Maximilian es el Faraón del siglo XXI, un hombre que no perdona errores y que ha construido su mundo sobre el orden y el oro. Amara es la joya que él ha deseado en silencio, la mujer que rescató de un destino cruel para sentarla en un trono que ella nunca pidió.Pero en los pasillos dorados del palacio de cristal, los secretos pesan más que las joyas. Mientras las copas de cristal se alzan en honor a su unión, un beso robado en las sombras y un plan de huida están a punto de derribar el imperio de Maximilian.Él le dio el mundo. Ella solo quería un corazón. Cuando el hombre más poderoso del planeta descubra que su reina ama a un peón, la ciudad de oro conocerá la verdadera furia de un rey traicionado. Porque en la guerra por el amor, Maximilian no está dispuesto a perder... y Amara no está dispuesta a dejarse poseer."
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Capítulo 13 visita de los padres de Amara
De regreso en Neo-Luxor, la Ciudad del Sol parecía arder con una intensidad renovada. Pero dentro de la Torre Ra, el aire era gélido. Maximilian y Amara apenas se habían hablado durante el vuelo, pero la tensión entre ellos era una presencia física, una corriente eléctrica que recorría los pasillos de mármol negro.
Esa misma tarde, Maximilian la llamó a su despacho privado. Él estaba de pie junto al ventanal, observando el tráfico de drones y barcos dorados en el canal. Ya no vestía como el hombre vulnerable del desierto; era de nuevo el Faraón, impecable en su traje de seda oscura.
—Amara, he tomado una decisión —dijo él, girándose lentamente—. No quiero que esta torre sea tu cárcel. Te ofrezco un trato. Tendrás libertad controlada: podrás salir, ir a la ciudad, manejar tus propios fondos y elegir tus proyectos. A cambio, quiero que seas mi esposa de verdad. No más silencios, no más huidas. Quiero que intentes ver en mí al hombre que te protege, no al que te compró.
Amara lo miró con desconfianza. ¿Libertad a cambio de su alma? Estaba a punto de responder cuando las puertas de zafiro se abrieron de golpe.
—¡Hija mía! ¡Maximilian! —la voz de su madre, Elena, llenó la habitación con una alegría fingida que hizo que Amara se tensara.
Sus padres entraron como si fueran los dueños del lugar. Omar lucía rejuvenecido, vistiendo ropa costosa que Maximilian seguramente había pagado. Elena corrió a abrazar a Amara, pero su mirada recorrió la habitación, maravillada por el lujo extremo.
—¡Qué alegría verlos tan felices! —exclamó Elena, ignorando la rigidez de su hija—. Hemos venido porque… bueno, Omar tiene un nuevo proyecto y pensamos que Maximilian, como parte de la familia, estaría interesado.
Amara sintió una oleada de asco. Sus padres no habían venido por ella; habían venido a seguir cobrando el precio de su venta. Maximilian, por su parte, mantuvo una expresión imperturbable, pero sus ojos café buscaron los de Amara, esperando su reacción.
—Su hija y yo estábamos discutiendo los términos de nuestra nueva vida —dijo Maximilian, su voz cargada de un doble sentido que solo Amara entendió—. Pero pasen, hablemos de negocios. Después de todo, el bienestar de la familia es lo que nos trajo hasta aquí, ¿no es así?
La visita de sus padres fue como un recordatorio brutal de la realidad de Amara. Mientras ellos reían y adulaban a Maximilian, ella se dio cuenta de que su libertad nunca sería real mientras su propia sangre siguiera vendiéndola al mejor postor.
Cuando sus padres finalmente se marcharon, cargados de promesas y dinero, Amara se quedó sola con Maximilian en el despacho. El silencio era ensordecedor.
—¿Ves el mundo que tus padres han construido sobre tus hombros? —preguntó Maximilian, acercándose a ella con una suavidad peligrosa—. Yo soy el único que te dice la verdad, Amara. Ellos te vendieron; yo solo te compré para que no te destrozaran.
Amara lo miró, y por primera vez, no hubo odio puro en sus ojos, sino una tristeza infinita. Maximilian le ofreció su mano.
—Acepto el trato —susurró ella, aunque su corazón se sentía como plomo—. Seré tu reina. Pero no me pidas que olvide quién pagó la factura.
Maximilian le tomó la mano y la besó, pero antes de que pudiera decir nada, Yusuf apareció en la puerta, con una mirada de urgencia.
—Señor Al-Mansur… tenemos una visita inesperada en la entrada de servicio. Dicen que traen noticias de un "incidente" en los muelles inferiores.
El corazón de Amara se detuvo. Dario.