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Ecos Del Pasado: Una Nueva Vida.

Ecos Del Pasado: Una Nueva Vida.

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / La Vida Después del Adiós / Reencuentro / Completas
Popularitas:6.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna stars

La perdida de un ser amado es difícil de superar; pero al final siempre llega una pequeña luz que comienza a iluminar nuestras vidas hasta cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Luna stars para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No es invasivo ni insistente, pero siempre está.

Después de mucho pensar en su auto, Violet finalmente llegó al parque, su mirada se posó inmediatamente sobre Emiliano, quien estaba recostado sobre una manta y un libro sobre el pecho, por otro lado, Amelie, se encontraba absorta en la construcción de “una ciudad”, con piedras, hojas y ramas.

Ella no se acercó de inmediato. Por su parte, ella prefirió observarlos desde la distancia, como si fuera una escena en la cual ella no merecía estar. Fue entonces, que por primera vez sintió una punzada de dolor por no sentirse parte de una escena tan simple y hermosa.

Intentó dar media vuelta para marcharse, pero cuando Amelie la vio, se puso de pie de inmediato, y levantó los brazos para saludarla, como si hubiera llegado una celebridad.

— ¡Llegaste! — Gritó de emoción. — Sabía que vendrías, aunque tu cara dijera que no.

Violet finalmente se acercó con paso firme, aunque no podía negar que por dentro le temblaban las rodillas.

— Esto parece una conspiración. — Dijo mirando a Emiliano.

— No. — Respondió él levantando las manos. — Es solo una tarde tranquila y relajada. Puedes quedarte cinco minutos o cinco horas, si así lo deseas.

— Salvo que pruebes la limonada. — Dijo Amelie sirviendo en un vaso con tanto entusiasmo que derramó un poco.

Violet aceptó la invitación. Se sentó en la esquina de la manta, descalza, sin reloj, y sin la armadura que siempre solía llevar. Era solo ella, confrontando el temor a sentirse cómoda.

La tarde transcurrió con calma. Juntos compartieron juegos de adivinanzas y disfrutaron de pastel. Amelie le mostró su cuaderno de ideas fantásticas a Violet, en el cual había hecho un gato que entonaba melodías, una bicicleta que desafiaba la gravedad, y una casa suspendida entre las nubes.

En un momento, mientras Emiliano se concentraba en recolectar hojas para su juego de "memoria natural", Amelie se acercó a Violet y le confió un secreto al oído.

— ¿Te has dado cuenta? — Susurro suavemente. — Ya no estás huyendo.

Violet permaneció en silencio un instante, observándola. Un leve temblor recorrió su pecho, como si estuviera sintiendo un dolor que sanaba a la vez.

Después de muchos juegos y risas, llegó la hora de irse, y mientras Amelie se adelantaba llevando a Nube, Violet se detuvo un instante junto a Emiliano.

— Gracias por no hacer que esto parezca un favor.

— Gracias por aceptar que mereces cosas buenas.

Ella lo miró, y por un segundo, sus ojos grises se suavizaron en agradecimiento, sintiéndose renovada por un instante.

— Esto es nuevo para mí. — Dijo finalmente. — Tener un lugar sin que tenga que luchar por ganármelo o justificarlo.

— A veces… — Dijo Emiliano — el lugar ya está ahí. Solo hay que animarse a ocuparlo.

Aunque Violet guardó silencio, esa tarde experimentó un sentimiento de pertenencia. No se sintió dueña ni prisionera, sino sencillamente parte de algo. Y eso superaba con creces sus expectativas.

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La nueva semana transcurrió con la rutina habitual; reuniones, correos electrónicos, café y prolongados silencios. Violet se movía por la oficina con su acostumbrada eficiencia, la mirada firme y el semblante imperturbable. Sin embargo, en su interior, algo había cambiado irreversiblemente.

Desde aquella tarde en el parque, no había vuelto a ver a Emiliano ni a Amelie fuera del trabajo, pero en su bolso llevaba el dibujo que la niña le había hecho: “una casa con alas, para que las personas tristes pudieran regresar a donde fueron felices.”

Y cada vez que el mundo le pesaba, lo sacaba por un segundo, solo para mirarlo. Solo para sentirse viva.

Después de un día lleno de trabajo, al llegar finalmente la tarde, Emiliano apareció en su oficina con una taza de té sorprendiéndola.

— No es un favor. — Afirmó al ingresar. — Es porque vi que ayer llevabas dos cafés en lugar de uno. Y hoy te ves más pálida que de costumbre.

Violet lo miró con una mezcla de molestia y desconcierto reflejada en su rostro. Era evidente que aunque ella no lo había vuelto a ver, él sí la había estado observando.

— ¿Me estás observando?

— Sí. — Respondió él, sin rodeos.

Ella apartó la mirada insegura de qué responder a su sinceridad. Emiliano no era un hombre invasivo ni insistente. Pero su constante presencia la estaba comenzando a desarmar de una manera suave y sin agresión.

— ¿Y Amelie? — Preguntó ella finalmente con una naturalidad que le sorprendió.

— Haciendo una tarjeta. Dijo que era “para una persona que aún no sabe que ya tiene una familia”. No me dijo quién, pero tengo sospechas.

Emiliano expresaba sus sentimientos sin reservas. Al igual que su hija, sentía una profunda necesidad de ser parte de la vida de Violet. Su constante cercanía era una estrategia deliberada para asegurar su presencia, con el fin de que ella se habituara a la idea de tenerlos cerca. Mientras tanto, Violet percibía que su mundo se transformaba irremediablemente, sin tener la capacidad de frenar ese cambio.

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El sábado por la mañana, Violet rompió su rutina. Se levantó temprano, se puso una chaqueta beige y se dirigió al supermercado. Allí, escogió ingredientes que nunca había combinado antes, lo que la llevó a buscar una receta. Después de dos intentos fallidos, el tercero resultó ser un éxito.

El resultado final fue una sencilla caja de cartón reciclado, decorada con una cinta amarilla, que contenía galletas de mantequilla con forma de estrella y una nota que decía:

“No sé si me salió bien. Pero es lo que tenía para dar.”

La tarde caía suave sobre la casa de Emiliano cuando el timbre sonó. Amelie, que estaba en el suelo rodeada de colores y papeles, levantó la cabeza como un resorte. Su instinto le decía que ella había llegado.

— ¡Yo voy! — Gritó corriendo descalza por el pasillo.

— ¡Amelie, espera!

Emiliano apenas pudo reaccionar desde la cocina. La puerta se abrió abruptamente, y ya era demasiado tarde; Violet estaba allí.

En sus manos sostenía una caja de cartón reciclable, adornada con un lazo amarillo. Su cabello estaba suelto y su expresión era indescifrable, era una que parecía decir "no estoy aquí por nada importante", aunque su repentina aparición desmentía por completo esa fachada.

— Hola.  — Dijo apenas.

Con una sonrisa llena de emoción, Amelie se abalanzó sobre Violet y la abrazó con fuerza, tomándola totalmente por sorpresa.

— ¡Viniste! ¡Sí viniste!

Violet parpadeó, desconcertada por el golpe del cuerpecito que ahora la envolvía en un abrazo lleno de total confianza.

— Sí… y traje algo. — Levantó la caja con un poco de  incomodidad. — Son galletas.

— ¿Hechas por ti? — Preguntó Amelie, abriendo los ojos con emoción.

Violet vaciló un instante antes de contestar. Le daba vergüenza admitir que se había levantado muy temprano para terminarlas, por lo que optó por mentir. Además, no estaba del todo segura de si el resultado había sido bueno.

— Las compré de camino. — Mintió. — No soy muy buena repostera.

— Entonces tenemos que arreglar eso. — Dijo la niña con total seriedad. — Hoy vamos a hornear.

Treinta minutos después, la cocina era un pequeño desastre. Había harina en la encimera, azúcar en el suelo, dos cucharas desaparecidas.  Y Violet con un delantal que evidentemente no era suyo.

— Esto es innecesario. — Murmuró mientras intentaba no ensuciarse más. — Las galletas ya estaban listas.

— Pero no estaban hechas por nosotras. — Respondió Amelie mezclando sin seguir la receta. — Así son mejores.

Emiliano sonreía en silencio, apoyado en el marco de la puerta, mientras observaba la escena. Poco después de la llegada de Violet, su propia hija lo sacó a rastras de la cocina porque estaba ansiosa por mostrarle a ella cómo hornear galletas.

— Tiene un punto. — Dijo él sin moverse.

— No la ayudes.  — Replicó Violet mientras se sacudía la harina de encima, aunque su tono de voz ya no era tan frío.

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Ingrid Perez
Excelente novela me gustó mucho te deseo muchas bendiciones y felicidades gracias 🤗😘
Sabri Nahir Zapata Zini
Fue hermosa la historia!! Me encanto
Mariela Alejandra Gonzalez
me encantó distinta a otras novelas excelente autora!!!!! éxitos!!
Maria Del Carmen Valenzuela
Hermosa novela, tierna y aapasionante
Maria Elena Martinez Lazaro
Claro que sí me gustó mucho gracias querida Dios te continúe bendiciendo
Maria Elena Martinez Lazaro
😊😊😊que hermoso
Luna Stars
No, no hace parte de ninguna obra anterior.
Mariela Alejandra Gonzalez
me gusta hoy empeze a leer. pregunto está historia viene de una novela anterior? pregunto para entender y poder leer desde el principio.
Claudia Patricia Cruz Saa
Amo a esa niña 🥰🥰
Luna Stars
Querid@ lector@, muchas gracias por informarme de ese error. 🤭 Ya lo he corregido.
ShaLop
Escritora el protagonista se llama, Emiliano Maximiliano. O Maximiliano Emiliano. En cada párrafo le cambias el nombre 😂😂
Maria Elena Martinez Lazaro
🤣🤣🤣🤣 que sincera está Amalia. Cara de tormenta 🤣🤣🤣🤣
Maria Elena Martinez Lazaro
Excelente historia, está buena la trama
Martha Mena Wong
El primer capítulo y ya estoy llorando que abra hecho para terminar asi
Elizabeth Sánchez Herrera
más ➕ capítulos
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