos bailando, uno de los sirvientes nos interrumpió, pero lo que hacía de esta interrupción sospechosa era que dicho sirviente era uno de los que venían con el príncipe.
- Su majestad desea hablar con usted – me dice el joven, quien mira con miedo a Dargan; si supiera que a quien debería temerle es a otro.
- Voy en seguida – le digo y me alejo de Dargan, pero este me sostiene la mano, como si no quisiera que fuera – tengo que ir, estaré bien – le contesto y, aunque renuente, me suelta y yo sigo al joven sirviente.