Victoria Pérez descubre un secreto íntimo y peligroso de su jefa, Christina Jonas. Una verdad capaz de destruir la imagen impecable de una mujer con un matrimonio perfecto… y de abrirle a una simple empleada la puerta a un sueño que siempre le fue negado.
Convencida de tener el control, Victoria decide usar ese secreto para avanzar. Pero la extorsión se vuelve contra ella cuando el poder cambia de manos y el precio deja de pagarse con silencio o ambición, para exigirse en obediencia y entrega.
¿Qué sucede cuando los límites morales se quiebran y el cuerpo se convierte en moneda de cambio? A veces, la verdadera trampa no es la obligación… sino el deseo que despierta.
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TAPONES EXTRAÑOS
NARRADOR
Victoria golpeó la puerta de su jefe cuando tomó el valor suficiente para dejar las compras que él de manera meticulosa había ordenado. Sentía que podía desfallecer solamente por vergüenza.
--¿Pudo conseguir todo?-- Preguntó Trevor de forma automática, tal como cuando le preguntaba sobre la cita con algún cliente
Victoria notó aquello y lo registró en su memoria. Para su jefe el sexo formaba parte de su rutina laboral.
--Creo que sí. Entregué el listado y me dieron esto-- Dejó la bolsa con dudas
Trevor sacó el contenido observando a su secretaria avergonzada. Sus mejillas estaban rojas y se la notaba mirando la puerta con deseos de alejarse.
--No pedí tres de estos-- Victoria pasó saliva nerviosa mirando lo que parecían tapones. No tenía idea de su función y estaba segura de no querer averiguarlo
--Me preguntaron de qué tamaño quería eso. Yo... no supe elegir. Compré tres para... no tener que volver-- Agachó su mirada aún incapaz de mirar lo que su jefe sostenía en sus manos
--¿Usted no sabe lo que es esto? Eso explica más que sus palabras-- lo miró sonrojada. Estaba dispuesta a disculparse
--No, señor-- Dijo y retrocedió dos pasos. Sentía urgencia por volver a la seguridad de su escritorio
En ese momento Victoria estuvo convencida de que era mejor escuchar ladridos desde su escritorio que ver a su jefe sostener esos tapones desconocidos.
--La próxima vez no compre de este tamaño. Puede retirarse-- Trevor la vio salir apresurada
Él miró el plug. Era monstruoso, demasiado grande. Pensó en como pudo ir Victoria por esas compras. Era claro que no sabía nada sobre aquellos juguetes y accesorios que para él eran normales.
El CEO guardó las compras en un cajón que cerró con llave. Era el último de su escritorio.
(.....)
De nuevo llegó el lunes. Victoria fue a la empresa más inquieta. Apenas si había dormido. Ella, guiada por la curiosidad el día domingo quiso saber que eran esos tapones. Le costó encontrarlos porque no sabía para que servían. Escribió tapones para la intimidad y le aparecía un molesto mensaje de sugerencia "tal vez quisiste decir tampones".
Cuando pudo encontrar aquello se horrorizó. No eran tampones y se introducían en un lugar que le resultó inimaginable.
--Esa mujer no va a sentarse después. Qué vergüenza...-- Pensó en dolor, en castigo. Dentro del listado había esposas y un látigo también
--Eso será maltrato. Le dirá ¿Si no me dejas ponerte ese tapón te golpeo?-- Cerró los ojos con fuerza al imaginar ese acto
--¿Por qué tuve que hacer una estupidez? Podría estar ocupando un escritorio blanco, siendo un lindo accesorio, haciendo copias y llevando café-- Recordó su antiguo empleo con anhelo. Su sueldo actual sería mejor que el anterior, pero solamente eso porque acabaria teniendo un pico de estrés en poco tiempo
Lo que sabía de su jefe era amenazante por estar consciente de que algún día ella tendría que ocupar el puesto de esa mujer, si es que él lo proponía o si ella se animaba a seducirlo. No quería comer en un plato de perro, no sabía ladrar y jamás querría ser golpeada. ¿Cómo se convertiría en la amante de ese hombre? ¿Qué tendría que hacer para que él quiera divorciarse de Christina Jonas? Si además sabía que ninguna mujer duraba más de seis semanas a su lado.
(.…)
Trevor llegó a la empresa. Sentía profundos deseos de desahogar su frustración y también de calmar su insatisfacción con él cuerpo de una mujer que si lo deseara y le pidiera más. Estar con Christina era casi insostenible.
Ver a su mujer ese fin de semana le generó deseo y también frustración. Ella era tan poco cooperadora, tan fría... pero linda y sensual.
Al terminar el acto casi mecánico, ella se puso su ropa y habló sin agitación para decir Buenas noches.
No le pedía más, no disfrutaba mucho y no le permitía nada. Si hubiese sido la mujer ideal en la cama no le hubiera sido infiel.
Para Trevor cada mujer nueva le ofrecía más experiencia. Nunca dejaba de aprender. Hacía mucho tiempo que había adoptado esa dinámica y las tomaba como un desafío semanal satisfactorio. Había pensado en encontrar una sumisa con la que pudiera tener un vínculo más cercano, con más visitas semanales. Tal vez dos o tres veces a la semana serían ideales para su nivel de estrés.
(.....)
La nueva mujer llegó a la empresa. Victoria la analizó en silencio. Era amable, no tanto como la anterior. Vestía de rojo, tenía su cabello del mismo tono. Usaba tacones altísimos.
La misma dinámica se repitió. Ella no la anunció. No hacía falta.
El plato de perro y los huesitos de chocolate habían sido desechados por órdenes de Trevor. Ella pensó en esos tapones. La nueva mujer tenía otros gustos. Tal vez su jefe. No lo sabía y estaba segura de no querer averiguarlo.
Victoria no escuchó ladridos. Escuchó la voz de su jefe, fuerte y clara, un poco agitada con una demanda.
--Relájate
--Si señor-- Respondió la mujer causándole un estremecimiento
Trevor insistía en ser llamado de esa manera ante cualquier orden o pregunta. Ella misma le respondía así con educación, pero cuando comprendió que esa mujer le decía así todo cambió para ella. ¿Acaso la veía como una empleada también?
La inquietud de la joven secretaria creció de manera inevitable. ¿Ella tendría que tratarlo como su jefe si algo más pasaba entre ellos? Automáticamente pensó en ir a la capilla al salir de trabajar. Le pediría a Dios que esa nueva mujer pudiese provocar el divorcio para que ella no debiera cumplir lo que Christina esperaba.
La nueva mujer se fue faltando quince minutos para que el "turno" finalizara. Ella no dijo nada, tan solo observó como ella se iba caminando apresurada sin siquiera despedirse.
Algunos minutos más tarde, Victoria fue llamada a la oficina de su jefe. Nuevamente, el traje de él debía ir a la tintorería. Ella no dijo nada. Solamente lo observó vestido tal como había llegado, a diferencia de que estaba atando su cabello.
Ella salió de la oficina en silencio notando que algo había cambiado allí, aunque todo estaba exactamente igual.
Cuando estaba por ser su hora de almuerzo, Trevor la llamó.
--Tráigame el almuerzo-- Lo miró con sorpresa y se quedó de pie
--No se que le gustaría comer, señor-- Respondió con respeto. Intuía que el CEO estaba de mal humor
Él le respondió, pero antes de que pudiera retirarse dio una nueva orden.
--Compre algo para usted. Hoy almorzará conmigo-- Ella se tensó aún más
--Si, señor-- Salió de la oficina apresurada. Intuyendo que algo malo pasaría
ahora se va hacer la ardida 😡😡 ojalá no se dejen al chantaje de esta