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LA REINA DEL ASFALTO

LA REINA DEL ASFALTO

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / CEO / El Ascenso de la Reina / Romance / Completas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Cuando era pequeña, soñaba celebrando llena de emoción, con una alegría que no sé cómo explicar; solo recuerdo que mi pecho se llenaba de una sensación abrumadora al levantar en mis manos una gran copa.
Sin embargo, jamás imaginé que, para plasmar esa fantasía, tendría que sacar una fuerza que ni siquiera sabía que tenía: una especie de coraje como el de una leona que protege a su familia con uñas y dientes, o la fortaleza de una madre en pleno alumbramiento.
Pero, en fin, esta es mi historia, que espero les sirva de inspiración para perseguir de manera incansable todos sus sueños, aunque el mundo se oponga y diga que no puedes lograrlo.

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

ISMARA

Llegamos justo a tiempo para abordar el vuelo. Durante el tiempo que estuvimos en las alturas, en mi cabeza no dejaba de darme vueltas cuándo sería el momento adecuado para confesar lo que tanto me gusta sin herir a los que más quiero.

Al aterrizar, recogimos el equipaje, tomamos el auto en el parqueo del aeropuerto y nos dirigimos al complejo de apartamentos. Pedimos pizza y esa primera noche me quedé a dormir en el apartamento de Micky para no sentir el golpe de la soledad. Me prestó un pantalón de buzo y una de sus camisetas enormes para no tener que abrir mis maletas, las cuales ya habíamos dejado en mi apartamento.

A la mañana siguiente, en cuanto sonó la alarma, me levanté lista para trasladarme a mi nuevo hogar.

—Tiburoncita, espera, yo te acompaño —dijo mi Ratón, saliendo de su habitación todo adormilado.

—No es necesario. Tengo que irme adaptando, y tú también tienes tus propias clases.

—Tonterías. Tú siempre vas a ser mi prioridad —dijo, poniéndose una chaqueta y arrojándome otra mientras me revolvía el cabello—. Vamos.

Al entrar detallé los espacios vacíos y sentí una leve punzada en el pecho, pero recordé que esto solo era una nueva etapa en mi vida.

—Servida, señorita —dijo Micky, besando mi frente.

—Gracias, Ratón. Nos vemos en el campus.

—Mucho cuidado con los zopilotes que en andan buscando carne fresca...

—¿Ah?

—Que te cuides, Isma. Los chicos de años superiores están ansiosos por engatusar a las de primer ingreso con cuentos chinos, en especial a alguien tan linda y joven como tú.

—Ummm... ¿Lo dices por experiencia personal? —pregunté, cruzándome de brazos.

—¡Yo sería incapaz de semejante cosa!

—Sí, claro... —dije, levantando una ceja.

—Solo cuídate, pececita.

—Está bien, gracias por el consejo —respondí, dándole un beso en la mejilla.

—Cualquier cosa, por mínima que sea, me llamas. Recuerda que soy tu tutor legal.

—Sí, ya entendí —dije, empujándolo jocosamente hacia la puerta.

En cuanto se fue, deshice el equipaje, tomé una ducha rápida y me vestí con ropa casual para asistir a mi primera clase.

Y tal como me lo advirtió mi amigo, no pasó ni una semana antes de que varios chicos de semestres avanzados empezaran a orbitar a mi alrededor intentando conquistarme con cafés, chocolates y donas... como si fuera una niñita de primaria. ¡Insensatos rufianes! Esos primeros semestres pasaron más rápido de lo que esperaba; en las vacaciones siempre aprovechaba para aprender a cocinar algo nuevo, además de asimilar todos los tips mecánicos de mis tíos y del abuelo.

Era el tercer semestre cuando, estando en uno de los laboratorios matutinos, de repente la puerta se abrió y entró un joven de muy buen ver: alto, de cabello oscuro, ojos profundos, labios carnosos, chaqueta de cuero y con un perfume exquisito. Por alguna extraña razón, su rostro se me hizo peligrosamente conocido.

—Jóvenes —anunció el profesor—, hoy recibimos a Ethan Ferrara, corredor profesional de Fórmula 1. Él viene a explicarnos la importancia práctica de diversos términos aerodinámicos que ustedes, como futuros ingenieros, deben dominar a la perfección.

Aquello hizo que mis ojos se fijaran en él con más atención. ¡Con razón se me hacía conocido!

—Buenos días —saludó Ethan con soltura—. Como ya dijo el profesor, mi nombre es Ethan. Corro profesionalmente desde los diecisiete años. Entre los puntos más críticos del monoplaza está la carga aerodinámica o downforce. ¿Alguno sabe exactamente qué es?

Al ver que nadie en la sala levantaba la mano, alcé la mía con tranquilidad.

—Sí, dime...

—El downforce determina la velocidad en curva, gestiona el "efecto suelo" y se apoya en los alerones —respondí con aplomo.

Ethan sonrió con autosuficiencia.

—Veo que la joven conoce los términos. Pero... ¿sabes en qué consiste cada uno de ellos?

—Sí.

—Ummm, te ves muy confiada. ¿Podrías explicarlos?

Simplemente me encogí de hombros con cierto desdén.

—Sí, ¿por qué no? La velocidad en curva depende de la carga aerodinámica, que es una fuerza vertical que "pega" el coche al suelo, permitiendo tomar curvas a velocidades muchísimo más altas de lo que permitiría la tracción mecánica de los neumáticos por sí sola. Prácticamente crea un agarre adicional. Por su parte, el "efecto suelo" representa la mayor parte de esa carga y se genera por el diseño del fondo plano y el difusor del auto, siendo el fenómeno aerodinámico más importante. Y finalmente, los alerones delantero y trasero son vitales para gestionar el flujo de aire, generar más downforce o redirigirlo hacia otras zonas del vehículo.

Ethan se me quedó mirando, entre sorprendido y divertido.

—Estoy impresionado. Escucharte es como leer la Wikipedia.

—Ummm... No sé si sentirme halagada u ofendida.

—Disculpa mi mala elección de palabras. Profesor, ¿para qué me invitó si esta chica domina el tema mejor que un manual?

El profesor frunció el ceño, sintiendo que la clase se le salía de control:

—Ismara, discúlpate con el invitado.

—¡Perdón! Pero creo que no escuché bien... —dije, incrédula.

—¡Que te disculpes con Ethan!

—¿Y cómo por qué tendría que hacer eso?

—Ella tiene razón, profesor, fui yo quien preguntó —intervino Ethan, frenando la polémica antes de que escalara.

Continuó dando su charla y explicando conceptos que yo ya conocía de memoria gracias a mi tiempo en el taller. Sin embargo, no sé si eran ideas mías, pero sentía su mirada sobre mí a cada momento.

—Para un piloto es vital el equilibrio y la confianza; el auto debe ser predecible. ¿Saben la razón técnica de esto? —preguntó Ethan al grupo.

Nadie respondió. Inconscientemente, murmuré entre dientes:

—Por el balance y el punto a punto.

Ethan, que tenía un oído fino, me señaló de inmediato:

—Es correcto lo que acabas de decir. ¿Cuál es tu nombre?

—Ismara.

—Es correcto lo que dice la señorita Ismara...

Al fin terminó la clase tras un mar de explicaciones teóricas. Mientras recogía mis cuadernos para salir, escuché su voz a mi lado:

—Señorita Ismara, ¿me permite un momento?

Alcé la cara para mirarlo, sin un solo ápice de emoción.

—Usted dirá.

—¿Me dejaría invitarla a un café?

Dejé escapar un leve suspiro de pereza.

—Lo lamento, pero voy camino a mi siguiente clase. Se lo agradezco.

—¿Un almuerzo o una cena, entonces?

—No, gracias.

Ethan entornó los ojos, sonriendo con arrogancia:

—Veo que usted no se impresiona fácilmente.

—La verdad, no. Al final del día, usted es solo un corredor más.

Su sonrisa desapareció al instante.

—¡¿Perdón?! ¿Un simple corredor?

—Sí. No veo por qué se ofende. La escudería en la que usted corre es de su familia, quienes lo apoyan porque supongo que no tienen mejores opciones en este momento. Y si me disculpa, se me hace tarde.

—¿Es acaso que crees que por saberte la teoría puedes hacerlo mejor que yo en la pista?

—De eso estoy completamente segura.

Ethan soltó una carcajada irónica.

—Ja, ja... No me hagas reír, niñita con aires de grandeza.

—Me retiro. Mi intención no era ofenderlo —dije con extrema calma.

—A mí no me ofende quien no me supera —sentenció él, cruzándose de brazos.

Levanté las cejas con ligera sorpresa; jamás imaginé encontrarme con alguien de ego tan frágil.

—Está bien. Me alegro por usted —respondí amablemente antes de darle la espalda y salir tranquilamente del laboratorio.

Nunca creí que algo tan simple pudiera herir susceptibilidades o hacer que mi vida cambiara por completo, ya que este sería el inicio de convertirme en objeto de ciertas burlas entre los compañeros, que eran el 99% del sexo masculino.

Los meses continuaron su curso. En las vacaciones iba a ver a Nana, al abuelo y a mis tíos, quienes se las ingeniaban para que probara a escondidas las nuevas modificaciones a los vehículos que serían usados en las próximas carreras por escuderías de gran renombre —obviamente a espaldas del abuelo, porque si se entera, nos mata—. Aquello alimentaba aún más mi pasión por este deporte y una ansiedad cada vez mayor por convertirme en corredora profesional, no solo por la influencia familiar, sino porque estaba adquiriendo cada vez más destreza en lo que realmente me apasiona.

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Olga Silva
muy bella felicidades autora 👏
DAKI: Muchas gracias
total 1 replies
Tere Jimenez
gracias empieza muy interesante
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