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La Mujer Sin Rostro

La Mujer Sin Rostro

Status: En proceso
Genre:Reencarnación(época moderna) / CEO / Posesivo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Jesse25

Hay amores para toda la vida y todas las vidas que sigan.

NovelToon tiene autorización de Jesse25 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

12

Acto I: La Pieza

Capítulo 12: Iliv

El sobre apareció en mi mesa un martes cualquiera.

Blanco, sin remite, con mi nombre escrito en esa caligrafía que ya empezaba a reconocer en sueños.

Dentro, una tarjeta:

"Subasta de arte contemporáneo. Jueves 20h. Hotel Ritz.

Por si quieres ver cómo funciona el mercado de verdad.

M."

Y un pase de cortesía con mi nombre impreso.

—Otra vez —suspiré.

Encarna, que pasaba por ahí con una taza de café, miró el pase por encima de mi hombro.

—¿El jefe otra vez?

—No es asunto tuyo.

—Todo es asunto mío. Llevo veinte años aquí.

Guardé el pase en el bolso antes de que pudiera leer más.

—¿Vas a ir?

—No lo sé.

—Ve.

—¿Por qué?

—Porque si no vas, te pasarás la vida preguntándote qué habría pasado. Y porque el arte es lo tuyo. Aunque sea de mirar.

El jueves, a las ocho menos cuarto, estaba frente al Hotel Ritz.

Vestía lo mejor que tenía: un vestido negro, un poco de maquillaje, el pelo suelto como Laura recomendaba. No era mucho, pero era lo que había.

El hotel deslumbraba. Arañas de cristal, mármol por todas partes, hombres con esmoquin y mujeres con joyas que valían más que mi edificio entero. Me sentí diminuta al cruzar la puerta.

—¿Su nombre, por favor?

—Irene Costa. Tengo pase de cortesía.

La recepcionista lo escaneó y sonrió con esa sonrisa profesional que parece sincera y no lo es.

—Adelante. La sala de subastas está al fondo. ¿Quiere una copa de champán?

—No, gracias.

Mentira. Quería. Pero no me veía con una copa en la mano sin parecer una intrusa.

La sala era imponente. Filas de sillas tapizadas en terciopelo rojo, un atril en el centro, y al fondo, las obras que iban a subastarse, cada una iluminada como si fuera lo único importante del mundo.

Me senté en una de las últimas filas, donde nadie me viera. Desde allí podía observar sin ser observada.

Gente elegante cuchicheaba. Números de paddle en las manos.

Ojeaban catálogos con la misma atención con que otros leen la cartelera de cine.

Saqué el catálogo de mi asiento. Lo abrí.

Y el mundo se detuvo.

Página 47. Lote 32.

"Iliv (artista emergente) - Sin título (Mujer reclinada)"

Mi cuadro.

El que pinté hace tres años, cuando aún vivía en el piso de mi madre. El que vendí por trescientos euros a una galería de segunda porque necesitaba pagar las tasas de la universidad.

Estaba ahí.

Con mi nombre. Mi alias. Iliv.

El nombre que había elegido en secreto, sin decírselo a nadie. Ni a Laura. Ni a Lucía. Solo mío.

—¿Iliv? —susurré, como si nombrarlo pudiera hacerlo desaparecer.

La descripción decía: "Óleo sobre lienzo. Mujer reclinada, espalda al espectador. Detalle de marca de nacimiento con forma de estrella en la zona dorsal. Obra de gran sensibilidad y factura delicada."

La estrella.

Mi estrella.

La que tenía en la espalda desde que nací. La que solo había visto en fotos y en reflejos de espejo. La que nunca, nunca, había mostrado a nadie.

Pero ahí estaba. Pintada por mí. Expuesta para que todo el mundo la viera.

La subasta comenzó.

Los lotes iban pasando. Gente levantaba paletas. Números. Ofertas. Dinero que volaba de una mano a otra sin que nadie tocara nada.

—Lote 32. Iliv. ¿Quién da cien mil?

Mi corazón dejó de latir. Cien mil. Por mi cuadro. Por el que yo vendí por trescientos.

—Ciento veinte mil.

—Ciento treinta.

—Ciento cincuenta.

Las ofertas subían. Yo no podía respirar.

Y entonces lo vi.

En la primera fila, de espaldas a mí, un hombre levantó su paleta.

—Doscientos mil.

La sala murmuró. El subastador sonrió.

—Doscientos mil a la derecha. ¿Alguien mejora?

Silencio.

—Doscientos mil, una. Doscientos mil, dos. Doscientos mil, tres. ¡Adjudicado!

El hombre de la primera fila se giró ligeramente para aceptar las felicitaciones de sus vecinos.

Y yo lo vi.

Marcos Moncada.

Él había comprado mi cuadro. Mi espalda. Mi estrella.

Salí de la sala antes de que pudiera verme.

Necesitaba aire. Necesitaba no vomitar. Necesitaba entender qué acababa de pasar.

Apoyada en una columna del hall, respirando hondo, intentando que el mundo dejara de girar.

—Irene.

Su voz.

Levanté la vista. Él estaba ahí. Con su traje impecable y sus ojos azul oscuro y una expresión que no supe leer.

—¿Te encuentras bien?

—Sí. Sí, claro. Solo... calor.

—¿Viste la subasta?

—Un poco.

—¿Te gustó alguna obra?

—La del final. La de Iliv.

Algo brilló en sus ojos. Una chispa. Un reconocimiento.

—Especial, ¿verdad?

—¿Por qué lo dice?

—Por la marca. La estrella en la espalda. Es... única.

—¿Cree que la modelo era consciente de que pintaban su espalda?

—No lo sé. Pero la artista la pintó con tanto detalle que tuvo que verla. O imaginarla. O... no sé. Hay algo en esa obra que me llama.

—No le dije nada.

Podría haberle dicho: "Esa soy yo. Esa estrella es mía. Esa obra la pinté yo, desnuda frente al espejo, retorciéndome para ver mi propia espalda."

Pero no dije nada.

—Me alegro de que vinieras —dijo—. Te invito a cenar para celebrar.

—¿Celebrar qué?

—Mi nueva adquisición.

—No puedo. Tengo que... tengo cosas.

—Irene.

—De verdad. Otro día.

Me fui antes de que pudiera insistir.

En el taxi de vuelta a casa, llamé a Laura.

—¿Sabes qué ha pasado?

—Dime.

—Han subastado un cuadro mío. Con mi alias. Por doscientos mil euros.

—¿Doscientos mil? ¡Hostia, Irene!

—Y lo ha comprado él.

—¿Quién?

—Marcos. Mi jefe. El de la cena. El de los ojos. Él.

Silencio.

—¿Y él sabe que eres tú?

—No.

—¿Se lo vas a decir?

—No lo sé.

—Irene, eso es...

—Ya lo sé.

Colgué. Llegué al estudio. Blanca me esperaba en la puerta con su

maullido de hambre.

La acaricié sin verla.

—Mi cuadro —susurré—. Mi espalda. Mi estrella. Él la tiene.

Y por primera vez en mucho tiempo, lloré.

1
Olivia Uribe
muy bueno, gracias¡¡¡¡
Olivia Uribe
la historia me gusta mucho, no se porque tiene tan pocos votos, ojala y la termines autora, no nos dejes a medias de la trama
Fernanda Gutierrez
el yo de otra bida
Romina Fernanda Paez
necesito saber el final!! no puede quedar ahi
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