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Memorias Para Amar Al CEO

Memorias Para Amar Al CEO

Status: En proceso
Genre:Pérdida de memoria / Oficina / CEO / Romance
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Denis Peinado

En un mundo donde el poder compra silencios y el amor puede destruir imperios, ella se convirtió en su única luz… justo cuando él olvidó quién era.
Un accidente cambia el destino del CEO más temido de la ciudad, y una asistente invisible se convierte en la mujer a la que él promete proteger con una obsesión casi irracional.
Pero la memoria no permanece perdida para siempre… y cuando regrese, todo se romperá. O sanará o ambos.

NovelToon tiene autorización de Denis Peinado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: La visita del monstruo

El silencio en la habitación era tan tenso que podía cortarse con un suspiro.

Sophie acababa de pronunciar esas palabras:

“Calder pidió hablar solo con Mía.”

Mía sintió que el mundo se desmoronaba por un instante. El aire se le atascó en el pecho; sus manos temblaron sin su permiso. No era miedo únicamente. Era memoria. Era dolor.

Era él.

Liam apretó su mano tan fuerte que ella casi gritó. Pero no se soltó.

—No vas a ir —dijo él, sin titubear.

Sophie levantó ambas manos.

—Liam, no puedes prohibirle nada. Ella es un adulto capaz de decidir—

—¡NO VOY A DEJARLA IR! —rugió él, con una fuerza que hizo vibrar hasta la cama.

Olivia se encogió contra la pared.

Ella nunca lo había visto perder el control así.

Mía respiró hondo.

Se acercó a Liam.

Tocó su rostro.

Su voz fue suave, pero firme.

—Liam…

Él la miró como si fuera todo lo que le quedaba.

—No te voy a dejar —susurró él—. No otra vez. No a ese monstruo.

Mía tragó saliva. La culpa, el miedo, el pasado… todo ardía dentro de ella.

—Si Calder pidió hablar conmigo —dijo despacio— es porque hay algo que no ha dicho. Algo que nadie más sabe. Algo que puede ayudarnos.

—O puede destruirte —murmuró Liam, con la voz rota.

Ella lo miró profundo, respondiendo sin palabras:

Ya estoy rota. Solo trato de seguir caminando.

Él lo entendió.

Y eso lo devastó.

—Mía… —susurró—. Si vas… yo también voy.

Ella negó.

—Tú estás herido. Y Calder te odia. Si te ve, solo va a provocarte. Y tú no puedes permitirte otro recuerdo forzado.

Liam apretó la mandíbula.

—Entonces no vas.

Ella sonrió débilmente.

—Liam… tú no eres mi carcelero. Eres… —tragó— mi aliado. Y necesito que confíes en mí.

Él bajó la mirada.

Dos lágrimas se estrellaron contra la sábana.

—Confiar en ti no es el problema —murmuró—. El problema es confiar en un mundo que quiere arrancarte de mí.

Esas palabras impactaron a todos en la habitación.

Incluso Olivia contuvo el aliento.

Pero Mía solo sintió que algo en su pecho se desgarraba.

—Voy a regresar —le prometió, tomando su rostro entre las manos—. No voy a dejarte. No ahora. No después de todo esto.

Él tomó sus muñecas.

—Si algo te pasa —su voz se quebró—, yo…

No terminó la frase.

No necesitaba hacerlo.

Mía acarició su mejilla.

—Confía en mí.

Y soltó su mano.

Liam sintió como si lo arrancaran de sí mismo.

Sophie guió a Mía por un pasillo lateral.

No por el principal.

No donde había cámaras.

—Lo tienen en una sala restringida —explicó Sophie—. No esposado: el tipo convenció a Seguridad de que “solo quería hablar”.

Mía apretó los dientes.

Ese hombre… siempre conseguía lo que quería.

Incluso con una sonrisa tranquila.

Incluso con silencio.

Sophie la miró de reojo.

—¿Estás segura?

Mía respiró hondo.

—Sí.

Sophie no preguntó más.

Llegaron a la sala.

Una habitación pequeña.

Una mesa.

Una lámpara.

Un guardia afuera, pero ninguno adentro.

Sophie abrió la puerta.

—Cinco minutos —dijo—. Si gritas, entro.

Mía asintió.

Entró.

La puerta se cerró.

Calder estaba sentado, esposado a la silla con una sola mano libre. Su rostro tenía cortes frescos, tal vez del forcejeo con seguridad. Su cabello oscuro estaba desordenado. Pero algo en su mirada seguía intacto:

Vacío.

No era la mirada de un loco.

Era la mirada de un hombre que había dejado de sentir hace mucho.

Cuando vio a Mía, su boca se curvó en una media sonrisa.

—Así que sigues viva.

Mía no respondió.

Calder ladeó la cabeza.

—Pensé que te había terminado aquella noche.

Mía apretó los puños.

—No eres tan eficiente como crees.

Los ojos de Calder brillaron.

¿Diversión? ¿Rencor? ¿Sadismo?

Era imposible saberlo.

—Te sentías tan pequeña —dijo él, con voz casi delicada—. Llorabas. Te arrastrabas. Tus manos cortadas por el vidrio… Recuerdo tu sangre. Era bonita.

Mía retrocedió un paso sin querer.

Calder sonrió más.

—Ah. El cuerpo recuerda aunque la mente lo entierre. Interesante.

Ella respiró hondo.

—¿Qué quieres?

Él apoyó los codos sobre la mesa.

—Quiero darte información. Quiero que seas tú quien la escuche. No ellos.

—¿Por qué yo?

—Porque fuiste el error.

Mía sintió un escalofrío brutal.

—¿Qué error?

Calder se inclinó hacia adelante, sus ojos perforando los de ella.

—La noche del vidrio. Tú no estabas en la lista.

La respiración de Mía se detuvo.

—¿Lista…? —susurró—. ¿Qué lista?

Calder rió bajito.

—Ay, Mía. La lista de “invitados”. La lista de testigos que sí debían morir. Tú no eras uno de ellos. Tú simplemente… entraste donde no debías.

Un mareo la golpeó.

Él continuó:

—Tu visita al lugar fue un accidente. Pero verte ahí… sangrando… vulnerable… hizo enojar a alguien.

Mía apretó los dientes.

—¿A quién?

Calder la observó en silencio.

—A él.

—¿Liam? —susurró, horrorizada.

Calder soltó una carcajada que heló el aire.

—¿Liam? No.

Él fue el único que no sabía nada.

El único que quiso ayudarte.

Mía sintió alivio y terror mezclados.

—Entonces… ¿a quién?

Calder se enderezó. Y con una calma mortal dijo:

—A tu verdadero enemigo.

Mía sintió que el mundo perdía gravedad.

—¿Quién?

Calder sonrió, satisfecho, como si hubiera esperado este momento por años.

—Alexander Reed.

El corazón de Mía dejó de latir.

—No… —susurró—. No puede ser. Alexander estaba con Liam. Él lo ayudó. Siempre—

—Siempre estuvo en ambos bandos —interrumpió Calder—. Él organizó la reunión. Él llevó a los hombres. Él dio la orden.

Y cuando te vio tirada en el suelo, ¿sabes qué dijo?

Mía sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Qué… qué dijo?

Calder bajó la voz a un susurro venenoso:

—“Déjenla. No importa. Esa chica no vale nada.”

Mía sintió que las piernas le fallaban.

Él continuó:

—Pero Liam llegó antes de tiempo. Te vio. Y se descontroló. Por eso su padre quiso castigarlo. Por eso Alexander quiso encubrirlo. Y por eso tú sigues viva.

Mía tembló.

—¿Por qué… por qué me cuentas esto ahora?

Calder sonrió.

—Porque Liam va a recordar.

Porque tú eres la grieta.

Y porque cuando él recuerde quién fue Alexander esa noche…

la guerra finalmente va a comenzar.

Mía dio un paso hacia atrás.

La sala se achicó.

El aire se volvió irrespirable.

Calder añadió, casi suavemente:

—Dile a Liam que lo veré pronto.

Y que esta vez… no llegaré tarde.

Mía abrió la puerta de golpe.

Sophie estaba ahí.

—¿Qué pasó? —preguntó Sophie—. ¿Qué te dijo?

Mía respiró hondo.

—Es Alexander —susurró—. Él estuvo allí esa noche. Él… él dio la orden.

Sophie palideció.

—¿Estás segura?

Mía asintió, temblando.

—Y Liam…

—tragó—

tiene que saberlo.

Pero decirlo…

sería romper el único puente que mantenía todo unido.

Y también podría convertir a Liam en un hombre más peligroso que su propio padre.

Porque si algo era seguro…

Cuando Liam supiera la verdad…

no iba a perdonar.

1
Eret Lopez
ES DEMASIADO CANSADO ESTAR LEYENDO ALGO QUE NO CONCLUYE EN NADA BEY
Eret Lopez
Mia PORQUE NO HABLAS CON LA VERDAD ES MEJOR UNA VEZ COLORADO QUE MIL DESCOLORIDO AGARRA EL TORO POR LOS CUERNOS
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