Ella solo quería olvidar aquella noche.
Él jamás dejó de buscarla.
Dos gemelos, un secreto guardado durante cinco años y un reencuentro que no estaba en los planes de nadie.
El amor, el pasado y la verdad chocarán cuando el destino decida intervenir.
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୨୧Son mios୨୧
El hospital olía a desinfectante y a noches sin dormir.
Ariana caminaba de un lado a otro por el pasillo, con los brazos cruzados contra su pecho, como si así pudiera sostener algo que se le estaba rompiendo por dentro. Theo se había ido con Adrián hacía unos minutos, pero el silencio que quedó atrás era peor que cualquier ruido.
Cada paso resonaba demasiado fuerte.
Cada segundo pesaba.
Se detuvo frente a una ventana y apoyó la frente contra el vidrio frío. Noah siempre había sido fuerte. Siempre había corrido, reído, enfermado como cualquier niño. Esto no podía estar pasando. No ahora. No a él.
—Ariana.
Una mano se apoyó con cuidado en su espalda.
Ella se giró sobresaltada, y al ver quién era, las lágrimas que había estado conteniendo se desbordaron.
—Jaehyun… —susurró antes de abrazarlo.
Él la sostuvo con firmeza, sin hacer preguntas. Había aprendido en Londres que Ariana no necesitaba soluciones rápidas, solo alguien que no se fuera.
—Adrián me llamó —dijo en voz baja—. Dijo que Noah se había desmayado.
—Tengo miedo —confesó ella contra su hombro—. Mucho.
Jaehyun cerró los ojos un instante. La abrazó un poco más fuerte, aunque en su pecho ardía una verdad que no podía decir en voz alta: no debería ser yo el que esté aquí.
Ese lugar le correspondía a otro.
A Taehyun.
Horas antes.
Taehyun estaba solo en su despacho, con las luces apagadas y el teléfono apretado entre los dedos. La pantalla mostraba el nombre de Younghoon, pero él no hablaba. Respiraba mal. Como aquella vez.
Como cuando tenía diecisiete años y el mundo se le había reducido a una habitación blanca.
Recordó el sonido constante de las máquinas.
El olor del hospital.
El miedo en los ojos de su madre cuando creía que él no miraba.
—Cáncer —había dicho el médico—. Vamos a luchar, pero será duro.
Su padre había apretado los puños. No lloró. Nunca lloraba. Pero esa noche Taehyun lo escuchó rezar en voz baja, por primera vez.
Y entonces la imagen de Noah apareció en su mente. Pequeño. Pálido. Dormido en una camilla.
—Hermano… —la voz de Doyoung lo sacó de sus recuerdos—. ¿Qué pasa?
Taehyun levantó la mirada. Sus ojos estaban vidriosos.
—Tengo hijos —dijo al fin—. Y uno de ellos está enfermo.
Doyoung se quedó en silencio.
—¿Mamá lo sabe?
—No. Y no puede saberlo todavía —respondió poniéndose de pie—. Papá menos. No… no ahora.
Se pasó la mano por el cabello y tomó las llaves.
—Voy a volver al hospital. Unos celos no pueden hacerme huir de mi hijo
Doyoung lo miró salir y sonrió con una mezcla de orgullo y preocupación.
Así se ve cuando mi hermano mayor deja de huir, pensó.
El hospital estaba más tranquilo cuando Taehyun regresó. Las luces eran suaves, y el murmullo lejano de las enfermeras se mezclaba con el pitido constante de los monitores.
Encontró a Ariana dormida en una silla, agotada, con el rostro pálido y los labios entreabiertos. Se quedó mirándola unos segundos. Ella siempre había sido fuerte, pero esa fortaleza se había construido sobre la soledad.
Se sentó a su lado.
Ella se movió, medio dormida, y sin abrir los ojos se aferró a su abrigo.
—Mmm… señor Jake… —murmuró.
Él se quedó rígido.
—Sí… soy yo —respondió en un susurro.
—Gracias por volver —dijo ella, acercándose más—. Me alegra que… que quieras a Noah.
Sintió algo apretarle el pecho. Apoyó una mano con cuidado sobre la cabeza de Ariana.
—Perdón —susurró—. Por llegar tarde a todo.
Ella no respondió. Ya estaba dormida otra vez.
Al día siguiente, las risas infantiles rompieron el silencio del pasillo.
—¡Mamá! ¡Papá! —gritó Theo, señalándolos con una sonrisa enorme—. ¡Están juntos!
Ariana abrió los ojos de golpe, sonrojada, y se separó de inmediato. Taehyun carraspeó, incómodo.
—Esto no es un hotel —dijo Adrián con seriedad—. Y definitivamente no es una luna de miel.
Pero había algo suave en su mirada.
El doctor apareció poco después, con una carpeta en la mano.
—Noah está estable —anunció—. Puede irse a casa, pero necesitaremos cuidado extremo. Y hay algo más…
Ariana apretó las manos.
—¿Tiene cura?
—Sí —respondió el médico—. Con un donante compatible. Un familiar directo.
Los estudios comenzaron. Uno por uno.
Ariana no era compatible.
Theo tampoco.
Adrián tampoco.
El silencio fue pesado cuando el doctor regresó.
—El padre es compatible —dijo mirando a Taehyun—. Señor Kang, ¿está dispuesto?
Ariana frunció el ceño.
—¿Señor… Kang? —lo miró confundida—. Pero él es Kim Jake…
Antes de que Taehyun pudiera responder, una voz cortó el aire.
—Kang Taehyun, ¿qué estás haciendo aquí?
Su madre estaba de pie al fondo del pasillo, elegante, tensa, furiosa.
—Mamá —dijo él, colocándose frente a Ariana instintivamente.
Ella miró a los niños. Los ojos azules. Los rasgos.
El parecido era innegable.
—¿Estos niños…? —preguntó con la voz temblorosa— ¿Son tuyos?
Noah dio un paso adelante, tambaleante, y sonrió.
—Papá —dijo antes de abrazarlo—. Ya puedo caminar.
Taehyun lo levantó con cuidado. Luego tomó la mano de Ariana.
Por primera vez, no dudó.
—Sí —dijo firme—. Son míos.
Y en ese instante, el pasado, el miedo y las mentiras dejaron de importar.
Porque esta vez, Taehyun no iba a huir.