"Cuatro esposos, cuatro muertes misteriosas, una viuda sospechosa. El detective Eduardo Rizzo se infiltra en la vida de Julieta Vera, la enamora y se casa con ella. Pero cuando la verdad sobre su investigación salga a la luz, ¿podrá su amor sobrevivir al peligro y la traición?"
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Capítulo 11
«Una millonaria suma de dinero ha “invertido” Eduardo Rizzo»
Ya Julieta picó el anzuelo, y Eduardo va a ser su socio.
Acordaron reunirse al día siguiente para que Julieta le presentara el proyecto y, en caso de aceptar hacer la inversión, hacer los cambios que crea necesarios. Como Julieta había dejado su moto en la empresa, Eduardo la llevó hasta el edificio donde tenía su apartamento, ubicado en Puerto Palermo, una de las zonas más lujosas para estudiantes en Buenos Aires.
Cuando Julieta se bajó del auto, Eduardo no duda en preguntar.
―Me gusta esta zona. Se ve que es tranquila. —Eduardo trata de sacarle más información a Julieta.
―Amo este lugar, y las vistas que tengo hacia el río de la Plata me relajan. Hasta mañana, señor Rossi, muchas gracias por traerme hasta acá. ―Solo eso dijo Julieta y se dirigió a la entrada del edificio sin siquiera volver a mirar atrás.
Eduardo se quedó mirando la figura de Julieta hasta que se perdió en el living del edificio. Sí, Puerto Palermo es una zona lujosa, exclusiva para estudiantes ricachones, pero el edificio era de los más sencillos y ella estudió becada en una universidad pública. Así que recordó a su primer esposo, el que murió del paro cardiaco, y los muchos regalos que le daba incluían ese apartaestudio.
Pero, ¿por qué Julieta, pudiendo vivir en un penthouse o una mansión de lujo con miles de empleados a su disposición, sigue viviendo en ese lugar y, fuera de eso, prefiere andar en una vieja motocicleta y no en un auto de lujo con un conductor a su disposición?
Al día siguiente se reunieron como habían quedado, y Julieta de manera profesional le mostró a Eduardo el proyecto de la expansión de su hotel y la inauguración de dos resorts en El Calafate y en Ushuaia.
Todo estaba listo, los terrenos, los diseños; solo hacía falta el empujón final: el inversor para iniciar la ejecución de las obras de construcción.
Eduardo, que no tenía ni idea de lo que le explicaba Julieta, no hacía sino asentir y maravillarse de la forma en que ella le explicaba el proyecto. Manejaba a la perfección los términos, la proyección de los costos y las ganancias. Todo lo tenía legalmente calculado: la publicidad que se necesita, los costos de manejo, los puestos de empleo que se iban a generar y los permisos necesarios que debían tener y que ya prácticamente los tiene autorizados. Eduardo entendió por qué la inmobiliaria Lozano y Constructores es la mejor del país; lleva a la cabeza una mujer muy inteligente que sabe cómo mantener esta posición.
―Muy interesante. Y no tengo dudas de unirme a este proyecto; mañana llega mi abogado desde Córdoba, para que firmemos el contrato. Quiero estar al frente de toda la ejecución de las obras, conocer estas ciudades y la ubicación de los terrenos. —Eduardo se hace pasar por un hombre entusiasmado por la inversión que está haciendo, aunque no haya entendido ni una cuarta parte de lo que Julieta le explicó.
―El lunes tengo programado viajar a Bariloche; ya se realizó el cronograma de una semana, de los cuales dos días serán en El Calafate y otros dos en Ushuaia. Hay que aprovechar el verano para iniciar las obras sin ningún contratiempo. ―Julieta tiene hasta el clima como aliado, sin sospechar la trampa en la cual está cayendo.
―Perfecto, necesito hacer ese viaje, no me importa estar una semana afuera; aún no me voy a instalar en la ciudad, así que tengo todo el tiempo del mundo. —Eduardo se autoinvitó al viaje, y Julieta pensó que el hombre solo está cuidando sus intereses.
Así que se levantó de su asiento y de manera diplomática despidió a Eduardo. Ella necesitaba volver a la fundación; le prometió a sus niños que iba a leerles todos los días El mago de Oz, pues estaría una semana fuera de la ciudad, por lo tanto no los podía visitar.
―Entonces doy por terminada la reunión, señor Rossi. Mañana lo espero a esta misma hora con su abogado para firmar el contrato. ―Se dirigió hasta la puerta para acompañarlo a la salida. Eduardo solo sonríe; esa mujer va a ser muy difícil de conquistar; solo le queda esperar a que esa semana juntos se preste para algún acercamiento.
Apenas es miércoles, y ese viernes se debe reunir, junto a Betty, con su equipo de investigadores para darles un reporte de actividades de esa semana y las averiguaciones que pudieron hacer. Ya pasaría una semana, y solo le quedan tres para desenmascarar a la viuda negra.
Julieta ajena a las redes que se tejen a su alrededor, llegó de nuevo con sus amados niños.
Como siempre, la pequeña Lunita es la que levanta sus bracitos para que la cargue, y ella, dichosa, la abraza en su pecho. Aspira su aroma de bebé y eso calma su atormentada alma. Luna tiene la edad que debía tener su bebé si no hubiera muerto junto a su padre en aquel accidente.
Julieta conoció a Maribel, la mamá de Luna, cuando estaba en sus últimas semanas de embarazo y su esposo fue asesinado por robarle el sueldo que acababa de cobrar.
Maribel se quedó sin sustento económico y, con su embarazo a punto de culminar, no conseguía trabajo en ningún lado. Entonces apareció en su vida un ángel llamado “Julieta Vera”.
Al escuchar su historia a través de su secretaria Azucena, que era conocida de Maribel, Julieta decidió ayudarla. Y de esa ayuda nació la idea de crear la fundación “Viudas Con Amor”.
Semanas después, cuando nació Luna, Maribel en agradecimiento, nombró a Julieta como su madrina. Nunca imaginó que alguien que no conocía la ayudara de forma tan desinteresada, y que lo siga haciendo.
Julieta se aseguró de que Maribel recibiera apoyo psicológico, la mejor atención médica y un parto digno, y de que a Luna no le faltara nada al nacer.
Luego, cuando la bebé cumplió seis meses, Julieta le propuso a Maribel estudiar la carrera universitaria que quisiera: ella la patrocinaría y no tendría que preocuparse por el cuidado de Luna, pues la fundación ya tenía lista la guardería para los hijos de las viudas que, como ella, estudian o trabajan estén bien cuidados.
Así que Maribel decidió que iba a estudiar licenciatura en Trabajo Social; así como ella fue ayudada, también quiere ayudar a los demás.
Ya llevaba tres semestres de la carrera y era una excelente alumna, tanto que ya estaba adelantando su tesis de grado en las cárceles de Buenos Aires con las mujeres reclusas.
Julieta, de manera callada, sin alardes ni publicidad, ha ayudado a muchas mujeres, y espera seguirlo haciendo. En ayudar a los demás es que ella ha encontrado la paz que su atormentada alma necesitaba. Y mucho más al compartir unas horas a la semana con sus niños, esos seres inocentes, sin ninguna maldad, que la aman de manera desinteresada.
Hasta que llegó el viernes, día de rendir cuentas y la tensión en la sala de situación estaba demasiado tensa.
―¿Cómo es posible que se haya gastado esa millonada en apenas una maldita semana en ese caso? ―vociferaba el comisario a Eduardo. ―¡Al paso que vamos va a quebrar el sistema judicial de este país, y vas a volver más rica a la viuda negra de CABA!!
Vamos a ver cómo lo toman los niños
Ay Julieta,cómo es eso que Eduardo es la única persona a la cual puedes acudir, no me está gustando esa confianza
Gracias querida escritora @👒⃟𝓐𝓷𝓰𝓲𝓮𝓓𝓮𝓢𝓾𝓪𝔃𝓪⃟👒 por actualizar 🤗 sigamos apoyando con me gusta publicidad comentarios y regalos 🤗🌹