NovelToon NovelToon
“Cuando La Luz Se Rompe”

“Cuando La Luz Se Rompe”

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Venganza / Fantasía épica
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Magia, traición y un juramento silencioso marcan el inicio de una historia donde la inocencia se convierte en determinación. En un reino construido sobre mentiras, incluso las almas más puras pueden oscurecerse.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: El Hombre de la Capucha Negra

La noche estaba inmóvil.

El bosque guardaba un silencio pesado, como si incluso los árboles estuvieran esperando.

Los soldados del reino ya habían desenfundado sus armas.

La magia vibraba en sus manos.

Las tres chicas dentro de la carreta apenas podían respirar.

Y en medio del camino…

La figura encapuchada seguía ahí.

Quieta.

Inmóvil.

Como si todo aquel enfrentamiento le resultara una molestia menor.

Uno de los soldados sonrió con arrogancia.

—Última oportunidad, loco. Apártate.

La figura no reaccionó.

Solo inclinó un poco la cabeza.

Y entonces habló.

Su voz fue baja.

Fría.

Vacía.

Tan seca que parecía arrastrar once años de cansancio y violencia.

—¿Quieren hacerlo de la manera difícil?

Nadie respondió de inmediato.

No porque no quisieran.

Sino porque había algo en ese tono que no sonaba a amenaza.

Sonaba a sentencia.

 La Primera Advertencia

Uno de los hombres soltó una carcajada.

—Escuchen eso. Cree que—

No terminó la frase.

Sin mover las manos.

Sin dar un solo gesto evidente.

Un chorro de sangre salió disparado con una presión brutal.

Atravesó el aire como una lanza líquida y se estrelló contra las ruedas delanteras de la carroza.

¡CRAAK!

La madera explotó en pedazos.

El metal se dobló.

La carreta se inclinó violentamente hacia un lado, obligando a las chicas a sujetarse como pudieron dentro del vehículo.

Los caballos relincharon con terror.

Uno de los soldados retrocedió por puro reflejo.

—¿Qué demonios fue eso…?

Otro apretó su espada con más fuerza.

—¡Magia de sangre…!

El nombre cayó al aire como una blasfemia.

Porque no era un poder común.

No era elegante.

No era noble.

No era algo que la corte alabara.

Era una técnica maldita.

Temida.

Prohibida.

Y ahora estaba frente a ellos.

 El Primer Impacto

—¡Mátenlo! —gritó uno de los guardias, más por miedo que por valentía.

Uno de los soldados se lanzó primero.

Rápido.

Con la espada alzada y la intención de partirlo antes de que pudiera usar esa magia otra vez.

Pero Asahi no se movió de inmediato.

Esperó.

Solo un instante.

Lo justo.

Lo necesario.

Y cuando el hombre estuvo lo bastante cerca…

Asahi levantó la mano.

Lo agarró del cuello con una facilidad inhumana.

El ataque se detuvo en seco.

El soldado abrió los ojos con horror.

No por el agarre.

Sino porque no pudo moverlo.

Ni un centímetro.

Ni con todo su impulso.

Ni con toda su fuerza.

Era como si hubiera chocado contra una pared viva.

—Tú… —alcanzó a decir.

Asahi ni siquiera lo miró como si fuera un enemigo digno.

Solo lo levantó apenas del suelo.

Y con un movimiento brutal, seco y sin esfuerzo visible…

Lo estrelló contra la tierra con una fuerza aterradora.

¡BOOM!

El impacto sacudió el suelo.

La respiración del soldado se cortó al instante.

Su espada salió despedida a varios metros.

Los demás guardias quedaron inmóviles un segundo.

Uno.

Solo uno.

Pero en combate, un segundo basta para entender algo muy peligroso.

Y todos lo entendieron al mismo tiempo.

Ese hombre no estaba jugando.

 Un Monstruo Sin Ira Visible

Lo más perturbador no era la fuerza de Asahi.

No era la magia.

No era la precisión.

Era su rostro.

O lo poco que podían ver de él bajo la capucha.

No había rabia visible.

No había euforia.

No había sadismo.

No había emoción.

Nada.

Solo vacío.

Como si golpear, destruir o matar no le provocara absolutamente nada.

Como si todo aquello no fuera más que una tarea.

Y eso hizo que el miedo se instalara de verdad entre los soldados.

Porque un hombre furioso puede cometer errores.

Un hombre arrogante puede subestimar.

Pero un hombre vacío…

Es mucho más difícil de detener.

 El Reino Contra algo que No Entiende

—¡Ródeenlo! —ordenó uno de los capitanes.

Tres soldados se movieron al mismo tiempo.

Uno por la izquierda. Uno por la derecha. Uno de frente.

Un ataque coordinado.

Entrenado.

Preciso.

Lo suficiente para matar a la mayoría de bandidos o bestias del camino.

Pero Asahi no era ninguna de esas cosas.

El primero intentó cortar a la altura del hombro.

Asahi giró apenas el cuerpo, dejando pasar la hoja por centímetros.

El segundo atacó por el costado.

Asahi bloqueó con el antebrazo endurecido por magia y respondió con un golpe brutal al abdomen que lo dejó sin aire antes de lanzarlo hacia atrás.

El tercero intentó aprovechar la apertura.

Fue un error.

Asahi lo recibió con un impacto directo al rostro que lo mandó al suelo antes de que pudiera entender qué había pasado.

Todo ocurrió en segundos.

Demasiado rápido.

Demasiado limpio.

Demasiado humillante.

 La Sangre Obedece

Un hilo rojo descendía desde una de las heridas superficiales en el brazo de Asahi.

Y en lugar de caer al suelo…

La sangre se detuvo en el aire.

Los soldados lo vieron.

Y por un segundo, ninguno respiró.

La sangre flotó como si tuviera voluntad propia.

Como si respondiera al latido de algo inhumano.

Luego se tensó.

Se afiló.

Y adoptó una forma más delgada, más precisa, más letal.

Uno de los guardias retrocedió con terror.

—¡No se acerquen! ¡No se acerquen a él!

Pero ya era tarde.

Porque la magia de sangre de Asahi no era algo que se activara para lucirse.

Era algo que aparecía cuando él ya había decidido que la conversación había terminado.

 Dentro de la Carreta

Las tres chicas seguían atrapadas dentro de la carroza dañada.

Una de ellas temblaba tanto que apenas podía mantenerse sentada.

Otra observaba por la abertura rota con los ojos muy abiertos.

Y la tercera…

No podía apartar la mirada de la figura de negro.

—¿Nos está… salvando? —susurró una de ellas.

Nadie respondió.

Porque la palabra “salvar” no parecía encajar con lo que estaban viendo.

Sí, ese hombre estaba deteniendo a sus captores.

Sí, las estaba protegiendo.

Pero no se sentía como la llegada de un héroe.

Se sentía como si la noche misma hubiera decidido tragarse a los culpables.

Y ellas simplemente estaban atrapadas en medio.

 El Eco de un Nombre Muerto

Uno de los soldados, todavía en pie, lo observó con respiración temblorosa.

Miró la capucha.

Miró los mechones blancos.

Miró los ojos rojos.

Y entonces su rostro cambió.

Como si un recuerdo viejo acabara de atravesarle la cabeza.

—No… —murmuró.

Otro guardia lo miró.

—¿Qué pasa?

El hombre dio un paso atrás.

Su voz se quebró.

—Ese aspecto…

Su mirada no se apartó de Asahi.

—Ese maldito aspecto…

La figura de negro permaneció inmóvil.

Y por primera vez en toda la escena…

La luna iluminó un poco más el borde de su mandíbula, el cabello blanco cayendo bajo la capucha y esos ojos carmesí imposibles de olvidar.

El soldado tragó saliva.

Y dijo el nombre como si acabara de ver un fantasma.

—Suzuki…

Silencio.

Pesado.

Asfixiante.

Las pupilas rojas de Asahi no parpadearon.

No negó nada.

No confirmó nada.

Solo dio un paso al frente.

Y eso fue peor que cualquier respuesta.

Porque en ese instante, todos lo supieron.

Lo que el reino creyó enterrado…

Había vuelto.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play