Casarse no estaba en los planes de Renata.
Y menos si habían cambiado a el que sería su esposo.
Ahora comparte casa con un hombre que poco a poco está dejando de sentirse como un completo desconocido...
Espero les guste.. cualquier opinión se los agradecería. 🤍
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Capítulo 12
A la mañana siguiente, Renata abrió los ojos más temprano de lo normal.
Y lo primero que recordó fue la conversación de la noche anterior.
> “Mañana sales conmigo.”
Todavía no sabía si eso le molestaba… o le daba curiosidad.
Probablemente ambas.
Se levantó despacio y caminó hacia el baño.
Minutos después bajó las escaleras mientras acomodaba su cabello.
Y, como ya empezaba a ser costumbre, el olor a café llenaba la casa.
Renata entró a la cocina.
Gael ya estaba ahí.
Perfectamente vestido.
Otra vez.
Renata sinceramente empezaba a sospechar que ese hombre dormía con camisa.
—Renata dijo: —Algún día quiero verte despeinado aunque sea cinco minutos.
Gael levantó apenas la mirada de la taza.
—Gael respondió: —Tus expectativas son raras.
Renata tomó asiento frente a él.
—Renata preguntó: —¿Y a dónde se supone que voy contigo hoy?
Gael tomó café tranquilamente antes de responder.
—Gael dijo: —A una reunión.
Renata cerró los ojos lentamente.
—Renata dijo: —Claro. Debí imaginármelo.
Gael soltó una pequeña risa.
—Gael respondió: —Después podemos hacer algo normal.
Renata arqueó una ceja.
—Renata preguntó: —¿Tú haces cosas normales?
Gael respondió sin cambiar la expresión.
—Gael dijo: —A veces como pasta quemada contigo.
Eso la hizo reír más de lo que esperaba.
Y Gael se quedó mirándola unos segundos otra vez.
Como si todavía se sorprendiera cuando ella se reía así.
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Una hora después, Renata volvió a bajar ya lista.
Y apenas llegó a la sala notó algo raro.
Gael estaba hablando con alguien por teléfono.
Más serio de lo normal.
—Gael dijo: —No hagas nada hasta que llegue.
Silencio.
—Gael volvió a decir: —Ya dije que yo me encargo.
Renata bajó un poco más despacio.
Gael levantó la vista al verla y automáticamente terminó la llamada.
Eso hizo que Renata frunciera apenas el ceño.
Últimamente pasaba mucho eso.
Las llamadas.
Las expresiones tensas.
Las respuestas cortas.
Y aunque intentaba ignorarlo…
la curiosidad empezaba a ganarle.
—Renata preguntó: —¿Todo bien?
Gael guardó el teléfono.
—Gael respondió: —Sí.
Otra vez esa respuesta.
Renata ya empezaba a odiarla.
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El trayecto fue tranquilo.
Pero esta vez había algo diferente.
Gael parecía distraído.
Más callado.
Renata lo observó de reojo varias veces.
Hasta que terminó hablando.
—Renata dijo: —Sabes que eres terrible mintiendo, ¿verdad?
Gael giró apenas la cabeza.
—Gael preguntó: —¿Eso crees?
—Renata respondió: —Sí.
Gael volvió a mirar la carretera.
—Gael preguntó: —¿Y qué se supone que estoy ocultando?
Renata cruzó los brazos.
—Renata respondió: —No lo sé. Pero claramente algo.
Gael no respondió enseguida.
Y ese silencio confirmó todavía más sus sospechas.
—Gael dijo finalmente: —No es algo que deba preocuparte.
Renata soltó una pequeña risa incrédula.
—Renata respondió: —Claro. Porque vivir contigo sin saber nada de tu vida suena completamente normal.
Gael la miró un segundo.
—Gael respondió: —Tampoco sabes qué shampoo uso y sigues sobreviviendo.
Renata abrió la boca indignada.
—Renata dijo: —Eso ni siquiera tiene sentido.
Pero terminó riéndose igual.
Y Gael sonrió apenas otra vez.
Como si verla enojada le divirtiera demasiado.
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La reunión terminó siendo muchísimo más aburrida de lo que Renata esperaba.
Personas hablando de negocios.
Números.
Contratos.
Palabras que apenas entendía.
Gael, en cambio, parecía completamente cómodo ahí.
Seguro.
Serio.
Todos lo escuchaban apenas hablaba.
Y Renata entendió rápidamente por qué la gente lo respetaba tanto.
Porque cuando trabajaba…
Gael cambiaba completamente.
Se volvía imposible ignorarlo.
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Después de casi dos horas, finalmente salieron del edificio.
Renata soltó aire exageradamente apenas cruzaron la puerta.
—Renata dijo: —Sobreviví.
Gael caminó junto a ella.
—Gael preguntó: —¿Tan horrible fue?
—Renata respondió: —Escuché la palabra “inversión” tantas veces que ya no significa nada para mí.
Eso hizo que Gael se riera.
Una risa corta.
Pero real.
Y otra vez ocurrió lo mismo.
Varias personas giraron a verlo sorprendidas.
Como si no estuvieran acostumbradas a verlo así.
Renata lo notó enseguida.
—Renata preguntó: —¿Siempre eres tan serio en el trabajo?
Gael metió las manos en los bolsillos.
—Gael respondió: —Normalmente sí.
—Renata dijo: —Pobres empleados.
Gael la miró de lado.
—Gael preguntó: —¿Tú también me tienes miedo?
Renata soltó una risa inmediata.
—Renata respondió: —Definitivamente no.
Gael sostuvo su mirada unos segundos.
Y algo en el ambiente cambió otra vez.
Esa tensión rara.
La que aparecía de repente entre ellos.
La que Renata ya empezaba a reconocer demasiado rápido.
Por suerte, su celular vibró justo en ese momento.
Camila.
Otra vez salvándole la vida sin saberlo.
Renata respondió rápido.
—Renata dijo: —Hola.
—Camila preguntó: —¿Por qué suenas nerviosa?
Renata giró inmediatamente hacia otro lado.
—Renata respondió: —No estoy nerviosa.
Gael claramente escuchó eso.
Porque sonrió apenas.
Y eso solo empeoró las cosas.
que pongas los nombres y después lo que dicen ejemplo.
Gael: maña irás conmigo a una cena- le dijo de forma sería mirándola a los ojos