Isabella Anderson siempre ha tenido el control de su vida: su apellido, su posición y cada decisión que toma. Para ella, Nicolás era solo eso… su guarura. Alguien más en su mundo, alguien que debía mantenerse en su lugar. Nicolás Miller, en cambio, no encajaba en esa etiqueta. Seguro de sí mismo, reservado y con un mundo mucho más grande del que Isabella imaginaba, empezó a romper cada idea que ella tenía sobre él. Entre miradas que dicen más que las palabras, discusiones cargadas de orgullo y una tensión imposible de ignorar, ambos comienzan a cruzar una línea que nunca debió existir. Porque a veces, lo más peligroso no es lo que pasa… sino lo que empiezas a sentir por quien juraste no mirar. Y es ahí donde la verdad pesa más: nunca fue solo su guarura.
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Capítulo 12 - Yo con esa mirada me doy un besito mojado
—Está bien, mi princesa. Ponte divina y sal a divertirte. Voy a ver a tu padre —dijo Sara antes de abrazarla y salir de la habitación.
Isabella se quedó unos segundos inmóvil… y luego tomó el celular.
¿Entonces paso por ti? —había escrito Nicolás.
Sí, al final decidí ir.
Se levantó con determinación.
Optó por un vestido negro sensual, con destellos sutiles que brillaban al moverse. Sandalias YSL que estilizan sus piernas, maquillaje ligero, labios con gloss. Una pequeña bolsa para lo esencial.
Se miró al espejo y en su mente no sabía si se estaba arreglando para el club…
o para alguien más.
Pasó por la habitación de sus padres para despedirse de su padre y bajó justo cuando el celular vibró.
Estoy afuera – mensaje de Nicolás
Nicolás estaba recostado sobre el auto, mirando su teléfono. Camisa blanca ajustada con mangas recogidas elegante, jeans oscuros, zapatillas limpias. Sencillo… pero impecable.
Levantó la vista al escuchar la puerta y se quedó quieto, para él, esa imagen tenía algo peligroso.
Isabella caminó hacia él con naturalidad fingida.
—¿Seguirás desgastándome con tu mirada o nos iremos?
Él parpadeó, regresando a la tierra.
—Yo con esa mirada le doy un besito mojado como respuesta.
La voz vino desde atrás, Isabella se detuvo en seco.
—¿Perdón?
Desde el asiento trasero se asomó un chico con sonrisa traviesa.
—Jay. Mucho gusto. Y sí, confirmo lo del besito.
Isabella sintió cómo el calor le subía al rostro, pero se recompuso rápido.
—¿Y él es…?
—Mi hermano —respondió Nicolás, ligeramente incómodo—. Resulta ser un poco imprudente.
—Eso veo… —respondió ella, cruzándose de brazos con una media sonrisa—. Espero no le hayas avisado a Lucía que voy. Será sorpresa.
—No, señorita, descuide —dijo Nicolás, abriendo la puerta del copiloto para ella.
El gesto fue natural tan automático.
Isabella lo notó.
—Por cierto —añadió Jay—, señorita… es usted una belleza. Déjeme decirle.
—Gracias —respondió ella, educada.
Nicolás cerró la puerta con suavidad y rodeó el auto para subir.
Emprendieron camino.
—Hermano, no me has dicho a qué discoteca vamos —comentó Jay desde atrás.
—La verdad no sé. Tú eres el que sale seguido a esos lugares.
—Podemos ir a una que conozco a los chicos les encanta – comentó Isabella
—Entonces esa será.
Hubo un breve silencio cómodo.
Isabella miraba por la ventana… pero era consciente de la mirada lateral que de vez en cuando la alcanzaba.
—Hermano, pon la mirada en la carretera y no en la señorita. Mi vida es importante, oye —soltó Jay de pronto.
Isabella no pudo evitar reír por lo bajo, sintiendo nuevamente el calor en sus mejillas.
—Cállate, enano.
—¿Qué? Me siento haciendo mal tercio.
—Estoy segura de que te llevarás de maravilla con los muchachos —intervino Isabella.
—También lo pienso, esos amigos tuyos son terribles —comentó Nicolás en tono jocoso, mirándola de reojo mientras conducía.
—Y lo bien que te llevas con ellos… tienen una complicidad que mejor dicho —respondió Isabella, intentando sonar despreocupada, aunque en el fondo le incomodaba lo fácil que él parecía encajar en su mundo.
—¿Celosa? —soltó Jay de repente desde el asiento trasero, logrando que Isabella se quedara muda unos segundos.
—Este momento sería mágico con unas palomitas —añadió él en voz baja, casi disfrutando la escena como espectador privilegiado.